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Las últimas horas de Alejandro Gertz Manero en la Fiscalía

EL PAÍS reconstruye los disensos entre el exfiscal y Palacio Nacional, gestados durante meses, y que culminaron con su fulminante remoción de la FGR y su partida a la Embajada de México en Reino Unido

La agónica caída de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía

Cuando la presidenta, Claudia Sheinbaum, tomó la decisión irrevocable de remover de la cabeza de la Fiscalía General de la República (FGR) al influyente Alejandro Gertz Manero, un obstáculo se atravesó. El bloque gobernante, formado por Morena, PVEM y PT, estaba incompleto en el Senado, la cámara que debía procesar el cese. Unos 14 senadores estaban fuera de México, y hubo que echar mano de sus suplentes para formar la mayoría necesaria. El movimiento implicó dar licencia a los legisladores titulares y convocar a sus suplentes a jurar al cargo temporalmente. Solo se requería que aceptaran la salida que Gertz, de 86 años, puso sobre la mesa, presionado desde Palacio Nacional. Cinco fuentes del Gobierno, el Senado y la FGR relatan a EL PAÍS cómo se gestó la caída de Gertz, marcada por las espectaculares horas finales, pero que se fue preparando tras meses de desgaste y tensiones directas entre el exfiscal y Sheinbaum. Para la mandataria, según uno de sus colaboradores, la lentitud de la Fiscalía de Gertz en el proceso de asuntos criminales puso en riesgo la estrategia de seguridad e incluso la relación con Estados Unidos.

El encargo de Gertz al frente de la FGR duraba hasta 2029. El movimiento de la pinza legislativa para removerlo se acordó el miércoles 26 de noviembre en una reunión entre Adán Augusto López, entonces coordinador de los senadores morenistas, y Sheinbaum en Palacio Nacional. En la negociación participaron Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, y Ernestina Godoy, la entonces consejera jurídica de la presidencia y hoy fiscal general en lugar de Gertz. López recibió la instrucción de remediar la falta de quorum oficialista echando mano de los senadores suplentes. Para no poner nada en juego, también se le encomendó ir a buscar apoyo de aliados fuera del bloque oficialista, en el PAN, el PRI y MC. Godoy y Rodríguez hicieron los contactos, pero las pláticas no prosperaron. Estos partidos votaron en contra de la renuncia de Gertz que, de acuerdo con la Constitución, únicamente es procedente por causas graves. El bloque oficialista consiguió finalmente los votos necesarios dentro de sus propias filas y la salida del fiscal se consumó el jueves 27 de noviembre, con 74 votos a favor y 22 en contra.

La tarde de aquel día, antes de la votación, se hizo pública una carta que, supuestamente, el propio fiscal había elaborado para enviarla al Senado. La breve hoja decía que Sheinbaum le había “invitado” a irse a una embajada y que él había aceptado. En ese momento no se sabía que se trataba de la embajada de México en el Reino Unido. Se habló de un destino en “un país amigo”. El oficialismo argumentó que el hecho de que Gertz hubiese aceptado esa “invitación” mientras estaba en la Fiscalía era causa suficiente para aceptar su dimisión. La realidad es que la carta no fue redactada por Gertz. Según las fuentes, se hizo en Palacio Nacional.

Ernestina Godoy y Rosa Icela Rodríguez llevaron la carta personalmente al funcionario a su oficina en la sede de la FGR, en Santa Fe, en el caótico poniente de Ciudad de México, para que la firmase. Eso ocurrió al medio día del jueves 27 de noviembre. Mientras, en el Senado, Adán Augusto hacía los arreglos para garantizar la mayoría. Este periódico envió consultas por separado al ya excoordinador morenista y a la ahora fiscal para conocer su versión de la historia. A Gertz se le buscó en reiteradas ocasiones a través de un intermediario. Los tres involucrados no atendieron la petición de comentarios.

Gertz se atrincheró en su oficina alrededor de cinco horas, intentando operar políticamente con senadores del oficialismo y la oposición para impedir su remoción, dice una de las fuentes legislativas consultadas. Cuando, desde el Senado, Adán Augusto avisó de que todo estaba listo para dar trámite formal al asunto, Godoy ordenó a su equipo comenzar a tomar las oficinas de las distintas áreas de la Fiscalía —que pasarían a quedar bajo su mando—. Gertz no solo tenía que aceptar los términos en que se comunicaba su salida, sino que debía, además, nombrar allí mismo a Godoy como titular de la fiscalía de Control Competencial, para que ella pudiese, en el instante en que se hiciera efectiva la salida de Gertz, tomar las riendas de la institución como encargada de despacho. Fue desde esa posición que Godoy comenzó a remover a los funcionarios cercanos a Gertz de las carteras clave y reemplazarlos por personas de la confianza de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal, en quien Sheinbaum ha depositado la conducción de la estrategia contra el crimen organizado.

