Cédric Ouanekpone, el primer nefrólogo de República Centroafricana: “A los médicos que están fuera les diría que nunca es tarde para volver y apoyar el sistema sanitario local”
El director del único Centro Nacional de Diálisis del país africano recibe el Premio Mundo Negro a la Fraternidad por su labor humanitaria y su lucha para evitar la fuga de cerebros del continente


Nada disuadió al doctor Cédric Ouanekpone (Bangui, 39 años) de volver a República Centroafricana (RCA). Ni un trabajo en Estrasburgo cuyo salario superaba con creces uno en su país (2.500 euros frente a 500 euros) ni el temor de volver a un frágil Estado sacudido por la guerra, con una escasa infraestructura sanitaria, con apenas 0,29 médicos por cada 10.000 habitantes (en España, esa tasa es de 42,9). Ouanekpone tenía claro que sería más útil en casa, ejerciendo como nefrólogo de RCA, que en Europa, donde había estudiado su especialidad. Este sábado, su trayectoria profesional, su vocación humanitaria y sus proyectos para fortalecer el sistema sanitario local y para facilitar el regreso de especialistas centroafricanos que estudiaron en el exterior, le harán merecedor el Premio Mundo Negro a la Fraternidad.
El galardonado estudió Medicina en Bangui y en 2012, cuando estaba a punto de graduarse, estalló la rebelión de los Seleka que, luego, derivó en un golpe de Estado y en una cruenta guerra civil. El joven doctor se ofreció como voluntario en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, que se convirtió en un campo de acogida para casi 5.000 refugiados. No solo atendió a mujeres a punto de dar a luz, ancianos y niños sin distinguir etnia o religión, sino que se internó en barrios musulmanes para atender a pacientes bajo el riesgo de ser atacado por los Seleka o ser considerado traidor por los antibalaka, milicias conformadas principalmente por cristianos.
En 2018, partió a Senegal para estudiar Nefrología, ya que en su país no había ningún especialista en esta rama. “Uno de mis profesores de la universidad, el único hematólogo del país, murió a los 51 años de una insuficiencia renal. Eso me abrió los ojos: mucha gente moría en RCA si no tenía los medios para tratarse en el exterior”, cuenta Onekpone en Madrid. Luego de estudiar en Senegal y Francia, regresó a RCA en 2022 para ponerse al frente del Centro Nacional de Hemodiálisis, que había sido inaugurado en 2020, pero que funcionaba a media máquina porque no había especialistas en el área. También comenzó a liderar el proyecto Mama Ti Fatima (Nuestra Señora de Fatima en sango, lengua oficial de RCA), un proyecto de policlínica con farmacia, laboratorio de análisis y atención en urgencias, maternidad, hemodiálisis, especialidades y hospitalización. Hoy, ya ha convencido a una veintena de profesionales sanitarios de quedarse en Bangui para poner a funcionar el naciente complejo médico y sus clínicas móviles.
Pregunta. ¿Qué le hizo regresar a República Centroafricana?
Respuesta. Pensaba que sería más útil en mi país que en Europa. En Francia se daban todas las condiciones para poder ejercer bien; pero en mi país no había nada. Pensé que allí podría escribir una nueva historia.
P. ¿A qué se debe la fuga de sanitarios en su país?
R. La primera razón es el salario. Los estudios de Medicina toman mucho tiempo y, en la mayoría de casos, no hay becas. Además, tú mismo tendrás que pagar tu especialización. Por ejemplo, la formación en Senegal cuesta unos 1.000 euros al año y la manutención otros 5.000. Si has pagado eso, piensas que lo mejor es trabajar fuera una temporada en buenas condiciones para recuperar lo invertido. La segunda es que no hay medidas de acompañamiento para el regreso: tienes que pagar todo lo que gastaste en los estudios y ver cómo consigues dinero para un alojamiento, un medio de transporte e, incluso, un seguro médico. En RCA ni siquiera los médicos tenemos uno. La tercera es la falta de medios y herramientas técnicas para trabajar. Unos años después de regresar, pierdes la práctica.
P. ¿Qué debería hacer el Estado para conservar esos profesionales?
R. Mejorar el salario de los médicos que regresan. Eso lo han hecho en Burundi, por ejemplo. También es esencial mejorar el equipamiento técnico: es devastador pensar que sabes cómo curar a alguien que está muriendo y no tienes los medios técnicos para atenderlo.
