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Oliver Laxe apura la carrera de ‘Sirât’ hacia los Oscar: “No estoy nervioso porque sé que no voy a salir a recoger un premio”

El director y el equipo del filme español, nominado a mejor película internacional y mejor sonido, se preparan para la gala de este domingo tras pasar meses en Hollywood entre alabanzas de compañeros y espectadores

El cineasta Oliver Laxe, director de 'Sirât', durante una charla con los medios en Los Ángeles, el 14 de marzo de 2026, dos días antes de los Oscar.Octavio Guzmán (EFE)

Con sabor agridulce, el cineasta español Oliver Laxe ya ve el final del camino. Cansado, vestido con traje de rayas y camiseta de David Lynch, apura sus últimas horas en un Hollywood que le ha tratado infinitamente mejor de lo esperado, a él y a los suyos. O más bien, a las suyas. Su aplaudida película Sirât termina este domingo su andadura estadounidense con los premios Oscar, en los que está nominada en dos categorías: mejor película extranjera y mejor sonido, en este caso para Laia Casanovas, Yasmina Praderas y Amanda Villavieja, el primer equipo femenino en 98 años de historia de los galardones en lograr una candidatura en este apartado. Laxe saldrá de Hollywood con honores, aunque no se lleve ningún premio. Él dice con buen sabor de boca: “Me he sentido abrazado”.

La promoción de la película ha sido intensa; nadie llega a los Oscar solo con talento, sino que hace falta una poderosa maquinaria detrás para lograr visibilidad, nominaciones y premios. En el caso de Laxe, de 43 años, partió de España con el apoyo de Movistar Plus+; después, Cannes fue un enorme impulso, y ya en Estados Unidos la distribuidora Neon apostó por su filme y triunfó. La empresa tiene en cartera cuatro de las cinco nominadas a mejor película internacional: además de Sirât, también Valor Sentimental y El agente secreto (empatadas como favoritas en la categoría) y la iraní Un simple accidente; solo les falta La voz de Hind.

Con ese soporte, Laxe ha ido cultivando admiradores en Hollywood. En un panel el viernes noche en la sede de la Academia de Cine junto a sus colegas de candidatura, el cineasta iraní Jafar Panahi le preguntaba cómo había logrado “hacer de una historia tan poco creíble algo tan creíble”. Por su parte, el noruego Joachim Trier aseguraba de él que Laxe es “un buen tipo” y que todos ellos habían ido “desarrollando una amistad” en estos meses “como compañeros de viaje”, alabando la película como “algo hipnótico”.

De ahí que el domingo, gane o pierda, al cineasta le tocará pasearse por al menos tres fiestas: la del Baile del Gobernador, en la azotea del Dolby; la de Neon, para saludar a sus compañeros; y la organizada por Egeda y el ICAA, en un restaurante cercano con abundante comunidad española.

“Estoy feliz de cerrar aquí una etapa que empezó en Cannes”, contaba a EL PAÍS Laxe en una charla en otro restaurante, esta vez catalán, al oeste de Los Ángeles, 48 horas antes de la gala. “Ya tenemos horas de vuelo, muchas galas, muchas recepciones, con la misma gente. Me preguntan: ¿a quién te apetece ver? Pero llevamos seis meses aquí juntos, me apetece ponerle el lazo ya a Sirât", relata el director, tranquilo y sonriente. "Cero quejas, ¿eh? Todo con gratitud, ha sido increíble. He estado viajando con la peli por los Estados del interior, he ido a Austin, a Nashville... Sigue siendo súper bonito, me sigue encantando compartirla, entrar en una sala de cine y ver la electricidad...”, comenta, haciendo referencia al entusiasta público estadounidense, que suele ser más expresivo que el de las salas europeas.

Pero también reconoce: “Estoy cansado de las galas. Estoy cansado de las entrevistas... Me disculpáis, es con mucho cariño”, ríe. Se justifica, sabedor de que sus palabras suelen malinterpretarse, reafirmando lo logrado con orgullo. “Medio millón de espectadores en España, seis Goyas, ha sido preciosa la comunicación con la cinefilia, con vosotros [los periodistas]. Cero quejas. Mi personaje público ha trascendido. Mi cine quizá sí es para todos los públicos, pero yo no, no soy para todos los públicos. Pero contento”, sonríe.

