Ali Vaez, experto en Irán de International Crisis Group: “Trump ha iniciado una guerra que no puede terminar”
El analista y físico nuclear en el exilio cree que una narrativa de victoria de Estados Unidos será muy frágil y que el régimen de Irán se ha radicalizado


El experto en seguridad iraní Ali Vaez (Shiraz, 46 años) está convencido de que la ruptura del pacto nuclear con Irán por parte del presidente Donald Trump fue un error que abrió el camino a la guerra que ahora han desatado Estados Unidos e Israel contra Teherán. El acuerdo limitaba el programa nuclear iraní a cambio de levantar las sanciones económicas al país. Vaez, físico nuclear en el exilio, participó directamente en los esfuerzos para tender puentes entre la República Islámica y las potencias que negociaron el acuerdo en 2015.
Vaez es coautor del libro How Sanctions Work: Iran and the Impact of Economic Warfare (Cómo funcionan las sanciones: Irán y el impacto de la guerra económica) y dirige el área de Irán en el centro de análisis para la prevención de conflictos International Crisis Group, con sede en Ginebra, desde donde el lunes habla con este periódico por teléfono.
Pregunta. ¿Retirarse del acuerdo nuclear fue el primer paso de Donald Trump hacia la guerra?
Respuesta. Ese fue el pecado original. El acuerdo nuclear de 2015 había puesto el programa iraní bajo la supervisión internacional más rigurosa jamás implementada. Si este acuerdo hubiera estado en vigor en 2025, cuando Estados Unidos e Israel bombardearon las instalaciones nucleares iraníes, Irán solo habría podido tener una quinta parte del material necesario para producir suficiente uranio enriquecido para una sola arma nuclear. Hasta 2030, el país habría seguido sujeto a restricciones. En la práctica, durante todo el segundo mandato del presidente Trump, Irán no habría estado ni cerca de poder desarrollar armas nucleares y habría permanecido bajo la estricta supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Si Irán está más cerca del umbral de armas nucleares, es debido a la decisión del presidente Trump de retirarse del acuerdo.
Si Irán está más cerca del umbral de armas nucleares, es debido a la decisión del presidente Trump de retirarse del acuerdo de 2015
P. En cuanto a las negociaciones más recientes, antes de la guerra, ¿cree que hubo una intención genuina de alcanzar un acuerdo?
R. Esas negociaciones no fueron ni profesionales ni serias. Es difícil para cualquiera que tenga experiencia en el tema nuclear iraní creer que el tipo de capitulación que los negociadores estadounidenses tenían en mente fuera alguna vez realmente posible. En la mayoría de las negociaciones, el equipo estadounidense ni siquiera llevaba expertos técnicos, porque buscaban respuestas de sí o no, lo cual normalmente no es como se llevan a cabo estas negociaciones técnicas tan difíciles. Trump eligió la peor de las opciones: recurrir a una opción militar que realmente no ofrece una solución. Irán todavía tiene una vía hacia un arma nuclear a través de la reserva de uranio altamente enriquecido que no está contabilizada. La opción militar solo compró ocho meses, entre junio de 2025 y febrero de 2026. La opción diplomática habría comprado 15 años a un costo mucho menor.
P. ¿En estos años, la Guardia Revolucionaria ha adquirido más poder?
R. Hay dos cosas que han hecho que la Guardia Revolucionaria sea ahora más poderosa que nunca. Una son los años de sanciones de presión máxima [implementadas por Trump], que le permitieron enriquecerse controlando todos los mercados negros y redes de contrabando para eludir las sanciones. La segunda ha sido la eliminación del líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, a quien este cuerpo militar siempre estuvo subordinado. El nuevo líder supremo [Mojtaba Jameneí] debe su posición a la Guardia Revolucionaria, y si este sistema sobrevive, será gracias a ella, por lo que ya no son la segunda fuerza más poderosa en Irán, sino que están en la cúspide del poder. Así, en el proceso de intentar debilitar y aislar a los elementos más duros dentro de la República Islámica, Estados Unidos los ha hecho más poderosos y cada vez más prominentes en el sistema político iraní.
P. ¿Las sanciones han llegado a tener algún impacto disuasorio?
R. Las sanciones ciertamente han debilitado a Irán, pero no hay señales de que debilitaron la capacidad del régimen para reprimir a su propia población o para seguir políticas agresivas en la región, ya fuera financiando socios y grupos aliados en la región o invirtiendo en sus programas nucleares, de misiles y drones, o cooperando con Rusia en su guerra de agresión contra Ucrania. Según cualquier métrica, las sanciones no lograron el objetivo previsto, sino que han debilitado a la clase media iraní, que es el mejor aliado de Occidente en Irán.
