El desierto oftalmológico africano: “Hay demasiadas personas que están ciegas innecesariamente”
Tres de cada cuatro personas no tienen en el continente acceso a una operación de cataratas. Expertos alertan que también hay brechas en la intervención de glaucomas y lesiones oftalmológicas en niños


El oftalmólogo Gabriel Mejuya Okorodudu se prepara para zarpar en marzo en un viaje por el río Benín, al sur de Nigeria, para realizar otra campaña de cirugías de cataratas durante dos o cuatro semanas en las poblaciones rurales ubicadas a las orillas del afluente. Así lo ha hecho en los últimos 16 años en la región Delta del Níger (que tiene entre 30 y 40 millones de habitantes), donde libra una lenta batalla contra la principal causa de la ceguera en el mundo. Aunque esa opacidad en el cristalino se puede retirar con una cirugía que tarda apenas 15 minutos, tres de cada cuatro personas en África subsahariana que la necesitan no tienen acceso a ella, como alerta un estudio publicado recientemente en The Lancet.
El doctor Mejuya calcula que solo él podría hacer unas 1.500 cirugías al año y que, con los otros profesionales que viajan con él, llegaría hasta 3.000 o incluso 5.000. Pero apenas completan unas 1.000, dada la financiación limitada ―compuesta por recursos propios, cooperación internacional y algunos donantes nacionales― y la difícil logística que supone llevar a los profesionales y sus herramientas por las aguas de los ríos Benín, Forcados y Escravos. “Hay demasiadas personas que están ciegas innecesariamente. Nadie debería perder la vista por cataratas, es simplemente injusto. Cada persona que se recupera [con una cirugía] contribuye a la vida económica de su comunidad y es un gran logro para nosotros”, afirma el director de la Africa Cataract and Eye Foundation, en una entrevista con EL PAÍS por videollamada desde su clínica en Benin City.
Si opero a un pescador [con cataratas], puede regresar a casa a pescar y a hacerse cargo de su familiaGabriel Mejuya Okorodudu, director de la Africa Cataract and Eye Foundation
En el mundo, hay 94 millones de personas con cataratas. Si bien la media general de acceso a una cirugía exitosa y efectiva de cataratas no es alentadora (48,2%), la de África Subsahariana es la más baja del mundo (23,6%). Esta es también la única región en la que se ha detectado una brecha de acceso al procedimiento entre hombres y mujeres. Y es el lugar donde menos mejoras se proyectan. Mientras se calcula que, en el mundo, el acceso a cirugías efectivas aumentará un 15% entre 2020 y 2030; en África el incremento será de apenas un 4%.
Las brechas son enormes: por ejemplo, en Burundi (África) el acceso es de 2,1%, mientras que en Qatar (Oriente Medio) es del 77,7%. Otro estudio publicado recientemente en The Lancet calcula que, en el caso de Kenia, un 77% de las personas que necesitan la cirugía morirán sin llegar a pasar por el quirófano. Eso pese a que Kenia cuenta con uno de los mejores sistemas de atención en cataratas y procedimientos oculares de África, según explicó Stuart Keel, Oficial Técnico del programa de Visión y Cuidado Ocular de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una rueda de prensa organizada por la OMS el 10 de febrero para presentar los resultados de los estudios.

Mejuya, desde Nigeria, sostiene que en zonas rurales, donde los pobladores subsisten de la pesca o la agricultura, la ceguera por cataratas puede arrebatarles todo. “Allí, ver es sobrevivir. Si opero a un pescador, puede regresar a casa a pescar y a hacerse cargo de su familia”, afirma.
La OMS defiende que esta es una de las cirugías más costo-efectivas y cita un estudio de la Fred Hollows Foundation, que calcula que, por cada dólar invertido en cirugía de cataratas, se genera un retorno económico de 20,5 dólares (17,4 euros).
Pero para los pacientes de Mejuya, y para muchos otros en África subsahariana, hay barreras que no les permiten acceder al procedimiento.
