El primer día de Gertz Manero en la embajada mexicana en Reino Unido, una sede marcada por los escándalos
El exfiscal general acaba de tomar posesión de su puesto en Londres, tres meses después de su ratificación


El exfiscal general Alejandro Gertz Manero ha llegado este jueves a la embajada de México en Reino Unido, donde le espera una estela de denuncias y acusaciones de mala gestión de recursos y de la relación con el país europeo, heredada de su predecesora Josefa González-Blanco. Gertz Manero, de 86 años, ha aterrizado en la legación diplomática en Londres casi tres meses después de haber sido ratificado por el Senado para su nuevo cargo y toma la posta de un embajador de carrera que asumió la responsabilidad de forma interina con el objetivo de poner orden ante los escándalos denunciados. Pero en la misma semana en que Gertz Manero volaba a la capital británica, una nueva polémica veía la luz debido a la estancia de al menos seis meses del hijo del excanciller y hoy secretario de Economía, Marcelo Ebrard, en la sede diplomática con mayordomo y cocinera para su atención.
“Estos escándalos son el reflejo de años de malos manejos”, asegura una exempleada de la representación. La gestión de González-Blanco ya sumaba al menos 16 denuncias por acoso laboral y señalamientos por haber deteriorado las relaciones diplomáticas con Reino Unido. La exembajadora salió de manera definitiva el 14 de febrero de la legación, a pesar de que el exfiscal general había sido ratificado como nuevo embajador por el Senado el 26 de enero, tres semanas antes. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó el 17 de febrero en su conferencia matutina que el ex fiscal ya se encontraba trabajando en Londres, pero en realidad solo había comenzado a abordar algunos asuntos como embajador de forma remota. Voló este jueves.
De acuerdo con el Reglamento del Servicio Exterior, los funcionarios tienen hasta 60 días después de recibir la orden de traslado —que no es la misma fecha en que reciben su nombramiento en el Senado—, por lo que el exfiscal general está dentro del plazo. Josefa González-Blanco, en 2021, tardó un mes desde su ratificación hasta su llegada a Londres.
En la embajada que recibe ahora a Gertz Manero como nuevo máximo responsable, permanece la mano derecha de la exembajadora, Fernando Gutiérrez Champion, un funcionario que fue señalado por los 15 testimonios recabados por EL PAÍS como el artífice, junto a Josefa González-Blanco, de los excesos y abusos que ocurrieron dentro de la representación durante su gestión. Gutiérrez Champion ha mantenido el rango de consejero, el tercer escalafón más alto. “Las asignaciones a dedo las pueden terminar cuando Cancillería quiera, a Fernando se le vence el nombramiento hasta junio, pero si la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) quisiera, ya podría haberlo sacado”, plantea una fuente de Exteriores.
En cuanto a las denuncias interpuestas en contra de González-Blanco, han quedado bajo reserva por cinco años por decisión del Comité de Ética y la Dirección General de Recursos Humanos, ambas unidades de la Secretaría de Relaciones Exteriores. “Se estaría revelando información de naturaleza confidencial, (…) situación que se traduciría en una vulneración a su intimidad, prestigio y buen nombre”, respondieron a EL PAÍS ante una solicitud de información de transparencia.
Dos días después de la salida de González-Blanco, el embajador de carrera Joel Hernández llegó como Jefe de Cancillería y asumió la cabeza de la sede diplomática de manera interina. De acuerdo con una fuente de Exteriores recibió un mensaje claro “de ir a poner orden”. Al menos hasta la llegada del siguiente titular. La experiencia de Hernández, jurista y diplomático de carrera desde 1992 con rango de embajador desde 2008, contrasta con las credenciales de Gertz Manero, quien llega a Londres sin experiencia en el servicio exterior y cinco meses de su salida forzada de la fiscalía por decisión presidencial.
Con Hernández, la agenda de la embajada se ha reactivado y enfocado en la relación bilateral con Reino Unido. Sin embargo, el personal continúa mermado y desgastado como consecuencia de la salida de más de 40 empleados durante la gestión de González-Blanco.
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