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El Mencho
Opinión

Narcos demasiado humanos

El Mencho, igual que El Chapo, era un tipo frío y despiadado. Los dos cayeron por su necesidad de afecto, los mismos vínculos que parecen disolverse ante el horror de la violencia

Vista del Country Club en Tapalpa, México, el 24 de febrero.Jose Luis Gonzalez (REUTERS)

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Era capaz de torturar y enterrar vivos a sus enemigos, pero a la vez no soportaba pasar mucho tiempo lejos de sus más de 10 hijos y sus incontables parejas. Un antiguo informe psicológico de El Chapo, de sus primeros pasos por la cárcel hace más de una década, lo describía como alguien implacable y vengativo. Con una “ambición desmedida por el poder”, una enfermiza “necesidad de liderazgo” fruto “de un sentimiento de inferioridad” que lo empuja a “matar sin culpa”. Una mente criminal que roza la psicopatía, pero que tiene dos puntos frágiles, es decir, humanos: el miedo a perder la libertad y a quedarse solo.

Sus espectaculares fugas carcelarias y los detalles de sus consecutivas detenciones lo demuestran. Las pistas que llevaron a los últimos dos arrestos del gran capo del Cartel de Sinaloa no tienen que ver con una traición o un pitazo a la policía. En 2014, la Marina le pisaba los talones y cuando finalmente lo cazaron estaba en un departamento, no muy grande ni seguro, junto a su última esposa y sus dos hijas gemelas de apenas tres años. La última y definitiva detención fue posible porque la policía siguió la pista de Kate del Castillo. El capo parece que, otra vez, había tenido un flechazo y buscó a la actriz para que fuera a visitarle en su escondite en la sierra. “Te cuidaré más que a mis ojos”, le decía en los mensajes interceptados por el Ejército. La parte más sentimental del Chapo, como decía el informe, fue su perdición.

El patrón se repite con la caída este domingo del Mencho, heredero de la figura casi mítica del bandido incorregible y astuto encarnada por el Chapo. Del jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación, famoso por su perfil bajo, no había ningún informe psicológico, pero lo que se conoce de su carrera apuntaba también a un tipo frío, calculador y despiadado. Igual que El Chapo, la pista para dar con él fue “una de las parejas sentimentales”, que fue a visitarlo a unas cabañas en medio de la sierra jalisciense. Allí le encontró el Ejército.

La filósofa francesa Simone Weil decía que hay algo embriagador en la violencia —“la fuerza”, le llamaba ella—, una borrachera ciega que convierte a los humanos en cosas, “transforma a un hombre en una piedra”, y desencadena “una desgracia” que acaba arrasando con todos, tanto víctimas como verdugos. El Chapo y El Mencho no escaparon de la desgracia, ni siquiera buscando el único antídoto para regresar a lo humano. Weil utiliza la metáfora de “los baños calientes” para apuntar a la intimidad del hogar, el afecto y la ternura, los mismos vínculos que parecen disolverse ante el horror de la violencia.

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