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Anatomía de una bomba en la frontera: 250 kilos sin explotar abren una crisis entre Colombia y Ecuador

La historia de un artefacto que traspasó la frontera, acabó en los cultivos de unos campesinos y terminó escalando hasta convertirse en un choque diplomático

Operativo militar en Ecuador, cerca de Colombia, en el 6 de marzo.Ministerio de Defensa de Ecuador (EFE)

Pesaba 250 kilos, medía metro cincuenta y no hizo lo que se esperaba de ella: estallar. Lanzada, según los indicios, desde un avión militar ecuatoriano a principios de marzo, debía haber explotado sobre las cabezas de los narcos que actúan en la frontera, pero rebotó en el suelo. Se arrastró 300 metros, adentrándose en territorio colombiano, hasta que se detuvo entre cultivos de coca y plataneras. Nadie la vio caer, pero días después una familia campesina la encontró por casualidad. El hallazgo ha acabado provocando una agria disputa entre los presidentes de Colombia y Ecuador. Gustavo Petro acusó a Daniel Noboa de bombardear su país. Noboa lo negó y señaló su supuesta indolencia contra el narco. Los canales diplomáticos se silenciaron. Pero quizá la realidad no era tan épica. Ni tan bélica.

Esta es la historia de un artefacto explosivo del que nadie habría sabido nada si no hubiese llegado a Colombia, algo que hizo probablemente por accidente. Es la historia de una bomba que los locales de esta región del Putumayo mostraron —entre la sorpresa y el temor a que explotase— a los reporteros del The New York Times que trabajaban en esa zona fronteriza. A partir de ahí, la bomba empezó su verdadero recorrido: de los cultivos a los despachos, del terreno a los militares y, finalmente, al escritorio del presidente. Cuando la información llegó a Bogotá, ya no era solo un objeto inerte y oxidado de 250 kilos, sino el inicio de una crisis.

A pocos minutos de las siete de la tarde de este lunes, el ministro de Defensa de Colombia, Pedro Sánchez, cruzaba Bogotá a toda mecha para asistir al Consejo de Ministros. Llegaba tarde y llevaba una información crucial para el presidente Petro. Los periodistas del Times le habían contado su hallazgo: el tipo de artefacto, el lugar exacto, el riesgo de explosión. La información le llegó al presidente, que convirtió el episodio en noticia internacional al comentarlo ante todos sus ministros en una reunión televisada.

Petro se permitió salpimentar el relato y cargó contra Ecuador. También incluyó información no relacionada con la bomba —como el hallazgo de 27 cuerpos calcinados en enero en otra zona fronteriza— que no ha resultado ser como afirmó. “Están bombardeándonos desde el Ecuador y no son los grupos armados”, aseguró. “No queremos ir a una guerra”, añadió. Y en directo dio orden de esclarecerlo todo.

Petro tenía razón. La bomba no era colombiana y, por los contactos militares entre Bogotá y Quito, todo apunta a que se trata de material norteamericano usado por el Ejército de Ecuador. En público, la jerarquía castrense ha intentado ser prudente, pero Petro se les adelantó. Este martes por la noche certificó el origen ecuatoriano de la bomba en X. También lo ha hecho su ministro de Defensa en una entrevista con EL PAÍS.

A falta de un informe oficial, no parece haber muchas dudas sobre el origen. “Se encontró en la frontera con Ecuador y tengo la certeza de que no es colombiana… Blanco es, gallina lo pone, frito se come”, resume el comandante de la Fuerza Aeroespacial colombiana, Carlos Fernando Silva Rueda.

El propio Silva ha desgranado su teoría —no definitiva, precisó— ante los periodistas. Cuando una bomba no detona, explicó, deja de ser un arma y pasa a ser “una pesada masa” sometida a las leyes de la física. Puede rebotar. Puede deslizarse. Puede seguir avanzando. “Hay una posibilidad de algo que se llama rebote o ricochet”, señaló. Y eso es, según la hipótesis que manejan, lo que ocurrió: el artefacto impactó en territorio ecuatoriano y, al no estallar, continuó su trayectoria por inercia hasta cruzar unos metros la frontera. “Se ven las huellas de un arrastre”, dijo. “Es muy complicado moverlo… se necesitan muchas personas… no creo que una comunidad desee acercar un explosivo hacia los cultivos”, añadió.

Es raro, pero no es un fenómeno excepcional. Las llamadas municiones sin explotar forman parte de los protocolos militares internacionales precisamente porque, con cierta frecuencia, no cumplen su función.

Los detalles, para esclarecer cómo llegó hasta allí y por qué, se trataron en una reunión con la contraparte ecuatoriana este mismo miércoles. “Ecuador reiteró que no existió intención alguna de afectar el territorio colombiano e informó sobre lo acontecido”, ha asegurado el ministro en X. Sánchez aclaró que se trata de una de las bombas lanzadas por las Fuerzas Armadas de Ecuador el pasado 3 de marzo en un punto denominado La Isla, en Sucumbíos (Ecuador), a pocos metros de la frontera con Colombia. “El punto de impacto inicial de la bomba fue en territorio ecuatoriano, donde también se halló una espoleta de la misma”, afirmó. Una comisión técnica integrada por miembros de ambos países irá al lugar de los hechos para aclarar lo sucedido.

La familia que encontró el explosivo vive en una casa de campo a apenas unas decenas de metros. Contaron a The New York Times que lo descubrieron a principios de marzo, justo cuando el ejército ecuatoriano anunció bombardeos contra grupos armados en la frontera. Esos ataques forman parte de la estrategia de mano dura de Noboa, que se ha aliado con Donald Trump para ejecutar operaciones conjuntas mientras acusa a Colombia de indolencia frente al crimen.

Tras el aviso del Times al ministro de Defensa, un pelotón se apresuró a llegar a la zona. La principal preocupación era que el artefacto explotara: lo habría hecho con la fuerza de 87 kilos de TNT. La fragmentación de su carcasa de acero habría supuesto un peligro letal en un radio de hasta 230 metros, y riesgo para las personas hasta 580 metros, según el diario estadounidense. El martes por la tarde, expertos militares lo enterraron y lo detonaron de forma controlada. Fue el fin de la bomba, pero no de esta historia.

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Detonación controlada de bomba ecuatoriana en Colombia
Experto en explosivos neutralizaron la amenza. Foto: Ministerio de Defensa | Vídeo: EPV

Al final, el artefacto nunca explotó donde se pretendía. No mató a nadie, no destruyó nada y ni siquiera cumplió su objetivo militar. Pero cruzó una frontera y escaló un conflicto diplomático que ya venía arrastrándose desde enero. Dice Pedro Sánchez que ojalá el episodio sirva para destrabar los canales de comunicación con sus homólogos ecuatorianos, con los que no viven su mejor momento. Está por ver si lo logra. De momento, con los nuevos hallazgos, el tono de Petro se ha rebajado y Ecuador guarda silencio.

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