La caída, en cámara lenta

Las fuentes en el Senado y el Gobierno federal señalan que la salida de Gertz era cuestión de tiempo. El hoy embajador de México ante Reino Unido había llegado a la FGR por un periodo de nueve años gracias al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo postuló para el cargo. Dos de las personas consultadas señalan que, al tomar posesión de la presidencia, Sheinbaum se comprometió a mantener a Gertz al menos un año más. El entendimiento vino luego de que, tras el triunfo arrollador de Morena en las elecciones de 2024, Gertz comenzó a contactar a los partidos de oposición para buscar un apoyo en el Congreso, revelando que no contaba con que la flamante mandataria le permitiese continuar en el cargo. La presidenta envió entonces a uno de sus colaboradores a hablar directamente con el fiscal para tranquilizarle y asegurarle que su permanencia no estaba en duda.

Al menos de momento, eso era cierto. Después llegaron los roces entre la Fiscalía y el Gabinete de Seguridad, donde se procesan los casos más explosivos relacionados al crimen organizado. Sheinbaum pidió al fiscal estar presente en las reuniones del Gabinete en Palacio Nacional. Era un contraste con López Obrador, quien no convocaba al funcionario para cuidar la imagen de “autonomía” de la FGR. Gertz asistió con regularidad a inicios de este sexenio, pero después dejó de ir, alegando problemas de salud, y en su lugar envió a un representante. La presidenta lo consideró como un gesto de falta de compromiso que afectaba su coordinación con el Gabinete de Seguridad.

Lo que para el fiscal era dar el tiempo justo a las investigaciones y los expedientes, conforme a los plazos del debido proceso, para Sheinbaum eran dilaciones. Este periódico contó uno de esos desencuentros, a propósito del caso Teuchitlán, cuando Gertz retrasó la petición de la presidenta para que la FGR atrajera la investigación. El fiscal consideraba el asunto políticamente problemático. En el prontuario de las presuntas faltas de Gertz, a juicio de Palacio Nacional, destaca el hecho de que la Fiscalía, supuestamente, se demoraba mucho en acusar ante los jueces a las decenas de criminales capturados en flagrancia por el Gabinete de Seguridad, lo que abría la puerta a su liberación.

Según las fuentes consultadas por EL PAÍS, Sheinbaum demandó abiertamente al fiscal su renuncia en agosto de 2025. Este le pidió un mes para preparar su salida, en septiembre, al arranque del curso legislativo. Al vencerse el plazo, el funcionario pidió un mes más, argumentando que necesitaba terminar de cerrar asuntos pendientes. Al llegar noviembre, Gertz no dejaba el puesto. Sheinbaum tenía bajo el brazo un plan B, para usarlo en caso necesario: la reforma a las fiscalías. El borrador de esa iniciativa, de la que EL PAÍS dio un adelanto, implicaba suprimir la “autonomía” de los fiscales y volverlos subordinados del Ejecutivo. Palacio Nacional preparó un borrador que implicaba barrer a los titulares de todas las fiscalías de inmediato, incluido Gertz.

El proyecto permaneció guardado mientras el Ejecutivo intentó colonizar paulatinamente la FGR. Esta estrategia suponía el ascenso de César Oliveros, fiscal especializado en los delitos de robo de hidrocarburos (huachicol), un incondicional de García Harfuch, a la poderosa fiscalía de combate al narcotráfico, la FEMDO, ocupada por Alfredo Higuera Bernal, cercano a Gertz. Sin embargo, el fiscal frustró el salto de Oliveros, aduciendo que había una indagatoria pendiente en su contra en la propia Fiscalía, según funcionarios de la FGR con conocimiento de la investigación. Cierto o no, el bloqueo a Oliveros duró unas cuantas semanas. El derrocamiento del fiscal le abrió las puertas de la FEMDO, donde Godoy le designó formalmente el 28 de noviembre —un día después de la separación de Gertz—. Godoy hizo otro nombramiento para consolidar el dominio de García Harfuch en la Fiscalía, con la designación de Héctor Elizalde, otro de sus incondicionales, al frente de la poderosa Agencia de Investigación Criminal (AIC).

La caída final de Gertz estuvo antecedida por movimientos que desde Palacio Nacional se juzgaron erráticos. A las filtraciones a la prensa de expedientes polémicos se sumó la polémica protección en torno al magnate Raúl Rocha Cantú, dueño de Miss Universo implicado en una conspiración criminal de huachicol y tráfico de armas. Las fuentes coinciden en que la decisión de convertir a Rocha en colaborador a cambio de inmunidad molestó mucho al interior del Gabinete de Seguridad. No fue, sin embargo, lo que marcó el destino de Gertz. El fiscal comenzó a pisar terreno peligroso. Como parte de la investigación de la FGR sobre el huachicol fiscal, la trama de corrupción que involucraba a la Marina en las aduanas, Gertz valoró acusar a muy altos mandos de esa dependencia. Por su nivel, implicarlos en la conspiración daría un golpe muy grave al corazón de Morena y el movimiento lopezobradorista. Controlar esa crisis iba a requerir unos recursos políticos enormes, en un momento en que atender otros conflictos internos y externos —el narco, Trump— era más urgente y necesario. Con el golpe en la FGR, se contuvo más de un problema.

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