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El Cartel de Sinaloa rompe con el pacto de las zonas neutrales y entra a atacar hospitales

Los pacientes y sus familiares pasan a ser objetivos de balaceras en la pugna entre los hijos del Chapo y los seguidores del Mayo

Policías resguardan el Hospital General de Culiacán luego de un ataque, el 30 de agosto.

El Cartel de Sinaloa ha roto con las zonas neutrales. Ahora atacan dentro y fuera de hospitales de Culiacán, la capital del Estado, como si se tratara de un juego de mal gusto, donde pacientes y sus familiares también son víctimas del crimen y de la pugna entre los hijos del Chapo y los seguidores del Mayo, quienes tratan de acaparar y controlar el territorio a costa de lo que sea.

En 24 horas se registraron tres eventos que delatan el horror. El primero ocurrió durante la tarde del 29 de agosto, cuando hombres armados dispararon hacia la fachada de la zona de Urgencias del Hospital Civil de Culiacán, apenas a 700 metros del Centro. Tres hombres fallecieron: Jorge Armando, de 32 años; Rubén, de 61; y José Ramón, de 38. Entre ellos, cuatro personas quedaron heridas: Víctor Antonio, de 47 años; Heldia Milena, de 47; y la menor Brianna Amairany, de apenas 13 años, quien resultó lesionada por las esquirlas, pero ya está fuera de peligro.

“Estamos muy tristes y destrozados. Nos desgraciaron la vida con la balacera que ocurrió afuera del Hospital Civil. Estaban mi yerno Jorge y mi hija Sophia esperando turno para ver a mi consuegro que está internado. Jorge estaba sentado por las bancas de concreto junto con otras personas, y pasó un comando rafagueando al hospital por el lado de la avenida Álvaro Obregón. Asesinaron a mi yerno Jorge, y a otras personas más que estaban esperando ver a familiares. Dejan a mi hija viuda y a mi nieto sin papá. Maldigo con furia a estos malandros de mierda. Estamos destrozados”, compartió el señor Abelardo, padre de Sophia.

El hombre dijo que su yerno estuvo en el lugar y momento equivocado, que la víctima fue un hombre “sin malicia de nada”. Un hombre bueno, cariñoso, cordial y responsable. “Afortunadamente, a Sophia no le pasó nada, pero le tocó ver todo”, señaló el hombre que ahora vela a su yerno.

Esa misma noche, el Ejército localizó un Toyota Camry plateado modelo 2018. Un vehículo robado que presentaba impactos de bala desde el interior hacia el exterior. Estaba abandonado en la colonia Chapultepec, a unas cuadras del hospital. Las autoridades no tienen idea de a quién pertenecía, ni quiénes fueron los autores materiales del crimen. El 29 de agosto terminó con 11 personas asesinadas, entre ellas las tres que aguardaban para ver a sus familiares en la sala de Urgencias, según la Fiscalía General de Sinaloa.

El horror no paró esa noche. La tarde del sábado 30 se extendió el mismo tipo de violencia en una clínica particular en el centro de Culiacán. Un hombre de nombre Jesús Manuel, de 20 años, recibía atención en terapia intensiva, cuando hombres armados ingresaron a la fuerza y dispararon con armas largas y cortas hasta verlo morir. Corrió el pánico y el terror en la clínica y los alrededores, hasta donde se escucharon las ráfagas y el rechinido de las llantas del carro que usaron los perpetradores para huir.

Minutos más tarde se reportó una balacera en el Hospital General de Culiacán, en el fraccionamiento Los Ángeles. Un hombre armado ingresó vestido de enfermero, sin que nadie le preguntara sobre su identidad. Entró a terapia intensiva y asesinó a Fausto Yuriel, un albañil de 21 años, quien había sido lesionado el día anterior en el poblado Tepuche, durante un enfrentamiento en el que murieron al menos dos hombres y donde fue localizada también la cabeza de otra persona.

El Hospital Civil y el Hospital General de Culiacán son los centros médicos más concurridos de la capital de Sinaloa. A diario acuden miles de familias buscando atención médica, pero estos ataques los han convertido ahora en escenarios de ejecuciones que se encuadran dentro de la confrontación del cartel.

Estos tres ataques no son los únicos que han ocurrido dentro de hospitales, pero sí de una manera seguida desde el 9 de septiembre que comenzó la guerra al interior del cartel de Sinaloa. Al mismo tiempo, se enmarcan dentro una de las etapas más violentas de este periodo de cara al primer aniversario, cuyo saldo arroja más de 1.700 personas asesinadas y alrededor de 2.000 personas desaparecidas, según datos de la Fiscalía General del Estado.

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