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Conquista América
Opinión

El ‘poder blando’ acerca a España y México

El Rey Felipe VI reconoció los “abusos” de la Conquista delante de la sacerdotisa de Palenque, o la poderosa gobernante huasteca de Amajac

El Rey Felipe VI en el Museo Arqueológico Nacional.Casa de S.M. el Rey

Mientras sonaba el trío de Schubert en mi bemol, André Malraux inclinó la cabeza hacia el oído derecho de Jacqueline Kennedy, que para esa noche había eligido un vaporoso traje rosa de Christian Dior. Un guiño a la alta costura francesa durante la cena de Estado que los Kennedy ofrecieron en la Casa Blanca al político y escritor galo. Era el 11 de mayo de 1962. Pronto estallaría la crisis de los misiles en Cuba y la Guerra Fría partiría el mundo por la mitad. Estados Unidos no se fiaba del todo del programa nuclear francés y el presidente, Charles de Gaulle, envió a su prestigioso ministro de Cultura a que susurrara una palabras al oído de la primera dama: Je vais vous envoyer ‘La Joconde’ (“le voy a enviar La Gioconda”). Qué mejor embajador para dar confianza que un símbolo de los valores occidentales y, a la vez, qué mejor forma de remarcar superioridad, al menos, cultural.

Aquella cena fue un éxito político y uno de los hitos del llamado soft power (poder blando), un término que inventó un exsecretario de Defensa estadounidense en los noventa -enterrada la Guerra Fría- para definir la capacidad de influencia de un país más allá de su fuerza económica o militar. Es decir, que Hollywood podía ser igual o más efectivo que un portaaviones a la hora defender los intereses estadounidenses por el mundo. No vivimos desde luego en el mejor de los tiempos para el poder blando, con Trump imponiendo a cañonazos la ley del más fuerte. Pero la persuasión sigue siendo una herramienta muy utilizada en las relaciones internacionales, como han demostrado México y España en los últimos meses.

Las relaciones diplomáticas llevaban prácticamente rotas desde 2019, a raíz de la polémica carta del expresidente Andrés Manuel López Obrador pidiendo un gesto de perdón al Rey Felipe VI por la Conquista y el rechazo de la carta por parte del Gobierno español. Cuando ganó Claudia Sheinbaum hace dos años, no invitó al Rey a su investidura, a la que tampoco acudió ninguna comitiva del Ejecutivo español. Pero algo cambió con la nueva presidenta. En una entrevista reciente con este diario, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel, me contó que desde el primer día empezaron los contactos con su homólogo español para sondear una posible exposición potente sobre arte indígena en España. Así nació La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, organizada a medias por una comisión binacional en tres sedes de museos madrileños.

La exposición fue el escenario del primer paso de acercamiento, cuando el ministro de exteriores español habló el año pasado de “injusticia y dolor” durante la colonización. Pero apenas una semana antes, la secretaria Curiel ya había enviado un mensaje premonitorio en un evento de la UNESCO en Barcelona que fue abonando el terreno. Antes habían llegado también los premios Princesa de Asturias para México, la Feria del Libro de Guadalajara (FIL) invitando a Madrid y Barcelona, o México brillando en la feria del turismo de Madrid. Todo eso hasta que este lunes el Rey Felipe VI reconoció los “abusos” de la conquista delante de las pequeñas terracotas olmecas que representan a las ancianas de la Costa del Golfo, de la la sacerdotisa de Palenque, o la poderosa gobernante huasteca de Amajac representada en una roca caliza de más de dos metros de altura.

Sheinbuam respondió reconociendo el “gesto de acercamiento” y deslizando que ya estaba en marcha el deshielo diplomático, a unos meses de que arranque el Mundial más político que se recuerda. México compartirá sede con Estados Unidos mientras el mundo se incendia por la campaña neoimperialista de Trump, a la que se ha opuesto el presidente español, Pedro Sánchez. Hacer las paces con México también significa tender puentes con un aliado geopolítico, que mandó a Madrid a su propia Gioconda como inmejorable embajadora: Tz’aka’ab Ahaw, la Reina Roja de Palenque, una poderosa gobernante maya del siglo VII, cuyo ajuar funerario de jade y cinabrio rojo simboliza el poder, el refinamiento y la sofisticación de la herencia precolonial que desató una polémica enfriada por el poder blando.

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