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Exilio
Opinión

Los restos de Matilde de la Torre regresan a España 80 años después de su muerte en el exilio en México

Una de las primeras diputadas en las Cortes de la Segunda República española dejó escrito en su testamento que quería regresar a Cantabria

Pedro Casares durante la exhumación de los restos de Matilde de la Torre en el Panteón Español, en Ciudad de México, el 5 de marzo de 2026.Diego Fernández González
Diego Fernández González

Los restos de Matilde de la Torre, escritora, periodista y una de las primeras diputadas en las Cortes de la Segunda República, han sido exhumados este jueves en el Panteón Español de Ciudad de México. El acto supone el primer paso para cumplir el deseo que la propia Matilde dejó escrito en su testamento: regresar algún día a Cabezón de la Sal, su localidad natal en Cantabria. Ochenta años después de su muerte en el exilio, el traslado de sus restos cerrará una historia marcada por la dictadura y la represión.

La iniciativa ha sido impulsada por el Grupo de Danzas Virgen del Campo, fundado por la propia Matilde en 1924 junto a la Coral Voces Cántabras. Desde hace años la agrupación trabaja para cumplir su deseo de regresar a su tierra. Gabriel Morante, director del grupo, explica que para ellos este momento representa el resultado de décadas de esfuerzos: “Es el día de nuestra vida, porque llevamos 80 años luchando por ello”, señala. El proyecto tomó forma tras años de gestiones entre asociaciones e instituciones que finalmente han hecho posible la exhumación.

El director del grupo recuerda que el año pasado ya viajaron a México para rendirle homenaje frente a su tumba en el Panteón Español. Aunque aquella visita fue también una promesa. “Vinimos el año pasado a bailarle, le pusimos una placa y le dijimos: el año que viene venimos a por ti”, relata. A partir de ese momento comenzaron las gestiones definitivas para realizar la exhumación. “Ha habido mucha burocracia, muchas llamadas”, explica Morante, aunque subraya la colaboración de la Asociación Montañesa de México, la Junta Española de Covadonga, la Embajada y el Consulado de España para hacer posible el traslado.

Durante el recorrido por los pasillos del Panteón Español, las gaitas del grupo musical fundado por Matilde hace más de 100 años acompañaban el avance de la comitiva. A su paso se sumaban los representantes institucionales que habían viajado desde España para asistir al acto. Entre ellos estaban Paz de la Cuesta, presidenta de la Asociación Matilde de la Torre; Pedro Casares, delegado del Gobierno en Cantabria; y María Jesús García, primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal. Desde México participaron también Marcos Rodríguez, cónsul general de España; Julio Gómez, presidente de la Asociación Montañesa de México; y Tomás Mier, presidente de la Junta Española de Covadonga.

Al llegar a la tumba, algunos miembros del grupo colocaron las banderas de Cabezón de la Sal y de Cantabria mientras otros preparaban los arreglos florales. Los operarios del panteón continuaban retirando los últimos restos de ladrillo y tierra que cubrían la sepultura. Los asistentes se situaron alrededor de la tumba, ya abierta tras tantos años de olvido, mientras el acto comenzaba en el silencio más absoluto que ofrecía el cementerio.

Nacida en 1884 en Cabezón de la Sal, Matilde de la Torre desarrolló una intensa trayectoria intelectual en una época en la que el acceso de las mujeres a la vida pública era todavía muy limitado. Escritora, periodista, pedagoga, folclorista y política, dedicó buena parte de su vida a promover la cultura y la educación. “Nace en un entorno rural, en una España donde las mujeres no eran nada, pero ella fue capaz, con su esfuerzo, de convertirse en escritora y llegar a ser diputada en las Cortes”, señala Paz de la Cuesta, presidenta de la asociación que lleva su nombre.

Su compromiso con la cultura también se reflejó en la recuperación del folclore cántabro. “Matilde fundó el grupo de danzas porque era folclorista; recopiló los bailes antiguos de Cantabria y ya en 1932 los llevó a actuar al Royal Albert Hall de Londres”, recuerda Gabriel Morante. Aquellas actuaciones sorprendieron al público inglés. “Les llamaba la atención ver cantar a hombres y mujeres con las manos llenas de callos de trabajar en el campo”. Ese era precisamente uno de los objetivos de Matilde: acercar la cultura al mundo rural, como también intentó desde la política con iniciativas como la creación de las Casas Campesinas en Cantabria.

Otro de sus proyectos más relevantes fue la Academia Torre, en Cabezón de la Sal, donde impartía clases de música inspiradas en los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza. Allí, además, “las mujeres se formaban en igualdad con los hombres”, recuerda Paz de la Cuesta. Su trayectoria estuvo marcada por un firme compromiso político. “Matilde representa los valores democráticos: fue una mujer socialista, pero sobre todo profundamente demócrata”, añade. Ese compromiso con la democracia acabaría costándole el exilio años después.

En el año 1931, tras afiliarse al Partido Socialista, fue elegida diputada y ocupó el cargo de directora de Política Arancelaria durante el Gobierno de Largo Caballero en la Segunda República. En la primavera de 1940, huyó a Francia y desde allí embarcó en el buque Cuba rumbo a México, donde viviría los siguientes seis años de su vida. El país, gobernado entonces por el presidente Lázaro Cárdenas, abrió sus puertas a miles de españoles que huían de la represión franquista tras el final de la Guerra Civil.

Para Pedro Casares, delegado del Gobierno en Cantabria, el acto de exhumación tiene también un profundo significado político y moral. “México le abrió las puertas; fue una tierra de acogida para tantos españoles y españolas”, recuerda. Una “gratitud histórica”, añade, que hoy también interpela a la sociedad española cuando ve llegar a personas en busca de oportunidades. “Nos interpela cuando vemos a migrantes que llegan a España buscando un futuro que en su país no tienen”, señala.

Casares sostiene que el Gobierno de España mantiene una deuda con quienes sufrieron la guerra, la dictadura y el exilio. “Lo que estamos haciendo es saldar esa deuda histórica”, afirma. El delegado advierte además del riesgo de retrocesos en las políticas de memoria democrática. “Cuando se intenta derogar una ley de memoria, no se está eliminando la norma aprobada por un Gobierno anterior, se está tratando de silenciar la memoria de un pueblo, la memoria de un país”, explica.

Tras varias horas de espera, en torno a las once de la mañana, los operarios trasladaron los restos a la oficina de administración del panteón. Allí se procedió al sellado de las urnas con los restos de Matilde y de su hermano Carlos. Uno de los trabajadores las entregó a Gabriel Morante, que rompió a llorar mientras se abrazaba con Paz de la Cuesta, entre los aplausos de los asistentes. La escena resumía el final de décadas de lucha y el cumplimiento del último deseo de Matilde: regresar a su tierra tras los largos años de exilio.

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