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El frente de milicias kurdoiraníes que buscan el fin de la República Islámica: “Nunca hemos estado tan cerca de ver caer al régimen en 47 años”

Tras tres décadas instalados en Irak, los combatientes desalojan sus bases militares y se preparan para “el día de después” de la posible caída del régimen iraní

El general Rebaz Sharifi del grupo kurdo-iraní armado PAK y opuesto a Teherán camina en su base en el noreste de Irak (Kurdistán iraquí) este domingo y muestra los daños sufridos tras un ataque de un misil balístico iraní la semana pasada. Foto de Natalia SanchaNatalia Sancha

En zapatillas de deporte y uniforme militar, el general Rebaz Sharifi camina sobre montañas de escombros esparcidos alrededor de un boquete que dejó hace unos días un misil balístico iraní en su base militar en la provincia de Erbil, al noreste de Irak. Asegura contar con más de medio millar de combatientes en las filas de su Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK, por sus siglas en kurdo) y fuerzas kurdoiraníes opuestas al régimen de Teherán, asentadas en la región semiautónoma kurda del norte de Irak desde hace tres décadas. El complejo militar está desierto, incluidas las viviendas. Tan solo un par de perros se pasean entre unos columpios de colores construidos para los hijos de los combatientes.

“Aquí ha caído un mártir y tres compañeros han sido gravemente heridos”, dice Sharifi, señalando lo que fuera la entrada de una oficina. A sus 38 años, lleva dos décadas en las filas de la oposición al régimen iraní. Opuestos primero al shah de Persia en los años sesenta y desde 1979 a los islamistas, encontraron refugio al otro lado de la frontera iraní, en el Kurdistán iraquí cuando este se formalizó en 1991 gracias al apoyo de Estados Unidos. Al igual que el PAK, las otras cinco milicias kurdoiraníes, que recientemente se han agrupado en la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní, están desalojando sus bases y evacuando sus combatientes a lugares secretos dentro del Kurdistán iraquí. En sus cuarteles ya solo pueden contar el goteo de muertos y heridos por ataques con drones o misiles iraníes sin capacidad alguna de responder. Es generalmente entrada la tarde cuando se oyen los misiles iraníes zumbar sobre el cielo de Erbil o los drones explotar sobre la ciudad.

Llevan 47 años esperando la caída del régimen de los ayatolás para construir un Kurdistán iraní. Dicen estar entrenando a sus hombres y mujeres para aprovechar esta ventana histórica única, y, aunque son las únicas botas iraníes apostadas en la frontera con Irán, aseguran que no han recibido ningún apoyo tangible ni propuesta concreta de ninguna de las dos potencias aliadas, Estados Unidos e Israel, desde que lanzaron la ofensiva conjunta el pasado mes. Por ahora, tan solo han atraído la ira de la artillería iraní y con ello agitado a su anfitrión: el Gobierno Regional del Kurdistán iraquí (KRG, por sus siglas en inglés), y valedor para los sueldos y permisos de sus milicianos en suelo iraquí.

“Tenemos muy buenas relaciones con el KRG, por eso no podemos exponerlos a que haya más ataques iraníes sobre su territorio o sobre la población civil debido a nuestra presencia”, explica Baba Sheikh Husseini, líder del grupo Jabat —también miembro de la Coalición opositora a Teherán—. Habla en un piso franco donde acaba de trasladarse tras enterrar a dos de sus hombres caídos en ataques iraníes sobre sus bases. Asegura que del otro lado de la frontera la Guardia Revolucionaria iraní también está evacuando sus cuarteles que son objetivo de los misiles de Estados Unidos e Israel, para ocupar posiciones clandestinas y mezclarse con los civiles en las ciudades.

Contra el característico pantalón bombacho que visten los kurdos, el sirwal, se frota un gato que tiene la pata izquierda cosida de lado a lado tras haber sido herido en el último ataque. Husseini deja a resguardo su pistola sobre el brazo del sofá y en su móvil abre la foto de un joven de 18 años que parece herido: “Esta es la primera vez que me hirieron, un helicóptero de la República Islámica en Rojalat [como denomina al Kurdistán iraní]”.

Desliza el dedo en la pantalla y aparece de nuevo él, algo menos joven, sobre una camilla, la cabeza ensangrentada: “Esta es de un atentado contra mi coche para matarme”. Tenía solo 13 años cuando se sumó a las filas de los revolucionarios kurdos bajo el mando de su padre. Más tarde se convirtió en uno de los fundadores de Jabat. “Nunca en estos 47 años hemos estado tan cerca de ver caer al régimen iraní”, suelta esbozando una amplia sonrisa.

