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La hambruna en Sudán se cierne sobre los desplazados internos, con la ayuda mermada por los recortes y al borde del colapso

El Programa Mundial de Alimentos se ha visto obligado a reducir las raciones y habrán agotado los suministros en marzo si no llega nueva financiación para reemplazar el tijeretazo de EE UU a la peor crisis alimentaria del mundo

Sudan

El fugaz aumento de la asistencia alimentaria en algunas regiones de Sudán se está desvaneciendo, y la respuesta humanitaria se encuentra al borde del colapso en un país con 11,7 millones de desplazados, de los que la mayoría, siete millones, son desplazados internos. El Programa Mundial de Alimentos (PMS) se ha visto obligado a reducir las raciones en un 70% en las zonas afectadas por la hambruna y al 50% en las zonas con riesgo de sufrirla, según confirmó a EL PAÍS un portavoz de la organización humanitaria este martes. Si no se consiguen al menos 700 millones de dólares (592 millones de euros), a finales de marzo habrán agotado sus reservas para el país que atraviesa la peor crisis alimentaria del mundo, como alertó en un comunicado Ross Smith, director de Preparación y Respuesta ante Emergencias del PMA.

En Sudán, más de 21 millones de personas sufren altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, según el más reciente informe de la Clasificación Integrada de las Fases (IPC, por sus siglas en inglés), un “termómetro” internacional del acceso a alimentos. La mayoría de las personas que están en situación de emergencia (nivel cuatro, en una escala de uno a cinco) están ubicadas en la región de Darfur, donde, además, están refugiados la mayoría de desplazados internos.

En menos de un año, el IPC confirmó dos hambrunas en Sudán: la más reciente, se detectó en septiembre en El Fasher (Darfur del Norte) y Kadugli, donde hay un “colapso total de los medios de subsistencia, inanición y niveles extremadamente altos de malnutrición y muerte”.

Pero no parece fácil encontrar un lugar en mejores condiciones. Safaa Ibrahim, de 38 años y madre de cuatro hijos, huyó de su casa de El Fasher en agosto, tras la inminente y sanguinaria toma de la ciudad por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés). Pagó 500.000 libras sudanesas (unos 700 euros) a un intermediario que ayudó a la familia a salir por la puerta noroeste de El Fasher. Luego, tomaron una carreta tirada por caballos para llegar al campo de desplazados de Zamzam, que está bajo el control de las RSF desde abril de 2025. Al día siguiente, subieron a la parte de atrás de una camioneta para ser trasladados a Khazan Jadid (Darfur del Este). Tras cinco horas de viaje, los dejaron en una escuela del centro de la ciudad, donde encontraron a docenas de familias procedentes de diversas partes de la región de Darfur.

En Sudán, más de 21 millones de personas sufren altos niveles de inseguridad alimentaria aguda,

“Al principio llegaron organizaciones humanitarias que distribuyeron raciones de alimentos, como maíz y sal. Otras distribuyeron láminas de plástico para construir viviendas, utensilios domésticos y ropa de cama. Tras una larga pausa, las familias recibieron una ayuda en efectivo de 490.000 libras sudanesas [unos 680 euros] en noviembre, antes de que se volviera a suspender la ayuda”, cuenta la mujer a través de WhatsApp. Su esposo, que había estado trabajando en la agricultura tras el desplazamiento, también se quedó sin empleo.

A 150 kilómetros de allí, Al Tayeb Omar, desplazado en el campamento de Al Neem (Darfur del Este), asegura que “la mayor parte de la ayuda se destina a Darfur Norte, en particular a Tawila”, y que poco llega a su Estado. Afirma que Al Neem sufre una grave escasez de alimentos, a pesar de que Ed Daein, la capital de Darfur del Este, acoge a un gran número de familias desplazadas de la ciudad de El Fasher y también procedente de los estados de Darfur del Sur, Nilo Azul y Jartum, junto con varios campamentos de refugiados como Kario, Al Nimr, Abu Jabra y Adeela.

Al Tayeb pide una distribución justa de la ayuda basada en las necesidades humanitarias. Darfur del Este es el segundo Estado, después de Darfur del Sur, con más desplazados internos, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur.

Un sistema al límite

La difícil situación de las familias de Ibrahim y Omar no son casos aislados, sino que representa una tendencia alarmante que está empujando a las poblaciones desplazadas de Sudán hacia la hambruna.

Darar Adam Darar, director ejecutivo de la organización Advocacy for Democracy, afirma que Sudán se ha visto muy afectado por los recortes a la ayuda estadounidenses, ordenados por el Gobierno de Donald Trump. La financiación del plan coordinador de emergencia para Sudán de 2025, por ejemplo, dependía en un 27% de EE UU.

Desde el inicio de la guerra, la producción agrícola se desplomó “debido a la inseguridad, las invasiones de pastores apoyados por las Fuerzas de Apoyo Rápido y las confiscaciones de tierras”
Darar Adam Darar, director ejecutivo de la organización Advocacy for Democracy

La suspensión de la ayuda humanitaria ha sumido a las familias en la escasez de alimentos. La situación ha empeorado en la región de Darfur debido a la disminución de la producción agrícola causada por la inseguridad, los conflictos por la tierra y la destrucción de aldeas y granjas.

Según Darar, el PMA ya no puede llegar a todas las personas desplazadas, especialmente a las que se refugian en Darfur. “Desde el estallido de la guerra, el PMA ha dependido de organizaciones nacionales para distribuir alimentos y ayuda en efectivo en su nombre, muchas de las cuales están acusadas de corrupción y falta de transparencia en la gestión y distribución de la ayuda en especie y en efectivo”, asegura.

“En Darfur Norte, Central y del Oeste, que son la despensa de Darfur, Kordofán y países vecinos como Sudán del Sur, Chad y la República Centroafricana, se producían grandes cantidades de maíz de todo tipo”, recuerda. Pero asegura que, desde el inicio de la guerra, en abril de 2023, la producción agrícola se desplomó “debido a la inseguridad, las invasiones de pastores apoyados por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y las confiscaciones de tierras”. Esto, sostiene, ha provocado un déficit alimentario y un aumento sin precedentes de los precios de los alimentos.

Mohamed Abdel Rahim, profesor de Corán de Ambro, en Darfur del Norte, sostiene que la zona sufre una grave escasez de alimentos tras la llegada de miles de familias desplazadas. “El acceso de las organizaciones internacionales se ha visto limitado y las personas desplazadas viven en condiciones precarias, especialmente en lo que respecta a la disponibilidad de alimentos”, asegura a través de mensajes de WhatsApp.

A medida que las condiciones empeoraron en las últimas semanas, las organizaciones humanitarias se centraron en las zonas más afectadas. Mientras tanto, las poblaciones desplazadas desde hace mucho tiempo en los principales campamentos de Darfur del Sur y en el campamento de Hasahisa, en Darfur Central, seguían viviendo en condiciones miserables.

Adam Rajal, portavoz de la ONG Coordinación de Refugiados y Desplazados en Darfur, afirma que la escasez de alimentos ha alcanzado niveles letales, especialmente entre los niños, las mujeres y los ancianos, debido al hambre sistemático, el colapso económico total y la depreciación sin precedentes de la libra sudanesa.

“Considero a todas las partes en conflicto plena y directamente responsables de este desastre humanitario”, resalta, en diálogo con este diario. Rajal pide, además, “la provisión de fondos de emergencia suficientes para la respuesta humanitaria en Darfur”.

Los planes de respuesta humanitaria para Sudán han estado históricamente desfinanciados. En 2025, por ejemplo, solo se cubrió el 38,7% de las necesidades, según datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés).

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