La embajada en llamas que le espera a Gertz
La nueva oficina del veterano exfiscal parecía una última misión apacible, pero su antecesora deja una estela de 16 denuncias de acoso laboral, acusaciones de corrupción y de haber apagado la relación bilateral


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A los 86 años, uno de los viejos lobos de la política mexicana aterrizará en la Embajada en Londres del país norteamericano. El acuerdo de salida del poderoso exfiscal general Alejandro Gertz Manero incluía una plaza diplomática “en un país amigo”. Fue de los pocos detalles que se conocieron de un movimiento muchas veces anticipado, pero que nunca parecía que se fuera a consumar del todo. A Gertz todavía le quedaban tres años en el cargo y solo la presión de la presidenta consiguió llevar a buen puerto una salida pactada. Con puestos de peso desde los Gobiernos de hierro priistas de los setenta, su paso por la Fiscalía ha sido sinuoso. Denuncias de tráfico de influencias, expedientes estancados, filtraciones, choques internos y una sensación extendida de impunidad. Tras tanto ruido, su nueva oficina en el elegante barrio de Mayfair parecía una última misión apacible.
Pero lo que Gertz se va a encontrar no va a ser ninguna balsa de aceite. Su antecesora, Josefa González-Blanco, deja el puesto con una estela de 16 denuncias de trabajadores, que la acusan de hostigamiento laboral, malos manejos de recursos y de haber apagado la relación bilateral con el Reino Unido. Desde 2021, al menos 40 trabajadores han salido de la Embajada, entre renuncias y rotaciones a otras representaciones, lo que ha dejado la oficina con menos de la mitad de la plantilla. Todo esto, en un contexto en el que Reino Unido es el quinto país con más mexicanos fuera de México y en una oficina que también funciona como representación de México para varios organismos internacionales: la Organización Marítima Internacional (OMI), la del Azúcar (OIA) o la del Café (OIC).

Una investigación de más de seis meses de mis compañeras Beatriz Guillén y Almudena Á. Herrerías constató, con los testimonios de siete trabajadores y extrabajadores, el severo deterioro en el que se encuentra la embajada. “Todos nos dicen que el acoso atravesaba toda estructura de una Embajada muy caótica”, me cuenta mi compañera Guillén, que a raíz del reportaje ha recibido una catarata más de fuentes, más de una decena, que han contactado con este diario para contar su historia. Todos aseguran, además, que ya era una plaza complicada antes de la llegada en 2021 de González-Blanco, a la que acusan de “maltrato sistemático”, una embajadora que utiliza los recursos de la representación “solo para promocionar su imagen personal” y que ha “destruido las relaciones bilaterales con Reino Unido. Ella no habla con nadie. No hay relación política ni académica”. En definitiva, sostienen: “Somos un barco a la deriva, donde Josefa hace lo que se le da la gana”. González-Blanco, con quien también hablaron mis compañeras, se limitó a negar las acusaciones y a pedir prudencia ante las investigaciones en desarrollo.
Antes de ella, la Embajada estuvo dos años sin representante. De hecho, durante todo el proceso de salida de la Unión Europea, el Brexit, la representación mexicana estuvo encabezada por un encargado de negocios. “Ha perdido mucha importancia, pero siempre fue una embajada muy prestigiosa dentro del circuito diplomático”, apunta una de las fuentes de la investigación. Las denuncias han sido también respaldadas por una auditoría del Órgano Interno de Control (OIC), dependiente de la secretaría de Buen Gobierno. En agosto de 2025, reveló un sinfín de irregularidades, deficiencias e incumplimientos en el manejo de recursos y personal en la embajada.
Los resultados preliminares, a los que también han accedido mis compañeras, reprobaron con una puntuación de 2 sobre 5 la gestión de Josefa González-Blanco, “al ser el control interno parcial, heterogéneo e informal, con debilidades críticas en todos los componentes”. Los auditores también apuntan a que dentro de la Embajada “la información contable y financiera no es confiable”, tampoco la relativa a los pagos, a los bienes, al personal o a los accesos.
Ese es el panorama con el que se encontrará al llegar el veterano y polémico Gertz. La situación en el servicio exterior mexicano es frágil y con titulares normalmente nombrados a dedo por el Gobierno en turno. Así está Quirino Ordaz como embajador en España, Omar Fayad en Noruega o Esteban Moctezuma en Estados Unidos. A todos ellos los eligió el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, quien nombró a 30 titulares por motivos políticos.
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