La digitalización del campo por las tecnológicas amenaza con agrandar la brecha con el Sur Global, según un estudio
El Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES Food) advierte del peligro de que los algoritmos releguen a un segundo plano el conocimiento acumulado por los agricultores


Grandes empresas tecnológicas como Google, Microsoft, Amazon y Alibaba, que dominan el mercado global de datos y servicios digitales, desarrollan plataformas y herramientas de Inteligencia Artificial (IA) para aplicarlas en todas las etapas de la producción de alimentos, desde la gestión de semillas hasta la aplicación de pesticidas. Estas innovaciones, además de consumir enormes cantidades de energía y de agua, están cambiando las reglas del juego para los agricultores y productores del mundo, al consolidar una agricultura cada vez más vinculada a plataformas privadas, infraestructuras digitales costosas y sistemas de decisión algorítimicos. Así lo advierte el estudio Head in the cloud (La cabeza en la nube), publicado este miércoles por el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES Food), un grupo independiente internacional formado por científicos, economistas y expertos en agricultura. La organización alerta de que las nuevas alianzas entre las grandes tecnológicas (Big Tech) y las empresas que mueven los hilos del sector agrícola (Big Ag) podrían concentrar aún más el control del sistema alimentario bajo la promesa de eficiencia e innovación y relegar a un segundo plano el conocimiento acumulado por los agricultores.
La agricultura de precisión —basada en sensores, satélites, drones y análisis masivo de datos— se presenta como una solución para producir más con menos recursos, ya que permite ajustar el riego, la aplicación de fertilizantes o el uso de pesticidas a las condiciones específicas de cada terreno. El informe no plantea un rechazo a estas herramientas ni a la inteligencia artificial aplicada al campo. De hecho, reconoce que pueden contribuir a mejorar la eficiencia y la resiliencia frente al cambio climático. Lo que cuestiona es la trayectoria dominante de esta innovación: quién la diseña, bajo qué modelo de negocio se despliega y qué efectos tiene sobre la autonomía de los agricultores y la diversidad de los sistemas alimentarios.
Sus defensores sostienen que estas tecnologías pueden contribuir a aumentar la productividad en un contexto de crisis climática, crecimiento demográfico en el Sur Global y recorte drástico de ayudas al desarrollo. Sin embargo, el informe subraya que la innovación tecnológica por sí sola no resuelve los problemas estructurales de acceso y desigualdad que están en la base del hambre. Según el documento, muchos de estos sistemas están integrados en plataformas digitales controladas por grandes corporaciones tecnológicas que almacenan y procesan enormes volúmenes de información agrícola. Esta dependencia puede generar lo que los autores describen como “bloqueos” tecnológicos: una vez que los productores invierten en maquinaria conectada, software y servicios de suscripción, cambiar de sistema resulta complejo y costoso. Este proceso, alerta el IPES Food, no es solo un cambio tecnológico sino político: la digitalización del campo está redefiniendo qué tecnologías se desarrollan, cómo se toman las decisiones sobre la producción de alimentos y cómo será el futuro de la agricultura.
Esta tendencia puede reforzar la concentración en los sistemas de producción de alimentos y tener consecuencias significativas para el sector, como la pérdida de diversidad en los cultivos o una mayor vulnerabilidad ecológica. También puede ampliar la brecha entre países del Norte y del Sur Global y entre grandes y pequeños productores, ya que la implementación de estos modelos suele requerir fuertes inversiones.
“Nos están vendiendo una visión de la agricultura gestionada por IA y robots. Pero en realidad se basa en el criterio desarrollado a lo largo de años de trabajo en el campo. Cuando los agricultores perdemos el control sobre nuestros datos y decisiones, perdemos el control de nuestra producción. Es un camino peligroso”, afirma Nettie Wiebe, agricultora y experta de IPES Food, en un comunicado. Para la experta, el actual modelo permite a las grandes plataformas extraer valor de los datos generados en el campo, mientras los agricultores pueden ver reducida su capacidad de decisión.
