El desierto sonorense aterriza en la laguna capitalina en la feria del libro del Palacio de Minería
La nueva directora del foro, la poeta Mercedes Alvarado, desgrana las claves de esta edición que incorporará un ciclo de literatura indígena y otro de conciertos


Las ferias literarias se han convertido en un gran dinamizador de la cultura en México. Se ha vuelto impensable imaginar la escena del libro sin pensar en la FIL de Guadalajara, la gran joya de la corona de la creación en español. Al colofón del año, que se da cita los primeros días de diciembre, le preceden otros encuentros nada desdeñables que van abriendo el apetito lector, como la FIL del Palacio de Minería, que se prepara para abrir sus puertas el 20 de febrero. Este foro, organizado por la UNAM, la gran casa de estudios, es en realidad el más antiguo y afronta ahora una “etapa de transformación”, en palabras de su nueva directora, la poeta mexicana Mercedes Alvarado, que desgrana algunas claves de la convocatoria.
Para Alvarado era importante que la nueva edición, que acogerá a Sonora como Estado invitado, contara con cosas nuevas en la programación. Por lo que ha incorporado dos ciclos que no se celebraban antes: uno de literatura en lenguas indígenas y otro de música en directo. “Son parte de la oferta literaria nacional y queremos que tengan un lugar, que les escuchemos”, explica sobre el primero. También se han enfocado en la curaduría de los talleres dedicados a los niños y los jóvenes y tendrán varios encuentros con los lectores, entre los que destaca el del último premio Cervantes, Gonzalo Celorio. Habrá, finalmente, un mural elaborado por el ilustrador mexicano Augusto Mora, en honor a 10 escritores que fallecieron durante 2025. “Es nuestra manera de invitarles una última vez a ser parte de la FIL”, apunta la directora.
Los visitantes van a poder llevarse un pedacito de las obras de alguno de esos autores, que aparecerán como hojas sueltas incrustadas en la instalación, un símbolo de la centralidad que buscan darle a la experiencia del lector que decida asomarse al recinto. “Queremos que tengan encuentros que les sorprendan. Que la gente se sienta conectada y sienta que la información que ofrece la feria le sirve para su vida diaria”, argumenta Mercedes Alvarado. Por eso, también traen jornadas juveniles relacionadas con la inteligencia artificial y un ciclo de economía.

Hay un interés especial en que el repertorio sea variado, que cada libro, editorial o escritor encuentre a su lector, una asignatura pendiente en el país, pese al repunte en la lectura que el año pasado registró el Instituto Nacional de Estadística (INEGI). “Las ferias jugamos un papel determinante”, apunta la responsable sobre ese desafío. “Alguien que viene a la feria vive la lectura de una manera distinta, porque se encuentra con las y los autores y se generan conversaciones no solo alrededor del libro, sino alrededor de todas esas preguntas que los libros nos generan”, completa: “Hay que acercarse sin miedo”.
Este encuentro convocó a 83.000 personas en su última edición, una cifra que esperan superar en febrero. De momento, se han llenado los 1.500 metros cuadrados de exhibición disponibles para las casas editoriales, algo que no había ocurrido el año anterior. “Tenemos más editoriales participando y más diversas”, ensalza la directora.
El Estado invitado, Sonora, desplegará una literatura marcada por “el desierto, el silencio y la luz cambiante” en 90 actividades y unos 100 participantes distribuidos en los distintos conversatorios. Habrá, además, sendos homenajes a Jaime Sabines y Armida de la Vara, de cuyos nacimientos se cumple el centenario. “Armida de Lavara es una poeta sonorense poco conocida en el centro del país, pero es una de las figuras principales de la literatura del norte”, explica Mercedes Alvarado. “Además de escribir poesía, trabajó los textos para los libros gratuitos del sistema educativo mexicano”, elogia.
Hay, finalmente, un esfuerzo por incorporar a las editoriales más pequeñas e independientes. “En México, hay muchos proyectos que están apostando por el trabajo creativo menos convencional, más arriesgado”, justifica la responsable. “Tenemos editoriales que se atreven a hacerlo de otra manera, pero también a las grandes que están más consolidadas. En el momento en el que pones este escenario bibliodiverso, ahora sí que hay para todos: para todos los gustos, para todas las edades, para todas las filiaciones”, concluye. A ella le gustaría que el sello de su gestión, dice, fuera pensar la feria “como la lectora que sigue asistiendo” a estos encuentros.
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