Dormir bien no debería ser un lujo para las familias con niños con autismo
El 85% de los niños con TEA padece insomnio, y el 73% de sus padres duerme menos de seis horas diarias. Los expertos han creado una guía para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de sus problemas de sueño y mejorar así la calidad de vida de los menores y sus familiares

En muchas casas, la escena se repite: por un lado, un niño o niña con autismo que tarda horas en dormirse y que luego se despierta varias veces durante la noche; por otro, unos padres agotados y desesperados que encadenan noches en vela, durmiendo poco y a trompicones. Se trata de un problema de salud frecuente. Según los resultados de la Encuesta nacional sobre los problemas de sueño en pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), presentados en la reunión anual de la Sociedad Española de Sueño celebrada en abril de 2025, el 85% de los niños y el 81% de los adolescentes españoles con TEA muestra al menos un síntoma de insomnio: fundamentalmente escaso tiempo total de sueño y una latencia de sueño —tiempo que precisan para conciliarlo— muy elevada. Como consecuencia, el 73% de los progenitores con hijos TEA duerme regularmente menos de seis horas diarias.
Pese a esta prevalencia y este impacto, en España los problemas de sueño en personas menores de 18 años con autismo siguen infradiagnosticados: datos del estudio sociodemográfico de la Confederación Autismo España indican que solo el 4,5% de las personas con TEA tienen un diagnóstico de trastorno del sueño en su historial médico (3,8% de niños y 8,3% de niñas). Estas cifras contrastan con los de la literatura científica, que indican una prevalencia de 40-80% de alteraciones del sueño en niños con TEA.
Entre las causas de este infradiagnóstico pueden señalarse varias, como que algunos síntomas del insomnio pueden confundirse con síntomas nucleares del autismo o ser enmascarados por estos; o que algunos problemas comórbidos que acompañan al TEA, como el trastorno por ansiedad o los problemas gastrointestinales, pueden acabar afectando al sueño. En todo caso, el diagnóstico es fundamental, ya que diversos estudios han correlacionado el mal descanso con un empeoramiento de los síntomas propios del TEA. También porque los problemas de sueño no tratados en la infancia y en la adolescencia tienden a cronificarse en la edad adulta. De hecho, más del 60% de las personas adultas con TEA presenta, al menos, un síntoma de insomnio.
En ese contexto, la Sociedad Española de Sueño (SES) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) hemos liderado el desarrollo de una guía —en cuya elaboración también han participado la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI), la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES) y la Confederación Autismo España— para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de estos problemas de sueño en personas con autismo y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de los niños y sus familiares.
Presentado el pasado 17 enero, Consenso sobre el tratamiento del insomnio en personas con trastorno del espectro autista menores de 18 años es el primer documento elaborado a nivel nacional y europeo en este ámbito. En este se define qué es el insomnio infantil en el autismo, qué herramientas usar (agendas de sueño, cuestionarios, estudios de sueño) y se propone un itinerario común para profesionales y familias.
El enfoque empieza siempre por la base: consejos de higiene de sueño, como la importancia de las rutinas predecibles, el ambiente tranquilo y adaptado a las sensibilidades del niño, los horarios regulares y el uso prudente de pantallas; junto con estrategias cognitivo‑conductuales específicas. Cuando, pese a todo ello, el insomnio persiste, el documento plantea la medicación de forma ordenada: primero melatonina pediátrica (de liberación prolongada para mantener el sueño, de acción inmediata para conciliarlo), ajustando dosis en función de la respuesta. Si no es suficiente, el consenso contempla añadir otros fármacos como alimemazina, risperidona o clonidina, con límites claros de dosis y controles de seguridad.
Tratar correctamente el insomnio mejora no solo el sueño sino también los síntomas diurnos del TEA, de manera que el tratamiento del insomnio en estos niños y niñas es una intervención crucial que puede modificar favorablemente el curso y la gravedad del trastorno. También puede mejorar significativamente la calidad de vida del paciente y de su familia, y optimizar las posibilidades de desarrollo y aprendizaje durante etapas críticas del neurodesarrollo. Porque dormir mejor no solo significa menos despertares, sino menos irritabilidad, menos conflictos y más energía para aprender, jugar y relacionarse. Para las familias, además, disponer de un plan compartido reduce la culpa y la sensación de estar “improvisando” cada noche.
El mensaje que queremos lanzar los profesionales es claro: los problemas de sueño en el autismo no son una cuestión de manías ni de mala educación, sino un asunto de salud pública que, por primera vez en España, tiene una hoja de ruta común para intentar que dormir no sea un lujo en las familias con autismo.
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