Ir al contenido
_
_
_
_

Ocho millones de niños llevan casi 500 días sin ir a la escuela en Sudán: radiografía de una de las peores crisis educativas del mundo

La guerra ha tenido consecuencias catastróficas para la educación en el país. Uno de cada tres colegios se encuentran cerrados y el 47% de los menores no acude a clase. El conflicto ha dejado a profesores sin salarios y sitúa a la infancia sudanesa ante el riesgo de convertirse en una generación perdida

Niños escuela en Sudán

La guerra civil en Sudán, que suma ya más de 1.000 días, ha tenido consecuencias catastróficas para su sistema educativo, que se encuentra actualmente colapsado. Según Unicef, más de ocho de los 17 millones de niños en edad escolar (el 47%) no asisten actualmente a la escuela.

De acuerdo con un análisis publicado esta semana por la ONG Save The Children, estos niños han pasado alrededor de 484 días sin entrar en un aula, en lo que ya se ha convertido en uno de los cierres escolares más prolongados del mundo, superando los peores momentos de la pandemia de covid-19. “La guerra no está solo matando personas, sino también robando el futuro de millones de niños y niñas”, afirma a EL PAÍS Francesco Lanino, director adjunto de Save The Children Sudán. “Cuanto más tiempo pasa un niño fuera de la escuela, la probabilidad de que regrese a ella es menor, especialmente en el caso de las niñas”, explica.

“Si una niña no va a la escuela corre el riesgo de que se la case por la fuerza o se le pida que trabaje para mantener a la familia”, ejemplifica en una entrevista Eva Hinds, jefa de incidencia y comunicación de Unicef Sudán. “Tenemos un alto riesgo de que haya una nueva generación perdida en Sudán”, añade Lanino.

La guerra no está solo matando personas, sino también robando el futuro de millones de niños y niñas
Francesco Lanino, director adjunto de Save The Children Sudán

El ciclo académico se está viendo marcado por el desplazamiento de docentes, la falta de material didáctico y el estado de las infraestructuras. “Estimamos que una de cada tres escuelas en el país, más de 6.400, han cerrado. Y hay un gran número en las que el edificio sigue en pie, pero se usa para otra cosa”, explica Hinds.

El Estado de Darfur del Norte, donde el conflicto sigue activo, es la región más afectada, con solo el 3% de sus más de 1.100 escuelas abiertas, según datos del Global Education Cluster de Sudan. Kordofán Occidental, Darfur del Sur y Darfur Occidental son los siguientes Estados con menos colegios abiertos, con un 15%, un 13% y un 27% respectivamente.

Educación hecha trizas

Ya antes del inicio de la guerra, el sector educativo en Sudán presentaba profundas carencias, con una gran brecha entre la educación en las ciudades y en entornos rurales y una alarmante degradación de la educación pública que fue de la mano de una progresiva privatización del sector que acentuó las desigualdades de clase.

“La situación es desesperante”, aprecia Ebtihal Adam, una estudiante de 22 años. “La educación, como la sanidad, ya solía ser secundaria en Sudán; se priorizaba todo lo demás pese a ser fundamentales”, lamenta. “Pero, al igual que el sistema de salud, el sistema educativo está ahora destruido”.

En este contexto, el profesorado tiene que lidiar, además, con unas condiciones muy precarias. Sami Abdulbaqi, portavoz del Comité de Profesores de Sudán, una asociación independiente, afirma que los salarios de los trabajadores del sector estuvieron suspendidos durante dos años y que, si bien en algunos Estados se han reanudado, todavía quedan unos 14 meses de impagos pendientes. Sus subvenciones, subsidios y bonus también se han congelado por la guerra.

“La devaluación de la libra sudanesa ha acabado de empujar a todos los trabajadores de la educación, sin excepción, por debajo del umbral de la pobreza extrema, dado que el salario mínimo equivale a tan solo 3 dólares al mes [2,5 euros], mientras que el salario máximo para un docente con 30 años de experiencia es de aproximadamente 30 dólares [25 euros]”, indica.

La devaluación de la libra sudanesa ha acabado de empujar a todos los trabajadores de la educación, sin excepción, por debajo del umbral de la pobreza extrema
Sami Abdulbaqi, portavoz del Comité de Profesores de Sudán

Muchos profesores, además, se han visto obligados a huir de sus hogares por el conflicto. Más de 12 millones de personas están desplazadas y 30 millones necesitan ayuda urgente, en la considerada como la peor crisis humanitaria del mundo. Para mitigar la falta de docentes, organizaciones como Save The Children ofrecen formaciones a personas que no cuentan con títulos académicos. “Se les apoya mediante un currículo básico que permita crear, de manera temporal, una nueva generación de profesores”, explica Lanino.

Un país fracturado

La creciente fractura del país en dos grandes mitades también está afectando a la educación. Actualmente, las RSF y sus aliados controlan casi por completo la región occidental de Darfur y el oeste y el sur de Kordofán, un territorio similar en extensión al de Ucrania. El ejército, por su parte, domina el norte, el este y el centro del país y ha heredado la maquinaria del Estado, que ha aprovechado para paralizar los servicios públicos en las zonas que no controla.

“En los Estados controlados por el ejército, las escuelas han reabierto, pero existen problemas como la retirada del Estado de la educación; y en los estados en guerra o controlados por las RSF, el proceso educativo ha cesado casi por completo”, señala Abdulbaqi. “Esta realidad ha profundizado la brecha social y ha involucrado a la educación en el conflicto”, advierte.

