La amenaza oculta de las enfermedades del corazón en mujeres: infradiagnosticadas, infratratadas y desconocidas
Años de investigación en hombres han provocado que sea más difícil identificar los síntomas femeninos y los tratamientos lleguen más tarde


Las enfermedades cardíacas siempre se consideraron cosa de hombres. En parte, es cierto, pero solo hasta la menopausia. Los cambios hormonales de esta etapa hacen que el riesgo para las mujeres crezca y se vaya emparejando al de los varones a medida que avanza la edad, incluso llegando a superarlo para ellas en algunas dolencias. Con la agravante de que el desconocimiento de la enfermedad femenina ―por parte de las pacientes y en ocasiones de los propios médicos― hace más difícil su diagnóstico y su tratamiento.
Un estudio realizado por OMRON Healthcare reveló que, aunque el 50% de las mujeres con alguna enfermedad había experimentado signos de alerta temprana, como palpitaciones y dificultad para respirar, más de la mitad no había consultado al médico, y muchas los desestimaban como síntomas de menopausia. Ha sido uno de los temas en el Congreso Mundial de Cardiología, que se celebra desde el viernes y durante este fin de semana en Madrid.
Como sucede para los hombres, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en mujeres, pero en ellas están “infradiagnosticadas e infratratadas”, según la comisión de la revista The Lancet sobre el tema. “Décadas de campañas han contribuido a aumentar la concienciación sobre su impacto en la salud femenina, y se han impulsado cambios positivos. Sin embargo, pese a estos esfuerzos, en la última década se ha producido un estancamiento en la reducción de la carga global de enfermedad”, señala.
La historia de este sesgo viene de los años setenta. El ensayo estadounidense Multiple Risk Factor Intervention Trial evaluó a 325.348 hombres, y a ninguna mujer, para el riesgo de enfermedad cardiovascular. Casi 13.000 de estos varones fueron identificados como de alto riesgo y se les ofrecieron estrategias de prevención. De aquel estudio resultaron decenas de publicaciones, que produjeron una base sólida de evidencia sobre el riesgo y la prevención cardiovascular. Pero solo para hombres blancos. El acrónimo del ensayo fue Mr. Fit (Señor en forma).
“Entre las deficiencias de la investigación médica, la infrarrepresentación de las mujeres y de las minorías étnicas en los estudios clínicos es poco menos que un escándalo”, escribía hace dos años Kamran Abbasi, editor jefe de la prestigiosa revista científica British Medical Journal. “En 1994, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos hicieron obligatorio que la investigación financiada con fondos públicos incluyera a ambos grupos. El Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención del Reino Unido emitió directrices sobre sexo y género en 2020. Sin embargo, a pesar de estos y otros requisitos, de la mayor concienciación y de numerosos compromisos, el progreso es inaceptablemente lento”, añade.
Alta Schutte, investigadora The George Institute for Global Health de Sidney, explicaba en el congreso que el sesgo empieza en los estudios in vitro. “La mayoría no informa sobre el sexo de las células, pero en los que sí, casi el 70% solo utilizó masculinas. No se piensa en esto, pero es muy importante para comprender la fisiología básica, y puede haber diferencias basadas en diferentes hormonas que influyan”, aseguró.
La subrepresentación del sexo femenino sigue en los estudios con animales, en los que participan humanos y llega incluso a las guías clínicas. En la última de la Sociedad Europea de Cardiología, de 2024, el 78% de los firmantes son hombres.
Una de las consecuencias de todo esto es que los síntomas de algunas enfermedades sean distintos y que ellas los identifiquen menos. En lugar del típico dolor torácico opresivo, las mujeres con cardiopatía isquémica pueden presentar náuseas, fatiga, disnea, o dolor de cuello y mandíbula. Esto retrasa la identificación del evento agudo; y varios estudios han señalado la necesidad urgente de reconocer estos síntomas en mujeres para reducir el retraso en la atención.
Diferente trato
Un estudio de 2009, por ejemplo, reveló que cuando iban al médico refiriendo síntomas compatibles con la enfermedad cardíaca, tenían el doble de probabilidades que los hombres de ser diagnosticadas de enfermedad mental. Otro más reciente, publicado en 2022 en Estados Unidos, mostró que las mujeres, especialmente de raza negra, tenían que esperar un promedio de 11 minutos más que los varones en recibir atención por un dolor en el pecho. Era menos probable que su caso fuese considerado como una urgencia, que se les hiciera un electrocardiograma o que se les ingresara en observación.
Karel Herberigs, gerente de marketing médico de OMRON en Europa, Oriente Medio y África ―que organizó el simposio sobre las diferencias de género en el abordaje cardíacas― pone un ejemplo claro en el diferente patrón según el sexo: la insuficiencia cardíaca. Mientras los hombres suelen presentar la forma sistólica, asociada a una disfunción de la bomba cardíaca, en las mujeres predomina la diastólica (HFpEF), caracterizada por disnea progresiva, fatiga, intolerancia al ejercicio y edemas, pese a conservar la función de bombeo. Los estudios epidemiológicos y los grandes registros clínicos indican que ellas tienen casi tres veces más probabilidades que los varones de desarrollar este subtipo, hasta el punto de que más de la mitad de los pacientes con HFpEF son mujeres. Esta diferencia no es menor: requiere aproximaciones terapéuticas específicas que aún no están plenamente incorporadas a la práctica clínica.
Según Herberigs, uno de los puntos críticos es el embarazo. “Si padece hipertensión en este momento [algo relativamente frecuente], se expone a todos los efectos adversos relacionados a una edad muy temprana. Luego tienen un riesgo casi cuatro veces mayor de desarrollar insuficiencia cardíaca cerca de la menopausia, lo que sube el peligro de insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardíacas”, explica. En su opinión, no es que las enfermedades cardíacas femeninas tengan más importancia que en hombres, pero hay una laguna de conocimiento que hay que esforzarse en rellenar y divulgar.
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