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Los maestros desquician la capital con bloqueos sobre Paseo de la Reforma

El segundo día de paro de la CNTE golpea a comerciantes, automovilistas y peatones que han visto obstaculizadas sus actividades

Miembros de la CNTE bloquean Paseo de la Reforma, este jueves.Emiliano Molina

La calma que reina sobre Paseo de la Reforma un jueves a medio día resulta extraña. Sin carros que transiten la -normalmente- concurrida avenida, y sin señales del metrobús por ninguna parte, los bicitaxis han tomado la calle y se ocupan en trasladar a quienes buscan abandonar esta burbuja. Las motos, desesperadas por seguir su camino, han invadido las banquetas y circulan junto al peatón que es, como siempre, el más vulnerable en una ciudad donde se impone la ley de la selva. Los bloqueos realizados desde la mañana por la CNTE han puesto en jaque a comerciantes, automovilistas y transeúntes por igual, cuyas actividades se han visto interrumpidas por el caos generalizado.

Yasmani Olmos, un comerciante de 25 años que regenta una pequeña papelería cerca del Monumento a la Madre, afirma que los manifestantes obstaculizaron su recorrido desde Iztapalapa: “En el tráfico sí nos afecta demasiado. Normalmente hacemos una hora y diez y con los bloqueos hacemos casi dos horas”. Las movilizaciones también perjudican su negocio. “Baja mucho la gente y, sobre todo, la gente viene muy estresada y a veces se desquitan con nosotros”, comparte. Yolanda Juárez, una empleada de la construcción de 46 años, cuenta que llegó tarde a su trabajo por las protestas. “Yo siento que lo deberían de hacer, no sé, en otro horario. Ahorita muchos trabajamos y a veces nos regresan del trabajo. Yo sé que a lo mejor tienen cosas que pedir, pero también nos afectan”, comenta.

La inusual tranquilidad de Reforma contrasta con la rabia de los conductores que, en las calles aledañas, se encuentran atascados en filas interminables de carros que no avanzan. Cada vuelta que dan termina en un nuevo pasaje cerrado que imposibilita su paso y los condena a seguir en el tráfico. Ni sus súplicas a los policías que acordonan el área surten efecto para cruzar una insignificante distancia que hoy se antoja imposible. “Mira qué desmadre están haciendo estos cabrones”, se escucha decir a un viandante en Río Misisipi. Ni siquiera una ambulancia, cuya sirena avisa de la urgencia, logra salir del embrollo que paraliza el tránsito sobre las arterias viales paralelas a Reforma.

Ajenos al desconcierto que impera a su alrededor, los maestros bloquean los cruces de una de las avenidas más importantes del país. Sentados en sillas plegables, con gorras para protegerse del sol, algunos docentes observan con indiferencia el horizonte. Otros deslizan sus dedos sobre su celular y ven sus pantallas para pasar el tiempo. En la glorieta de la Diana Cazadora, una treintena de ellos arma una improvisada reta de fútbol. Mientras las porristas vociferan frases como “secciones unidas jamás serán vencidas” o “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”, la desesperación se apodera de algunos automovilistas que salen a toda prisa de los estacionamientos ubicados cerca de ahí. El grito de un ciclista que pasa por el lugar interrumpe la fiesta del grupo: “Pónganse a trabajar, culeros”.

Andrea Carelli, de 25 años, muestra su enojo por tardar casi dos horas en un trayecto que normalmente completa en 25 minutos. “Quería ir a Chapultepec, pero terminé aquí. Ya me tienen harta. Van dos veces que quiero ir a pedir oportunidad para mis prácticas profesionales y las dos veces no puedo llegar al lugar porque están con sus tonterías”, expone. La joven, que se mueve en motocicleta, tuvo que dejarla en la colonia Juárez para cruzar Reforma. “En esta ocasión sí se pusieron más intensos, y peor aún con las pertenencias de la gente. Quiero pasar en moto sin molestar y te amenazan con que no puedes pasar o te van a dañar la moto”, denuncia.

En los restaurantes de la zona, el panorama es desolador. Comercios que alrededor de la una y las dos de la tarde estarían llenos, este jueves se encuentran vacíos. Marcos Gómez, un trabajador de 50 años de un restaurante coreano, se queja de los bloqueos. “Afectan mucho porque ahorita no hay clientes. Cuando está bloqueado así, esto se muere”, suelta. Pero también están los que se benefician de las interrupciones a la circulación: los ciclotaxis. Estas pequeñas unidades no tienen problemas para atravesar los cortes sobre Reforma. Cristian García, uno de sus conductores de 28 años, narra que este tipo de situaciones les conviene porque tienen más trabajo. Pero matiza: Si nos llevamos un viaje para allá [señala después del Ángel], sí nos afecta porque está atascadísimo todo".

Entre la exasperación de los conductores y el cansancio de turistas que arrastran sus maletas para llegar a su destino, los maestros han convertido la capital del país en un laberinto que parece no tener salida. La segunda jornada del paro nacional de 72 horas, que anunciaron en días pasados para exigir la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la reforma educativa, transcurre sin conectar con una ciudadanía molesta, y a falta de un día más de movilizaciones.

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