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Narcotráfico
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Rehenes

¿Ya va siendo tiempo de preguntar a la jefa del Estado mexicano qué plantea para sacarnos de la condición de rehén en la que está México?

Traslado de 37 presos, para ser extraditados a Estados Unidos este martes.

México realizó una nueva ofrenda al mercurial líder estadounidense. 37 detenidos fueron entregados este martes a la administración Trump, esa que advirtió que solo entiende el lenguaje de la fuerza. 37nuevos rehenes de EEUU, ¿quién más?

Este envío de capos enrarece más un ambiente de sobreentendidos. Desde el Gobierno asumen que sobran las explicaciones. “Con la que está cayendo desde el 3 de enero, no me vengan con que la ley es la ley”, podrían decir, citando al clásico. En vez de ello, balbucearán.

Como las leyes no son el marco de esta entrega, tampoco está claro el límite de lo que enfrentarán estos mexicanos que —con sentencias firmes o apelaciones pendientes— ahora han de lidiar más que con fiscales, con captores. Serán rehenes de caprichos políticos.

Así, ya no están bajo la ley mexicana, a la que violaron, sino en un limbo. En EE UU podrían ser material dúctil para agendas varias. Igual y pactan con ellos y los acogen; quién quita que los usen para ir contra otros. ¿Arma contra futuros rehenes, incluido sus expatriadores?

Y quien ha decidido la entrega también es un, o está en posición de, rehén. Quien haya firmado la expulsión no quiso o no pudo negarse. Quien haya dado luz verde a repetir tan chicloso recurso —tributo que, de excepción o rareza, ya es casi ritual— tiene enajenada su voluntad.

El Gobierno pretenderá cierta indulgencia. Minimizará el hecho. Si no hubo escándalo mayor en la primera entrega, qué más da vaciar de nuevo las cárceles. Quien reclame está viendo y no ve la asimetría, se quejarán. Quién les explica que claudicar no es premiado por Trump.

¿Se ha de conceder que no les queda de otra? ¿Que con lo que tiene, la presidenta Sheinbaum ha hecho milagros en todo el año que va de la administración Trump? ¿Que la cabeza fría, y concesiones como la de entregar mexicanos esposados, atempera males mayores?

¿O ya va siendo tiempo de preguntar a la jefa del Estado mexicano qué plantea para sacarnos, más pronto que tarde, de la condición de rehén en la que está México por razones y aberraciones que preceden, sin duda, a octubre de 2024, cuando ella asumió el timón?

Los acontecimientos se han precipitado. En Venezuela, en su larga noche y sobre todo tras el golpe que les propinó Washington hace tres semanas, se han habituado a pensar opciones ya no día por día, sino hora por hora. México está en callejón distinto, pero mismo vecindario.

La presidenta que abrazó el plan C ahora necesita un plan A. Una hoja de ruta para hacerse su propio espacio, para crear sus márgenes de negociación, de autonomía, para nunca ser vista como rehén de las circunstancias que heredó, ni del credo que profesa.

Por eso causa desmayo el más reciente nombramiento de Sheinbaum. Una presidenta científica, dedicada, exigente regresa al equipo, y ni más ni menos que a la Secretaría de Educación Pública, a un funcionario involucrado en la muerte entre las llamas de 40 migrantes en la estación migratoria de Ciudad Juárez en marzo de 2023.

Francisco Garduño fue presentado este lunes en un cargo en la SEP. Es el mismo funcionario que al frente del Instituto Nacional de Migración arrastró los pies para reconocer su responsabilidad, así fuera política. El mismo burócrata que por meses se aferró al cargo cuando llegó Sheinbaum y ya tenía una propuesta para el INAMI.

La noticia del regreso al gabinete hace que se levanten cejas. Su identificación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador pesa demasiado en un equipo urgido de oxígeno fresco, ideas novedosas, cuadros con prestigio para lidiar con Estados Unidos, tan adverso a la migración.

Justo cuando los rumores de cambios en el gabinete hacen que no pocos abriguen esperanzas de que por fin la presidenta marque al equipo con otra mística —de leales, sin duda, pero también, al fin, capaces— la noticia de Garduño desinfla expectativas.

Hay nombres que deberían enfriarse mucho o de plano no regresar a la escena pública. El de Garduño, al reincorporarse, traslada los costos de sus polémicas a Sheinbaum. Cómo abrir, eventualmente, una discusión para retomar el trato humanitario a los migrantes, cosa que aborrece Trump y fortalecería a la presidenta, si ella premia a quien mejor representó la cara del abandono de una política solidaria hacia las personas migrantes. ¿Es que no quiere alejarse del peligro de ser rehén del equipo del exmandatario?

Garduño es un antiejemplo de la renovación sexenal, una piedra en la consolidación del proyecto que se presumía transformador. A ver con qué cara dicen que en el pasado había chambismo, improvisación e impunidad. Y para más inri irrumpe en el peor de los momentos.

México entregó rehenes en una nueva decisión que solo garantiza pan para hoy y hambre para mañana. Si de algo habría servido la maniobra expatriadora es para que la presidenta aplaque las demandas del Tío Sam mientras revisa sus opciones.

Al cerrar 2025, la presidenta se hizo de la Fiscalía General de la República, y cuando por ello se esperaba que con renovado vigor inaugurara el nuevo año con interesantes cambios, Trump le impone agenda y ella acepta el retorno de Garduño.

Los nuevos rehenes son radiografía de cómo quieren ver desde Estados Unidos a la presidenta. Quieren quitarle la potestad de juzgar aquí a los delincuentes. Y quieren que sienta que no tiene más opción que acatar. Como los rehenes. A nadie conviene que eso ocurra.

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Sobre la firma

Salvador Camarena
Periodista y analista político. Ha sido editor, corresponsal y director de periodistas de investigación. Conduce programas de radio y es guionista de podcasts. Columnista hace más de quince años en EL PAÍS y en medios mexicanos.
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