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Detenido en Michoacán El Botox, objetivo prioritario y presunto responsable del asesinato del empresario limonero Bernardo Bravo

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha informado de la captura de César Sepúlveda Arellano, supuesto líder de una red de sicarios en la mira del Gobierno mexicano

El Gabinete de Seguridad ha logrado capturar al que lleva siendo uno de sus objetivos prioritarios desde el pasado octubre. El secretario Omar García Harfuch ha anunciado este jueves la detención de César Sepúlveda Arellano, alias el Botox, en Michoacán. El detenido es el supuesto líder de Los Viagras, una red de sicarios del grupo criminal Los Blancos de Troya y el presunto autor intelectual del asesinato del empresario de cítricos Bernardo Bravo.

Harfuch ha detallado que el operativo para capturar al Botox ha requerido de elementos de la Marina, de la Defensa, de la Secretaría de Protección Ciudadana federal y local y de la Fiscalía de Michoacán. “Este sujeto es responsable de extorsión a limoneros, de extorsión a otros productores, y también de homicidios, incluyendo al líder de los limoneros que, todos sabemos, el lamentable homicidio de Bernardo Bravo”, ha indicado en rueda de prensa junto a la presidenta Claudia Sheinbaum desde Puebla. El detenido, capturado en el poblado de Santa Ana Amatlan, municipio de Buenavista, tenía un total de siete órdenes en su contra, la última por el asesinato del presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán.

Sepúlveda llevaba en la mira de las autoridades desde que el asesinato de Bravo, seguido unos días después por el homicidio del alcalde de Uruapan, Carlos Mazo, desvelaran por enésima vez la crisis de seguridad que vive Michoacán, tierra de producción agrícola. Ambos hombres habían denunciado el abandono de las autoridades y la presión de los grupos criminales que, aliados o en disputa con las pequeñas mafias locales, tiene secuestrado al campo con cuotas por kilo de producto cosechado que no paraban de subir. El rugido de indignación del Movimiento del Sombrero, el proyecto regional de Mazo que pasó a la primera línea de la política mexicana como imán para los desencantados con el oficialismo, motivó el despliegue de seguridad que ha sitiado al Estado desde entonces. Y El Bótox estaba en el centro de la caza de criminales.

El detenido se sentía tan acorralado que, en un acto desesperado, pasó a difundir vídeos en redes sociales en las últimas semanas desde algún lugar de los bosques michoacanos. En ellos se exculpaba del asesinato de Bravo y exigía a las autoridades que liberaran a su esposa e hija, arrestadas en un operativo tres días después del asesinato de Bravo. “No soy la persona que me están intentando formar ustedes”, dijo a la cámara dirigiéndose a la presidenta. Harfuch prometió entonces a los periodistas que le preguntaron por estas publicaciones que Sepúlveda sería detenido por las instituciones de seguridad.

La Fiscalía de Michoacán había emitido una ficha de búsqueda con una recompensa de 100.000 pesos (unos 5.000 dólares) por cualquier información que permitiera capturar al supuesto líder de Los Viagras, una red de sicarios extorsionadores dentro del grupo Los Blancos de Troya, aliados del Cartel Jalisco Nueva Generación desde que estos irrumpieron en el ecosistema criminal de Michoacán. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ya había emitido sanciones dos meses antes contra varios integrantes de Los Viagras, incluido Sepúlveda, al que señalaban por haber matado a otro productor de cítricos. Además del jefe criminal, otros miembros del grupo saltaron a la lista negra de las autoridades estadounidenses. Entre ellos, Nicolás Sierra Santana, conocido como El Gordo, uno de los fundadores de Los Viagras por el que Estados Unidos ofrece cinco millones de dólares de recompensa, y Heladio Cisneros Flores, alias La Sirena, un activo importante dentro de la banda ligado al asesinato de un alto mando de un cartel rival.

Los Blancos de Troya ejercían un férreo control en un puñado de municipios del Centro del Estado, entre ellos Apatzingán. Su presencia era tal que varios de sus miembros estaban infiltrados en los grupos campesinos, como el primer detenido por el asesinato de Bravo, que llevaba consigo una credencial de la asociación que presidía su víctima. La detención de algunos de sus integrantes, las últimas el pasado diciembre, pusieron en evidencia la capacidad armamentística de la célula. Los tres miembros que capturaron se dedicaban a operar drones y explosivos para infundir el terror sobre los agricultores y mantener las cuotas de extorsión.

La célula criminal, heredera de Los Caballeros Templarios, es parte de la agrupación de mafias local que se reorganizó en Cárteles Unidos, pero con la llegada del CJNG decidieron convertirse en aliados de los criminales más fuertes. Sin embargo, en el último año el grupo ha sufrido varios golpes, como la detención de uno de sus operadores principales, Gerardo Valencia Barajas, alias La Silla, en Cenobio Moreno el pasado febrero o la captura en julio de Cirilo Sepúlveda Arellano, conocido como El Capi. Ambos están siendo procesados por extorsión a los agricultores, entre otros delitos como secuestro y asesinato. Ahora El Botox será juzgado por los mismos cargos.

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