Pocos especialistas y muy lejos de las zonas rurales
Keel sostiene que en África subsahariana falta personal cualificado no solo para operar cataratas, sino también para “identificar, examinar y derivar a los ciudadanos a servicios especializados”. “Muy a menudo, los cirujanos están ocupados con tareas no quirúrgicas. Hay que liberar su tiempo para lo que mejor saben hacer, que es la cirugía de cataratas. Solo podemos hacerlo si reforzamos el personal sanitario en los niveles inferiores de atención”, explica el oficial de la OMS. En la región, se calcula que hay apenas 2,5 oftalmólogos por cada millón de habitantes.
Para Geoffrey Wabulembo, oftalmólogo y experto sénior en salud ocular de la ONG Light for the World, otro problema es la escasez de infraestructura sanitaria fuera de las zonas urbanas. “En algunos países, hay personas dispersas en grandes áreas. Por tanto, los centros sanitarios y hospitales estarán lejos de mucha gente. Además, hay dificultades para llegar, por el estado de las carreteras o por el clima”, explica en una entrevista por videollamada desde Uganda.
Es el caso de los pacientes del doctor Mejuya, en Nigeria. “A veces, les toma hasta dos días de viaje llegar hasta donde estoy. Y eso que mi equipo y yo ya hemos navegado hasta tres horas y media por barco desde el pueblo más cercano”, explica. Esto, añade, no solo es un problema para hacer cirugías, sino para llevar controles de sus pacientes después del procedimiento.
En algunas comunidades, por un desequilibrio de género en términos de poder y recursos, los hombres acceden a los servicios con más frecuencia y facilidad que las mujeresGeoffrey Wabulembo, oftalmólogo y experto sénior en salud ocular de la ONG Light for the World
Si no hay infraestructura ni especialistas, los pacientes quedan en manos de cirujanos tradicionales. Estos aún practican el couching, una antigua técnica de cirugía que es muy riesgosa. Ellos, además, reciben pagos en especie, que son mucho más convenientes para los habitantes de zonas rurales. “Aún encuentro problemas para que las personas paguen [una tarifa reducida por la cirugía]. Hay gente que me dice que me da una cabra y un pollo, ¿y qué hago yo con eso?”, comenta Mejuya.
Adicionalmente, explica Wabulembo, hay escasez de algunos de los insumos para las cirugías más modernas. “A veces la cadena de suministro no es lo suficientemente eficiente como para disponer de todos los materiales necesarios”, agrega.
A Wabulembo, además, le preocupan poblaciones como las mujeres y los niños. “En algunas comunidades, por un desequilibrio de género en términos de poder y recursos, los hombres acceden a los servicios con más frecuencia y facilidad que las mujeres”, afirma. En el caso de los menores, cuenta que no suelen encontrar oftalmólogos disponibles para operar cataratas congénitas ni anestesiólogos que les apoyen durante el procedimiento.
Todas estas barreras que encuentran en la atención a cataratas también impiden la atención de otras dolencias oculares, como las lesiones por golpes, el glaucoma, el pterigión o el desprendimiento de retina. “El glaucoma afecta más a las personas negras [por factores genéticos y anatómicos]. Como no causa dolor, muchas personas lo tienen y no lo saben porque es una comunidad en la que no es habitual acudir a revisiones médicas”, explica Wabulembo.
Más financiación
“Este año me gustaría conseguir los recursos para hacer 1.500 cirugías”, dice el doctor Mejuya. Luego, reconoce que su verdadero sueño es hacerse con una máquina para hacer facoemulsificación, la técnica más moderna para eliminar cataratas.
Desde Uganda, el doctor Wabulembo explica que el sector de salud ocular ha estado históricamente desfinanciado y que ahora se enfrenta al incremento de los recortes de cooperación internacional. “En el pasado, la mayor parte de la salud ocular corría a cargo de actores no estatales. Luego, a medida que los recursos de los donantes disminuyeron, esta área quedó desatendida”, agrega el experto.
La OMS ha insistido en la urgencia de establecer asociaciones eficaces entre los sectores público y privado para atender con celeridad a poblaciones de alto riesgo. “No podemos eludir que se necesita una inversión significativa para hacer frente a este enorme retraso”, concluye Keel.
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