P. ¿Al debilitar a la clase media, se rebajó la posibilidad de reformar el régimen desde dentro?
R. Absolutamente. Hay dos obstáculos para la transformación: uno estaba al nivel del Estado profundo en Irán, como representaba el propio Jameneí, que se oponía a las reformas, y quienes lo rodeaban y se beneficiaban del sistema y no querían ver socavados sus intereses económicos o políticos. Pero otro ha sido el debilitamiento de la sociedad, que estaba atrapada entre un régimen que la presionaba desde arriba y Estados Unidos y Occidente, que la presionaban económicamente desde fuera. Realmente, no estaba en una posición para actuar como agente de cambio porque su liderazgo estaba encarcelado por el régimen y sus bases estaban devastadas por el impacto de las sanciones.
P. ¿La invasión de Irak en 2003 envió algún tipo de mensaje al régimen iraní?
R. Sin duda. Irán ya había visto a Estados Unidos derrocar al régimen talibán en el este y luego al régimen de Sadam [Husein] en el oeste, y había quienes en la Administración de [George W.] Bush decían que “los verdaderos hombres van a Teherán”. Así que sí, profundizó su percepción de amenaza. En respuesta, Irán desarrolló la llamada doctrina de defensa en mosaico, que hemos visto implementada en esta guerra. Básicamente, divide el mando y control entre las 31 provincias del país, de modo que si Estados Unidos ataca el nodo central en Teherán, el resto del sistema no queda paralizado, como ocurrió en Irak en 2003.
P. ¿Estaba el régimen más cerca de caer tras las recientes protestas sociales? Y, de ser así, ¿la guerra ha revertido esa dinámica?
R. El régimen es ciertamente más débil que en el pasado, pero frente a la población iraní sigue siendo bastante fuerte. Había una asimetría en el equilibrio de poder que continúa hasta hoy. La Guardia Revolucionaria tiene 250.000 efectivos. Cuenta con una milicia Basij de casi un millón de miembros. Y para que Estados Unidos o Israel degraden completamente la capacidad represiva, para que el pueblo iraní pueda salir a las calles, necesitarían tropas sobre el terreno, porque esto no se puede hacer desde el aire. Si deciden armar a la oposición iraní para que haga el trabajo por sí misma, eso corre el riesgo de sumir al país en una guerra civil.
Será muy difícil que el país transite hacia algún tipo de democracia al final de esta guerra
Ahora, aunque más débil, el régimen es más radical. Siempre fue un sistema homicida, pero ahora también se ha convertido en uno suicida. No ve límites a lo que está dispuesto a hacer para mantenerse en el poder. Mató a varios miles de sus propios ciudadanos en enero para conservar el control. Ahora está dispuesto a incendiar toda la región para asegurar su propia supervivencia. Por eso, independientemente de lo que hagan Estados Unidos e Israel, creo que será muy difícil que el país transite hacia algún tipo de democracia al final de esta guerra.
P. ¿Cuáles son las posibilidades reales de un alto el fuego?
R. Estados Unidos, como ocurrió el año pasado, podría en cualquier momento desconectarse del conflicto, y el presidente Trump puede declarar victoria argumentando que ha eliminado a muchos líderes clave, degradado la capacidad militar del país y vuelto a destruir su programa nuclear. Pero sería una narrativa de victoria muy frágil si el estrecho de Ormuz sigue cerrado, si el destino de la reserva nuclear no se aborda y si el régimen permanece en el poder. Irán puede decidir mantener cerrado el comercio marítimo hasta extraer concesiones de la Administración de Trump. Por lo tanto, algo que empezó como una guerra opcional por parte del presidente Trump, ahora se está convirtiendo en una guerra de necesidad, porque le será muy difícil terminar esta guerra de forma unilateral sin reabrir el comercio. Y no hay buenas opciones para abrir el estrecho. O despliega tropas terrestres, exponiéndolas a riesgos graves; o ataca la infraestructura iraní, como ha amenazado, lo que podría provocar represalias y dejar a toda la región en un desastre absoluto que tardaría años en recuperarse. En el proceso, provocaría un colapso económico global. Trump ha iniciado una guerra que ahora no puede terminar.
P. ¿Qué buscaban Estados Unidos e Israel con la guerra?
R. Trump siempre se siente tentado de hacer historia y ser el primer presidente que se atreve a tomar medidas que otros no han tomado por prudencia. Creo que fue influenciado por voces belicistas a su alrededor y en Israel que le hicieron creer que podría cambiar el mapa de Oriente Próximo para siempre y resolver el conflicto de larga data entre Irán y Estados Unidos. Entró en esta guerra con mucho pensamiento ilusorio. Cuando el ejército estadounidense le advirtió sobre los riesgos de que se cerrara el estrecho de Ormuz, él respondió que Irán capitularía antes de llegar a ese punto. Israel quiere ver el colapso del Estado en Irán. Pero un Estado fallido en Irán también tendrá consecuencias graves para el país judío, porque genera radicalización y resentimiento que podrían volverse en su contra. Además, los otros países de la región, que están extremadamente enfadados con Irán por atacarlos durante esta guerra, también se sentirán incómodos con que Israel sea la fuerza dominante sin rival en la región.
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