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Altas capacidades y autismo: un diagnóstico que sacude, pero no transforma

María Gómez y Mamen Horno publican ‘Una comunicación diferente’, un libro que recuerda a los padres que deben entender que sus hijos toman decisiones desde donde ven el mundo. En el Día Mundial del Autismo, ambas recuerdan que lo mejor que se le puede dar a un niño con TEA es amor y seguridad

Es fundamental entender cuáles son las posibilidades, necesidades y fortalezas de un menor de doble excepcionalidad.Jessie Casson (Getty Images)

Cuando unos padres reciben el diagnóstico de que su hijo o hija es una persona de doble excepcionalidad —aquella con altas capacidades y autismo—, todo puede cambiar y, al mismo tiempo, no cambia nada. Así lo explican Mamen Horno (Madrid, 53 años), psicolingüista y persona autista con altas capacidades, y María Gómez (Valladolid, 36 años), pedagoga y experta en este ámbito. En su libro Una comunicación diferente (Plataforma Editorial, 2026), ambas desgranan, con motivo del Día Mundial del Autismo —que se celebra este jueves 2 de abril y busca visibilizar a las personas con trastorno del espectro autista (TEA); en España hay más de 450.000—, la situación particular de los más de 91.000 alumnos diagnosticados, según los últimos datos de 2025 facilitados por Autismo España, organización sin ánimo de lucro estatal que trabaja para mejorar su calidad de vida. A través de un recorrido por sus páginas, Horno y Gómez explican el funcionamiento del cerebro, la definición de persona doblemente excepcional, la importancia de la comunicación para entender su mundo interior, así como los problemas psicológicos a los que se pueden enfrentar por la sensación constante de sentirse diferentes.

En uno de los primeros párrafos ya dejan constancia de que evitan mencionar términos como superdotación y TEA. Ellas creen que el lenguaje tiene un gran impacto en cómo tratar a estas personas. “Las palabras que usamos nos predisponen a ver el mundo de una determinada manera. Si tú hablas de trastorno o de superdotación, estás hablando de cosas deshumanizadoras que dañan a la persona”, sentencia Horno.

“Lo más importante es que el libro les puede dar una visión mucho más clara y menos teórica de qué ocurre con su hijo doblemente excepcional”, asegura Gómez. También lo es “entender que desde cómo ve el mundo es desde donde toma las decisiones y puede entender también a otros”. Para ella, el libro no indica las cosas que hay que arreglar, sino la manera en la que los hijos ven el mundo y lo que necesitan que los padres entiendan.

Horno alerta de que va contra la naturaleza de una persona atípica que otros intenten que se comporte como una típica, dado que va a tener consecuencias en su salud mental a largo plazo: “Es muy doloroso querer lo mejor para tu hijo y no entender qué es lo que está pasando. Es fundamental entender cuáles son sus posibilidades, necesidades y fortalezas”.

En Una comunicación diferente, una de las primeras definiciones del cerebro es la de máquina predictora. Horno argumenta que entender cómo funciona y para qué sirve este órgano supone entender la neurodiversidad. Además, explica las dos maneras del ser humano de procesar la información: “Una es más intuitiva, rápida y emocional; la otra es más lenta, racional y lógica”. Y añade que el sistema uno se da en personas con procesamiento típico; y el sistema dos es el que usan las personas autistas. “Lo que pasa en la doble excepcionalidad es que para unas cosas podemos parecer muy lentas porque ahí va a participar nuestro sistema dos, porque la respuesta será más profunda”.

Para que los padres entiendan que la forma de predecir de sus hijos no es la típica, la psicolingüista aporta algunas pistas: “Cosas muy pequeñas, como sentarte siempre en el mismo sitio o ir por el mismo camino al colegio, para nosotros lo es todo porque da seguridad y estabilidad en el mundo”. Además, defiende que, aunque los niños puedan tener muchas manías, en realidad están flexibilizando y piensan en que les permitan tener algo a lo que agarrarse.

Los patrones también son protagonistas en las personas autistas, así como la facilidad a la hora de aplicarlos, que repercute en la sensibilidad de las personas doblemente excepcionales para darse cuenta de los pequeños detalles: “Sabemos que cuando pasa tal cosa normalmente hay algo que está mal. Necesitamos dar un sentido profundo a las cosas. Queremos entender que las cosas pueden cambiar, pero tiene que haber un motivo para que cambien”, defiende.

Horno también señala el desafío que puede suponer la literalidad de las palabras, y advierte que el problema es cuando los niños son los que hablan: “Las palabras que usamos normalmente desde bien pequeños están muy bien buscadas y queremos decir exactamente eso que estamos diciendo. Pero, en cambio, el tono no lo estamos controlando. Si yo le digo a alguien: ‘Haz lo que quieras’, quiero decir que haga lo que quiera”. Por su parte, Gómez avisa de que los padres deben ser muy precisos con las palabras que usan, porque un niño doblemente excepcional va a creer totalmente en lo que le dicen.

Ambas autoras destacan también la importancia de los lugares seguros, independientemente de si son físicos o son momentos o personas. Horno lo tiene claro: “Los lugares más seguros son los intereses especiales: si te gustan los artrópodos, estudiarlos; si te gusta leer, estar leyendo. El poder dedicarte a ese interés especial. Eso también recarga la batería”. También recalca el valor de la parte sensorial: disponer en casa de un espacio sin luces blancas ni estímulos que puedan resultar dolorosos. Gómez incide más en esta parte física: un entorno donde los niños puedan ser ellos mismos, “lejos del caos del día a día, de lo que supone el colegio, que al final es una jungla sensorial de absolutamente todo”. Aun así, defiende la importancia de tener una persona que les quiera incondicionalmente, les valore y que sea también un sitio seguro en el que estar tranquilo: “Para los niños y para los adolescentes, sería genial que pudieran ser sus figuras de referencia”, comenta.

Horno, además, quiere desmontar algunas creencias habituales entre las familias con hijos que reciben este diagnóstico: “Les quiero decir que su niño o niña sigue siendo el mismo que era antes del diagnóstico, con las mismas manías que ya percibían. No estamos hablando de nada degenerativo o que vaya a peor”. Además, indica que no hay nada más importante que garantizarles seguridad: “Que se sienta valioso siendo quien es va a ser el mayor regalo que le van a poder dar”.

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