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CARTAS AL DIRECTOR

Ya no existe la niña del napalm: existen las niñas de Irán, Palestina y Ucrania

Las lectoras y los lectores escriben sobre la guerra de EE UU e Israel en Irán, el feminismo, la incertidumbre que acompaña el cáncer y el valor de los detalles

El brazo de un niño fallecido en el bombardeo de la escuela en Minab, en el sur de Irán, emergía de los escombros del centro el pasado sábado. Associated Press/LaPresse (APN)

El 8 de junio de 1972 Kim Phúc, de nueve años, fue alcanzada por el napalm. Su carne desgarrada y grito desnudo fueron capturados por Nick Ut durante su huida. La imagen dio la vuelta al mundo y aún hoy imprime el horror en quien la contempla. Kim sabe que no fue ella quien propició el final de la guerra, pero sí es cierto que su foto sembró la semilla de la duda sobre un conflicto que pasaría a ser el más largo del siglo XX. Tres años después EE UU retiró sus tropas de Vietnam. Ocho años después se restringió el uso del napalm. Ya no existe la niña del napalm. Hoy, Kim está viva. Tiene más de 50 años, ya no vive en Vietnam, y tiene dos hijos. Ya no existe la niña del napalm: existen las niñas de Irán, Palestina, Ucrania. No dejemos de contemplarlas para que también dejen de existir tal y como las conocemos hoy.

Cintia Álvarez Smith. Santiago de Compostela

“Muy maja, pero es feminista”

El pasado viernes, me olvidé de ponerme mi jersey morado y el lazo violeta para ir a trabajar. Me di cuenta al llegar a casa y me sentí mal. Soy docente y, desde hace años, siempre me pongo algo de ese color el día más cercano al 8M o al 25N si las fechas no coinciden con un día lectivo. Lo hago con más empeño desde aquella vez que escuché en un pasillo de Secundaria un comentario sobre mí: “Es muy maja, pero es feminista.” Hubiera preferido escuchar: “Es muy feminista, pero es un poco seria.” Ese día entendí que este término contenía connotaciones negativas para muchos jóvenes y adolescentes. Ese pequeño detalle del color morado en mi ropa me ayuda a luchar contra la idea de que haya que avergonzarse por ser feminista, por creer en la igualdad de género, en definitiva, por optar por el sentido común. Pero también participo en esa lucha educando en igualdad a mis hijos, no evitando hablar de feminismo en mis clases e insistiendo en la idea de que esto no va solo de las mujeres: necesitamos el trabajo en equipo porque con la igualdad ganamos hombres y mujeres.

Cristina López Fernández. Salamanca

Vidas suspendidas

Todo es importante, en mayor o menor medida. El mundo está en la cuerda floja. El ataque a Irán, el precio de la gasolina, las encuestas de intención de voto. Pero nada tiene tanta trascendencia como estar sentado en la sala de espera del oncólogo —hay 13 consultas—, mirando a la pantalla para ver en ella tu número —Z211— y pasar a comentar con él los resultados del último análisis. De eso dependen los próximo seis meses.

José Manuel Martín Peña. Coslada

Fijarse en los detalles

No puedo evitar desconfiar de la gente que sigue empeñándose en conocerme a través de preguntas sobre mis estudios, mi puesto de trabajo o mi deseo de ser madre. Resulta que yo utilizo mis marcapáginas a modo de regla para subrayar mis libros con líneas perfectamente rectas. Resulta que, además, los subrayo siempre con lápiz. Resulta que, después, todo eso que subrayo lo traslado a las notas de mi móvil. ¿Acaso no me definen mejor esas pequeñas acciones? Yo es que creo que estamos poniendo la atención en el lugar equivocado. La respuesta siempre está en lo pequeño.

Silvia Hernández Hellín. Las Palmas de Gran Canaria

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