De los últimos 10 meses, el director ha pasado apenas 30 días en su casa. En el último par, ha estado en ruta por Norteamérica, desde Nueva York a Chicago, pasando por etapas de reflexión y escritura de su nuevo proyecto en Los Ángeles; dice que ya tiene “imágenes”. “Obviamente hay ofertas, hay proyectos, muchos productores de los que no puedo decir nombres, pero que quieren trabajar, actores y demás. Pero sobre todo, lo que es bonito es que lo que me piden es mi cine. No quieren que me adapte. Es como: ‘Danos más de tu movida”. Él asegura que hacer promoción no es tan duro, que lo complicado es “tener la película en la cabeza y toda la angustia que eso genera”. Pero en realidad, tiene ganas de volver a sentir ese vértigo: “Desgraciadamente, sí. Soy incorregible”.

Nervios tiene pocos, confiesa. "No estoy tan nervioso porque sé que no voy a tener que salir a recoger un premio. Y eso alivia en parte". Si por alguien está contento es por Casanovas, Villavieja y Praderas. Ellas, aunque tampoco lo tienen fácil (aparecen, en general, como terceras en las apuestas de su categoría, con F1 liderando), tienen más papeletas. Casanovas es la que más tiempo ha pasado viajando, con estancias en Los Ángeles, pero también por San Francisco, Nueva York, Toronto, la verde Vancouver... “Pues no pude ni verla, llegué a las seis de la mañana y me fui a las seis de la tarde”, ríe.

El ritmo no ha sido fácil, pero ahora prima la ilusión. El viernes a mediodía, Yasmina Praderas las conmina a sentarse a poner en común un pequeño discurso de agradecimiento, por si acaso: “Nos urge ya ponernos las pilas en este tema". En el almuerzo de nominados del pasado febrero, Lynette Howell Taylor, presidenta de la Academia de Cine, pidió a los nominados que tuvieran unas palabras preparadas. “No digas que no te lo esperabas. Tienes una probabilidad entre cinco de ganar el premio a la mejor película”, advirtió. Y ellas —que estuvieron presentes en ese almuerzo, como recuerdan, bien cerquita de Leonardo DiCaprio y charlando con Guillermo del Toro— seguirán sus instrucciones.

Retrato de los nominados de los 98º premios Oscars, en el almuerzo anual ofrecido por la Academia de Cine celebrado en Beverly Hills, California, el 10 de febrero de 2026.

En estos días, han vivido un mundo de fantasía, con cenas, recepciones y selfis entre Paris Hilton y Jane Fonda. Se han sentido cómodas, queridas, integradas. Nada de síndrome de la impostora: han ido encontrando su espacio y haciendo bandera de su trabajo. Además, no todo es brillo y superficie. “Hemos tenido muchos feedbacks positivos”, cuenta Casanovas. “Nos están remarcando mucho que es una peli muy distinta”, reconoce Praderas. ¿Y surgen oportunidades laborales? Sobre todo, cuentan, surgen nuevas miradas, aprendizajes a la hora de trabajar. “He visitado algunos estudios de sonido y se me ponen los dientes largos al ver estas salas gigantes de mezclas”, ríe Casanovas, que también se ha dado cuenta de que todos, con más o menos recursos, tenían “los mismos problemas y la misma pasión en común”.

Con sus hermanas (Casanovas y Villavieja) y sus parejas (Praderas) acudirán a la gala del domingo. Antes, llamarán a casa, engalanadas, para saludar a los suyos por videollamada. “Es muy bonito ver que se van a despertar a las cuatro de la mañana para ver los Oscar, cuando a lo mejor no los han visto en la vida, con ganas de acompañarte desde la distancia”, afirma Praderas, con sus compañeras al unísono.

Laxe tampoco ha visto nunca unos Oscar, reconoce. Pero estar en ellos le hace “mucha ilusión por la gente, por el equipo”. Gracias a las dos nominaciones, y tanto por cortesía de la Academia como previo pago, han logrado 16 entradas. Les acompañarán su equipo (sobre todo de Movistar), sus seres queridos, personas especiales cercanas a ellos. Y se llevarán la experiencia, pero quien sabe qué más en el futuro. “Tienen mucho olfato aquí, saben reconocer un artista”, asegura. “Me han reconocido como tal. Me llevo la oportunidad de poder construir un caballo de Troya con mi siguiente película”. ¿Pero no era esta el caballo de Troya? Él, agotado, sonríe, sin dar más pistas.

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