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Reforma electoral
Opinión

Reforma electoral: la historia de dos marionetas

Al presentar su proyecto, la presidenta hace algo inusual en la política: cumplir la palabra dada

Claudia Sheinbaum en la presentación del plan de trabajo de la Reforma Electoral, en Palacio Nacional, en agosto de 2025.Gobierno de México

Había una vez dos pedazos de madera. Dos simples pedazos de leña.

Con ellas, la Cuarta Transformación se fabricó unas lindas marionetas de madera. Sabían bailar, hacer esgrima y ejecutar saltos mortales. Con esas figuras articuladas —de nombre Partido del Trabajo y Verde Ecologista, aunque no fuera ecologista— conquistaron el Plan C y acumularon una buena cantidad de reformas constitucionales.

Esas marionetas las llamaremos Pinocho. Esta es la historia de las últimas travesuras de nuestro Pinocho nacional.

La alianza electoral de Morena con el PT —nacida para la coalición Juntos Haremos Historia de 2018— y con el Verde —incorporado en 2024 bajo el emblema Sigamos Haciendo Historia— situó a dos partidos menores en la habitación correcta. La del poder. The room where it happens.

Gracias a ese atajo, dos partidos camaleónicos —de identidad incierta, convicciones elásticas, pragmáticos y herméticos— pudieron presentarse como parte de la renovación política de Andrés Manuel López Obrador. Dos marionetas bailaban al son popular como si nadie oyera el crujido de la madera.

Después de verse en un espejo, a los títeres les pareció ser otros. No vieron el reflejo de la marioneta de madera de siempre —partidos satélite de representación minoritaria— sino a aliados indispensables para reformar la Constitución. Así de cuántico fue el saltito.

Todo por ir montados sobre los hombros del gigante. No es sorpresa que la identificación del electorado con las marionetas haya crecido apenas unas décimas desde el 2018, según Enkoll. La chispa de vida no es propia, es prestada.

Así llegamos a la historia de la travesura más reciente.

Desde la campaña del 2024, Claudia Sheinbaum Pardo avisó —a sus aliados y al resto del electorado— que buscaría eliminar los plurinominales. A pregunta expresa, en el tercer debate presidencial, anunció que terminaría con ellos, con la lista nacional del Senado y que avanzaría hacia una representación más directa. El mensaje no fue aislado. Se repitió en entrevistas posteriores. Recuerdo, en particular, la conversación de la entonces candidata con Joaquín López-Dóriga.

Sheinbaum lo dijo sin dudar. Los legisladores sin vínculo territorial generan una representación débil y costosa.

La candidata avisó en campaña. En la presidencia, no retrocedió.

Hoy, al presentar una reforma electoral en esa misma —y cantada— dirección, la presidenta hace algo inusual en la política: cumplir la palabra dada. Toma las palabras del pasado y les concede forma en el presente.

Ante ello, las marionetas se han inquietado. ¿Acaso no están del lado del pueblo como proclamaban? Resulta que el mandato popular admite matices. Que los pobres pueden esperar porque antes van ellos.

La nariz que traían —ya crecida— ha seguido creciendo. Crece y crece hasta convertirse en una narizota de nunca acabar. Sus dirigentes se esfuerzan en recortarla, pero cuanto más la reducen, más larga se vuelve esa impertinente nariz.

Así, para quienes se preguntan dónde reside la razón de que la presidenta haya enviado una reforma electoral que, presumiblemente, será rechazada por los muñecos de madera y sus cínicos titiriteros, ahí la tienen.

En algo —asume Sheinbaum— ha de descansar la diferencia entre el 70% de aprobación que ella conserva y el 2% o 3% que, en sus mejores días, alcanzan sus socios. Legitimidad, le llaman. Ser real. Genuino. Verdadero.

Claudia Sheinbaum se niega a convertirse en un gigante y narizón muñeco de madera. Ha presentado la iniciativa prometida para ser, ni más ni menos, una presidenta de verdad.

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