En Francia se daban todas las condiciones para poder ejercer bien; pero en mi país no había nada. Pensé que allí podría escribir una nueva historia
P. ¿Qué resultados han obtenido con el proyecto Mama Ti Fatima?
R. Al principio queríamos crear un complejo médico. Pero es difícil encontrar los medios suficientes, entonces vamos poco a poco. Empezamos por la farmacia en 2020 porque, en Fatima, a cinco kilómetros del centro de la ciudad, no había ni una sola después de la guerra. Eso permite que, cada año, entre 800 y 1.000 personas tengan acceso a medicamentos de calidad y a un menor coste. En 2023, se creó el laboratorio de análisis médicos, donde realizamos más de 3.000 exámenes y análisis al año. También tenemos clínicas móviles [para atender pacientes en zonas remotas donde no hay servicios sanitarios], hacemos entre cuatro y cinco al año, y podemos atender a más de 5.000 personas. Ahora estamos construyendo el servicio de urgencias.
P. ¿Cuál será el siguiente paso?
R. Hemos redactado un proyecto que requiere unos 66 millones de francos CFA (unos 100.600 euros) para equiparlo con todo el material necesario. Estamos intentando enviar el proyecto a socios de cooperación internacional y a personas que, de buena voluntad, puedan apoyar. Siempre habrá financiación externa que necesitaremos, pero tendrá que ir disminuyendo [la dependencia]. El contexto internacional puede verse perturbado en cualquier momento por decisiones geopolíticas. Por eso, hemos pensado en realizar actividades pastorales para intentar reducir los costes. Por ejemplo, si hacemos agricultura ecológica, podemos utilizar algunos productos para preparar la comida de los pacientes. Por otra parte, hemos pensado en crear una mutua de salud, que no es común en nuestro país, para las personas vulnerables.
P. ¿En qué empleará los 10.000 euros que entrega el Premio Mundo Negro a la Fraternidad?
R. En una clínica dental para Mama Ti Fatima.
P. ¿El proyecto se ha visto afectado por los recortes a la cooperación internacional?
R. Han comenzado a subir los precios de algunos consumibles de laboratorios que estaban subvencionados. Con el aumento de costes, eso puede repercutir en el precio que se cobra a los pacientes. También va a ser difícil conseguir ayuda a nivel nacional o de las ONG, porque su presupuesto ahora es muy ajustado. Además, unos meses antes de la llegada de Donald Trump, el médico de la embajada de Estados Unidos en RCA fue contactado por una asociación norteamericana que quería donar un escáner. Mama Ti Fatima fue seleccionada para recibirlo porque contaba con radiólogos y paneles solares para usarla. Esperábamos que las ONG de EE UU pudieran garantizar el transporte, pero ahora está frenado. En RCA solo hay un escáner en este momento.

P. ¿Qué impacto ha provocado Mama Ti Fatima entre los nuevos jóvenes especialistas o médicos generales?
R. Hay muchos que se sienten atraídos por el proyecto. Creo que su primera motivación es asociarse, venir a redactar sus propios proyectos y crear algo diferente. También hacemos proyectos para buscar becas de especialización en campos que aún no existen en el país, como la cirugía cardiovascular. ¿Por qué no enviar a otros jóvenes a estudiar, para preparar el futuro?
P. ¿Es aún el único nefrólogo?
R. No, ya hay tres compañeros más que se han incorporado. Pero antes de esto, la situación era dramática en RCA. No había explicación para las enfermedades renales y en regiones remotas hasta se decía que era la brujería lo que mataba a la gente. Cuando llegamos la gente vio la magnitud del problema. Un profesor en Dakar me dijo que me recibía como candidato [a la especialización en Nefrología] porque era inconcebible que no tuviéramos acceso a diálisis. Decía que un país que no la tuviera era un país criminal. Hasta entonces, en RCA, algunas familias ricas podían pagarse la atención médica en Camerún y solo unas pocas personas podían ser evacuadas al extranjero. Pero eso era extremadamente caro para el Estado [entre 2019 y 2020, se invirtieron 3.500 millones de francos CFA, más de cinco millones de euros, en evacuar a 229 pacientes].
Un profesor en Dakar me dijo que me recibía como candidato [a la especialización en Nefrología] porque era inconcebible que no tuviéramos acceso a diálisis. Decía que un país que no la tuviera era un país criminal
P. ¿Aún se evacúan pacientes?
R. Ya no. El presupuesto del Centro Nacional de Diálisis es de 500 millones de francos CFA al año (más de 760.000 euros), es un gran ahorro que el Estado hace. Ahora, incluso, hay centroafricanos de la diáspora que regresan de vacaciones para tratarse. El reto ahora es que la capacidad no es muy grande: solo tenemos 10 máquinas y capacidad para 20 plazas al día. Así que el Estado está poniendo en marcha un proyecto de ampliación. Otro reto es que la diálisis sea gratuita. Hoy, por cada sesión, el paciente debe aportar el equivalente a 30 euros.
P. ¿Qué le diría a los médicos de RCA que hoy están fuera?
R. Que nunca es tarde para volver. Siempre es posible regresar a contribuir a la recuperación del país y apoyar el sistema sanitario local. Los que no pueden volver, también pueden ayudar a conseguir becas o recursos para recuperar el sistema. De una forma u otra se puede contribuir y no dar la espalda al país.
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