Sheinbaum convence al cuerpo diplomático, la realidad no tanto
La reunión con los embajadores y cónsules pudo ser mejor si estos hubieran hablado y los del Gobierno federal se permitieran escuchar


Una presidenta más asentada que un año atrás. Una titular del Ejecutivo que, a diferencia del anterior sexenio, proyecta claridad de rumbo. Una jefa de Estado que transmite tranquilidad sin dejar de reconocer los duros tiempos que el país atraviesa…
La 37 reunión de embajadores y cónsules, llevada a cabo durante tres días y coronada con la cita entre los diplomáticos y Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional el miércoles al mediodía, se ha saldado con el reconocimiento de que la mandataria luce más aplomo.
Testimonios recogidos pintan un cónclave donde la presidenta lanzó al cuerpo diplomático a proyectar en el mundo logros del obradorismo, entre los que Sheinbaum ha subrayado la reducción de 40% en los homicidios y los 13 millones de personas fuera de la pobreza.
Esta es una primicia, deslizó la mandataria a cónsules y embajadores al adelantarles un día el dato de la reducción de 40% de los homicidios en México. La exposición fue al puro estilo de Claudia, llena de recuadros y estadísticas, sin obviar instrucciones.
Una mañanera para quienes viven en otros husos horarios, sí, pero que también dio para leer entre líneas, como cuando dos veces dijo que no se fiaran de las redes sociales: una Sheinbaum reclamando a sus lugartenientes diplomáticos no descuidar lo que ella pide presumir.
La presidenta instruyó que se hable de que el país tiene avances en el combate a la violencia y que —en el marco del Mundial de Futbol, que ameritó una sesión aparte con los diplomáticos— se enfatice que Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México son seguras.
El corolario de Sheinbaum remataba tres días en que de sol a sol los diplomáticos vieron a secretarios de Estado y otros colaboradores presidenciales a quienes sobró protagonismo: la alta burocracia desperdició la oportunidad de escuchar a sus representantes en el mundo.
De la presencia del gabinete de seguridad, los diplomáticos se llevan la sensación de que hay confianza en que el esfuerzo realizado por la presidenta y la cooperación lograda son un argumento para esperar que Donald Trump contenga una intervención directa.
Ha sido un año duro, confió la mandataria, y en cada una de las llamadas que ha habido con el presidente de Estados Unidos, detalló palabras más palabras menos, él ha propuesto eso a lo que en cada ocasión le hemos respondido de la misma forma: que no.
La confianza que la mandataria denota en los avances en el combate a la inseguridad no impidió que, tras las reuniones con su equipo, flotara la claridad de los enormes retos que representan algunos Estados, como Tamaulipas y Sinaloa.
Sin embargo, el mensaje repetido por los distintos presentadores del Gobierno de la República fue que hay que destacar, frente a inversionistas del orbe, el gran mercado interno, y las oportunidades logísticas y de negocios por el hecho de estar en América del Norte.
Y demandó a los representantes que recuerden que en el servicio público tienen ejemplos como los de los siervos de la nación que en no pocas ocasiones pasan días en lugares donde no hay acceso regular a bancos o telefonía.
La mandataria fue consecuente en su visión de que hay que privilegiar el trabajo que se realiza con los paisanos en Estados Unidos. Ella ha reiterado a los consulados su “menos escritorio y más territorio”. De hecho, la disposición de las sillas en la cita en Palacio con la presidenta privilegió a algunas cónsules en ciudades de la Unión Americana, como la de Raleigh, Carolina del Norte, la de Houston, Texas, y hasta el de Miami, Florida. Aunque también se notó en esa disposición la cercanía con Sheinbaum de embajadores como el de Italia, Genaro Lozano.
Un cambio que destacaron de la mandataria fue que, a diferencia de hace un año, le vieron más disposición a viajar, a involucrarse directamente en el diálogo con otros países y en los foros internacionales.
A ese respecto, también les adelantó que parte de la llamada con el presidente de Brasil, Lula da Silva, fue la invitación del mandatario para que le visite en fecha próxima. Ese cambio de actitud, la apertura, al menos, sea por la crisis venezolana o no, es vista como prometedora.
En el mismo terreno de los contrastes, a alguien que se echó en falta fue al exvocero presidencial Jesús Ramírez, que año con año planteaba a los diplomáticos los ejes de la comunicación del Gobierno y este año no tuvo protagonismo a pesar de estar en el gabinete.
Fue mal visto que la presencia del titular de la Agencia de Digital del Gobierno federal, José Antonio Peña Merino, haya sido una mera exposición, cerrada a preguntas, y no un espacio para darle retroalimentación de los problemas con los sistemas para los trámites.
En sentido contrario, en la comida que se tuvo con representantes del Congreso, el que se llevó las palmas fue el diputado Pedro Vázquez González, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, quien fuera de programa anunció una iniciativa para dotar de mayores recursos a las representaciones diplomáticas. A saber cómo le cayó el anuncio al titular de la Cancillería, el reaparecido Juan Ramón de la Fuente.
Tras una ausencia de semanas, De la Fuente fue reconocido por la presidenta, quien con respecto a la tensión con Estados Unidos destacó su labor y la del subsecretario Roberto Velasco. En esos agradecimientos brilló por su ausencia el embajador Esteban Moctezuma.
El esfuerzo desplegado por la presidenta y su equipo en los tres días de lo que se quiso como un cónclave en que se destacara el avance hacia una sociedad más igualitaria, con más clase media, tiene ahora la dura prueba de lo que, en efecto, se dice en las redes sociales.
El país donde a los opositores se les pretende cancelar el derecho a opinar en el Congreso de la Unión, o donde gobernantes morenistas procesan y encarcelan en tiempo récord a periodistas —acusándolos incluso de terrorismo— pondrá en aprietos a esos diplomáticos.
Proyectar avances de México no llegará muy lejos si la presidenta, además de ganar la narrativa de que algo está cambiando en el combate a los cárteles, no despliega esfuerzo similar para atender a las víctimas, entre ellas destacadamente a las madres de los desaparecidos, a quienes nadie hace justicia.
Presumir un 40% menos de homicidios es un acto que pierde efecto e incluso valor cuando el mismo Gobierno que es capaz de tal descenso carece de los mínimos resortes de empatía para atender, al más alto nivel, el reclamo de una madre que busca a su joven hijo raptado en un bar en Mazatlán sin que ni el Gobierno de Sinaloa, ni el federal, se inmuten frente a esa tragedia, apenas una de muchísimas.
Y en igual tenor: mientras gobernadoras como Rocío Nahle, de Veracruz, diga que una jubilada se murió de infarto, así fuera a manos de captores que no solo la extorsionaban, sino que encima la humillan grabándola de hinojos, los argumentos del gabinete de seguridad frente a los diplomáticos se vuelven un poco de cartón piedra.
Será fútil el esfuerzo de una presidenta al pedir a los representantes de México en el mundo que prediquen que hay un Gobierno austero, que dedica la mayor parte del recurso para los pobres, mientras Noroña descansa en clase premier en un vuelo transatlántico.
La reunión con los diplomáticos pudo ser mejor si estos hubieran hablado y, por un momento, los del Gobierno federal se permitieran escuchar. Aun así, los testimonios recogidos hablan de que la presienta convence. Ojalá los demasiados Noroñas no le estorbaran.
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