Darfur y Kordofán, además, han sido regiones históricamente marginalizadas por el Gobierno central sudanés, por lo que la presencia del Estado ya era muy débil antes de la guerra. Los paramilitares, por su parte, han formado un Gobierno propio para rivalizar con la junta militar, pero no han mostrado ningún deseo de administrar territorios, así que el grueso de la labor educativa en estas zonas recae sobre iniciativas comunitarias, grupos de voluntarios y ONG.

Uno de estos casos es Tawila, en Darfur Norte y bajo el control de un grupo rebelde neutral, que en los últimos dos años ha recibido a más de 650.000 personas, más de la mitad desde abril. Tres cuartas partes viven hoy en campamentos informales, sin infraestructura adecuada y servicios saturados.

Lo observamos en las sesiones de dibujo: al principio muchos de sus dibujos muestran sangre, gente asesinada, armas, vehículos blindados, y solo después de una semana de trabajo ves que comienzan a hacer otros dibujos, como flores o escuelas
Mathilde Vu, directora de incidencia política para Sudán del NRC

Entre quienes han llegado recientemente figuran centenares de niños sin acompañar procedentes de El Fasher, la capital de Darfur Norte capturada por las RSF en una sangrienta ofensiva a finales de octubre. Allí, el Consejo Noruego para Refugiados (NRC. por sus siglas en inglés) ha habilitado dos tiendas como espacios de educación de emergencia y Mathilde Vu, la directora de incidencia política para Sudán, explica que es habitual que muchos niños se peleen, tengan pesadillas y permanezcan totalmente mudos y desconectados a raíz del profundo trauma que cargan.

“Lo observamos en las sesiones de dibujo: al principio muchos de sus dibujos muestran sangre, gente asesinada, armas, vehículos blindados, y solo después de una semana de trabajo ves que comienzan a hacer otros dibujos, como flores o escuelas”, cuenta. “Les ayudamos a reconectar con la infancia, porque son niños que han pasado y siguen pasando por tantas cosas que no han jugado durante meses”, desliza.

Lanino, de Save The Children, recuerda una visita reciente a una escuela de Jartum, donde el 80% de los niños había perdido a alguien de su familia: “Mi hermano murió por hambre, me contaba uno. ”Mataron a mi madre delante de mí, a mis hermanos, contaba otro". “Es un trauma que necesitamos abordar pronto”, añade.

En un intento de mitigar la crisis del sistema educativo sin ignorar la situación en la que viven muchos niños, la ONG sudanesa Sadagaat lanzó en 2024 un proyecto de educación digital para estudiantes de 7 a 14 años con el fin de acompañarles y motivarles en el aprendizaje, brindarles apoyo psicológico y animarlos a permanecer o reengancharse al sistema escolar.

Hafsa, una maestra de 30 años de Omdurmán que trabaja en el proyecto, explica que cuentan con 120 estudiantes. “Acceden a las materias o reciben sus lecciones en cualquier momento, no hay un horario fijo”, subraya Hafsa, que lo considera clave porque “en medio de la guerra, la mayoría de los niños trabajan para [ayudar a] mantener a sus familias”.

La educación superior, también amenazada

Adam ingresó en 2022 en la universidad para mujeres de Ahfad en Omdurmán, una de las dos ciudades gemelas de la capital de Sudán, Jartum, y recuerda que, durante su primer año estudiando ciencias de la salud, no faltó ni un solo día a clase. En abril de 2023 empezó sus exámenes finales, pero, a mediados de mes, sus planes saltaron por los aires. “El día que empezó la guerra”, recuerda, “tenía mi último examen de física”.

El conflicto, que acababa de estallar entre el ejército sudanés y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), también truncó por completo el ciclo académico universitario y no fue hasta un año más tarde que Adam pudo retomar las clases en línea. Al igual que las escuelas, las universidades han sido blanco de ataques directos y de saqueos, y en ocasiones se han reconvertido en cuarteles militares.

“Por desgracia, el destino fue en mi contra”, lamenta la joven, que compaginaba los estudios con un trabajo, “y el primer día que hice mis exámenes hubo un corte eléctrico”. “Seguíamos esforzándonos para sobrellevar los exámenes y todo lo demás, pero no podía seguir el ritmo”, se justifica.

Ahora Adam y su familia se encuentran de nuevo en Omdurmán, después de que el ejército recuperara Jartum. Pero las tasas de su universidad se han multiplicado por cuatro y no puede fragmentarse demasiado los estudios, por lo que, por el momento, ha aparcado su sueño.

Impacto de los recortes

Hinds, de Unicef, explica que los mayores desafíos a los que se enfrentan actualmente son la financiación y la falta de acceso: “Hay zonas a las que no podemos llegar debido al conflicto en curso. En otras tenemos impedimentos burocráticos y debemos asegurarnos de que tenemos todos los permisos de todas las partes, por ejemplo, cuando cruzamos distintas líneas de frente”.

“Para 2026 estimamos que se va a recortar el 50% de todos los proyectos del sector educativo en Save The Children Sudan”, advierte por su parte Lanino. “Eso significa recortar el trabajo en las escuelas más vulnerables, en la formación de docentes, en los materiales educativos y el apoyo psicológico, impactando a cientos de miles de niños”, añade.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_