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El ambicioso plan económico de Sheinbaum pone a prueba el apetito inversor del sector privado

La mandataria presentó un programa de estímulo hasta 2030, para lo que tendrá que atraer el interés corporativo, incluso el pasmado por la incertidumbre

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, delimitó esta semana el alcance de su ambicioso plan de estímulo económico, basado en la inyección de 5,6 billones de pesos públicos y privados en infraestructura, particularmente energética. Se trata, justamente, de lo que necesita una economía que no logra sacudirse un desempeño deslucido, con efectos tanto en las finanzas públicas como en el bolsillo de los mexicanos.

El programa contempla al menos 1.500 proyectos distribuidos en ocho sectores, encabezados por energía, que concentrará la mitad de los recursos, seguido de transporte, puertos, salud, agua y educación. Todas son áreas cruciales para el desarrollo del país, que en distintos momentos ha evidenciado cuellos de botella en electricidad, comunicaciones y logística, además de limitaciones presupuestarias para sostener el bienestar social. “En 2025 la inversión en infraestructura falló de manera significativa, en parte por la elevada incertidumbre, pero también porque fue un año de transición entre administraciones. Contar ahora con mayor claridad sobre este incremento en la inversión es positivo. También lo es la participación privada, porque evita recargar el presupuesto”, analiza Julio Ruiz, economista en jefe de Citi en México. El experto subraya que el déficit fiscal de 4,8% del año pasado, superó la previsión oficial de 3,9%, lo que evidencia la estrechez en la capacidad de gasto del Gobierno.

La mandataria y su equipo añadieron que buscarán fórmulas de apalancamiento con socios privados, con quienes crearan empresas de propiedad mixta, en una alocución que recuerda la fórmula explorada en proyectos con las estatales Petróleos Mexicanos (Pemex) y Comisión Federal de Electricidad (CFE), que aún está por arrojar resultados. Si bien no adelantaron los detalles, la presidenta se reunió recientemente con banqueros de las principales entidades locales para instarlos a elevar su otorgamiento de créditos en áreas estratégicas.

“La pregunta, y es una que hace pensar de manera cauta sobre el plan, es: ¿qué tanto apetito hay del sector privado a entrar en estos proyectos con el sector público? Esperemos que sí, y que esto no solamente quede en papel”, agrega Ruíz.

Las inversiones no se decretan

La Secretaría de Economía también ha agregado que está acumulando un portafolio de nuevas inversiones de unos 300.000 millones de dólares. Para que se materialicen reconocen que deben agilizar una batería de procesos que van desde trámites burocráticos a permisos sanitarios. “Si la maduración normalmente de un proyecto puede llevar más de un año, tenemos que acelerarlo, tenemos que reducirlo un tercio. Y eso implica una gran organización del Gobierno”, dijo el Secretario Marcelo Ebrard en la instalación del comité de promoción de inversiones de la Ciudad de México, con asistentes como Tamara Caballero, del Grupo financiero Multiva o Víctor González Herrera, de las Farmacias Similares.

En medio de la preocupación por la tensa relación comercial con Estados Unidos, un aumento sostenido de la inversión extranjera directa (IED) ha sido una tabla de salvación para la economía mexicana. Apoyada también en un récord de exportaciones hacia su combativo vecino del norte, el país logró esquivar por la mínima la recesión el año pasado. La reforma judicial y los elementos de inseguridad, extorsión y crimen organizado también pesan en la planificación. En este extorno, los analistas comienzan a detectar señales de desgaste, con flujos que reflejan más bien la continuidad de operaciones ya instaladas, antes que un crecimiento significativo de nuevas inversiones. Para el tamaño y el potencial de la segunda economía de América Latina, los montos resultan insuficientes.

De ahí la importancia de incentivar tanto a inversionistas locales como extranjeros a realizar nuevas apuestas. Para algunos, no obstante, el plan de la mandataria plantea una interrogante clásica: ¿qué viene primero, el huevo o la gallina?

“Las variables que más pesan para que las empresas se sientan confiadas a la hora de invertir son la seguridad, la energía y la infraestructura”, señala Juan Francisco Torres Landa, socio mercantil y financiero del despacho Hogan Lovells, cuya práctica se centra en asesorar a empresas extranjeras que buscan establecerse en el país. “Me encantaría decir que la actividad es boyante y que las decisiones de negocio se están dando una tras otra, pero México enfrenta un reto formidable. Mientras estas condiciones no se consoliden, es difícil que las empresas hagan planeación de mediano y largo plazo, e incluso en el corto plazo”, concluye.

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