El estudio advierte además de que, si la digitalización se inserta en el actual modelo agroindustrial basado en monocultivos estandarizados, puede reforzar esa tendencia y aumentar el riesgo de brotes de plagas y enfermedades. Por otro lado, el uso generalizado de fertilizantes químicos –que se ha extendido en casi todo el mundo– ha llevado en muchos contextos a una mayor dependencia de estos insumos y a su aplicación más frecuente y en mayores dosis.
el actual modelo permite a las grandes plataformas extraer valor de los datos generados en el campo, mientras los agricultores pueden ver reducida su capacidad de decisión
“Hace décadas que la seguridad alimentaria no había sido tan incierta. Sin embargo, las grandes tecnológicas y las grandes empresas agrícolas están impulsando conjuntamente el uso de inteligencia artificial y plataformas de datos que reducen la diversidad cuando más la necesitamos, y monopolizan información valiosa que debería compartirse entre los agricultores”, incide Pat Mooney, embajador de la Federación Internacional de Movimientos Agrícolas Orgánicos (IFOAM, por sus siglas en inglés).
El estudio expone por ejemplo que, desde hace una década, grandes compañías agrícolas han estado contratando a compañías de tecnología para digitalizarse. Ese fue el caso de Monsanto (que ahora pertenece a la empresa alemana Bayer), que en 2013 adquirió a The Climate Corporation, una empresa tecnológica que utiliza datos e inteligencia artificial para ayudar a los agricultores a tomar decisiones. De igual forma, las grandes empresas tecnológicas como Alibaba están desarrollando sus propios servicios para impulsar la agricultura digital. Este gigante chino del e-commerce ofrece una plataforma basada en inteligencia artificial llamada ET Agriculture Brain, auxiliar en la gestión ganadera, que arroja información en tiempo real de las condiciones en las que se encuentran los animales. De acuerdo con el estudio, este tipo de alianzas entre los gigantes tecnológicos y las empresas agroindustriales han impulsado grandes inversiones valoradas en 2024 en 11.670 millones de dólares (9.908 millones de euros).
Las alianzas entre los gigantes tecnológicos y las empresas agroindustriales han impulsado grandes inversiones valoradas en 11.67 mil millones de dólares
Un contrapeso
Mientras, los agricultores, los productores locales y los pueblos indígenas no han dejado de crear sistemas innovadores que hacen contrapeso a esta amenaza. En los Andes peruanos, por ejemplo, un grupo de campesinos ha implementado un modelo para proteger la diversidad genética de más de 1.000 variedades locales de patata, lo que refuerza la seguridad alimentaria de la comunidad y la toma de decisiones de los propios agricultores sobre sus recursos. Algo parecido está pasando en China, donde la Red de Semillas de Agricultores (FSN) está mediando entre las comunidades rurales y las instituciones para preservar semillas, según recoge el informe.
En Europa, países como Francia y Bélgica están apostando por entrenar a los agricultores para resolver problemas básicos y autogestionar procesos para no depender de maquinaria y otras tecnologías costosas. De acuerdo con el informe, los sistemas descentralizados como estos tienden a priorizar la sostenibilidad antes que la productividad y la eficiencia, pero están infravalorados y se invierte muy poco en ellos: “Nuestra investigación demuestra que los sistemas de semillas, gestionados por los agricultores, se encuentran entre las respuestas más eficaces al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Las políticas deben reconocer y apoyar activamente estos sistemas, en lugar de marginarlos”, incide Yiching Song, experta del Panel.
Los expertos proponen que los sistemas “innovadores” en la agricultura deben ser reimaginados para dotar de poder a los agricultores y pequeños productores, y no a los gigantes tecnológicos, como lo están haciendo los gobiernos de todo el mundo. Según cita el informe, el Banco Mundial ya ha gastado 1.150 millones de dólares en préstamos para financiar proyectos agrícolas digitales en 36 países, mientras que la Unión Europea ha financiado con más de 200 millones de euros proyectos para la investigación y el desarrollo de tecnología agrícola a través de su programa Horizon 2020.
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