Sin perder de vista su objetivo principal de derrocar al régimen iraní, los milicianos de Husseini han luchado por las causas de sus “hermanos kurdos” en Irak. Baran, de 32 años, miliciana del grupo PAK se sumó al partido a los 20. Al igual que el resto, hizo sus pinitos como activista en suelo iraní y una vez ubicada por los servicios de inteligencia de Teherán, cruzó las montañas y buscó refugio en el Kurdistán iraquí. Llegó en 2016 y desde entonces se curte en batallas, pero ninguna contra la Guardia Revolucionaria iraní.

Nada más llegar, Baran se sumó al heteroclítico frente junto con los peshmergas kurdoiraquíes, los cazas estadounidenses, el ejército iraquí y las milicias chiíes proiraníes en la ofensiva conjunta para recuperar Mosul y expulsar al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). El recuerdo y la crudeza de la batalla han quedado almacenados en su móvil: desde los rostros de los compañeros que perdió a la imagen donde, junto con otras milicianas, rodea los cuerpos de combatientes yihadistas abatidos. En 2017, luchó de nuevo, esta vez contra las Fuerzas de Movilización Populares (FMP, un compendio de más de medio centenar de milicias proiraníes) para disputarles parte de las posiciones que le arrebató al ISIS. De recibir órdenes de cruzar a luchar en Irán, esta sería su primera batalla en su tierra.

Incógnitas

Pero lo cierto es que el rol que jugarán estos grupos kurdos de oposición iraní es una incógnita incluso para sus propios líderes, confundidos a cada nuevo golpe de tuit de las Administraciones de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. “He visto las redes, pero no estamos al corriente de ello. No hay ningún contacto directo con Estados Unidos o Israel”, afirma Kako Alyar, miembro del politburó del Partido Komala —fundado en 1968 para la liberación del Kurdistán iraní— en referencia a unas declaraciones que ha hecho a la cadena CNN Michael Leiter, embajador de Israel en Estados Unidos. “Creo que necesitamos tropas sobre el terreno, pero tienen que ser tropas iraníes, y creo que están en camino”, declaró Leiter sin dar más detalles tras aseverar que el pueblo iraní debe movilizarse para derrocar al régimen de la República Islámica. Los grupos kurdoiraníes son los únicos grupos aliados, armados o mal armados, apostados en la frontera iraní.

“La guerra psicológica, incluida la manipulación mediática, está siendo un componente muy importante en esta guerra, precisamente porque no cuenta con el apoyo de la opinión pública”, asegura un diplomático en Erbil que pide el anonimato. El cuerpo de milicianos reales con los que cuenta la coalición kurdoiraní no supera los cientos, sostiene (aunque ellos los estimen en miles).

La fuente comenta que las declaraciones de Trump y Netanyahu sirven de “globo sonda”, sin un respaldo serio detrás, aunque se haya producido “alguna llamada”. El hecho de exagerar el poder real de estos grupos ha provocado que haya más ataques sobre ellos y que Turquía reaccione para impedir toda opción de un Kurdistán iraní en su frontera, analiza el diplomático. El grupo armado PJAK (Partido por una Vida Libre en Kurdistán), miembro de la coalición de oposición kurdoiraní, aglutina el mayor número de combatientes y cuenta con bases dentro del territorio iraní. Movimiento de corte marxista, se considera el PKK iraní, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán que Ankara tacha de terrorista.

“No somos las botas de nadie y solo estamos al servicio de los kurdos”, sostiene por su parte Alyar del grupo Komala, también molesto por la confusión de mensajes en los medios. Habla en conversación telefónica después de que la visita prevista a su base en la región de Suleimanía, en el noreste de Irak, se viera cancelada por amenazas de un ataque inminente iraní, que finalmente se produjo con un dron y contra unas instalaciones ya vacías.

Mientras que los milicianos de la oposición kurdoiraní se entrenan en las montañas iraquíes y construyen túneles ante una posible ofensiva terrestre en Irán ―y a la espera de que se concrete una asistencia aérea y aprovisionamiento en armas―, estos grupos ya se preparan para el día después de la caída de la República Islámica. A tal efecto han creado la Coordinadora, una coalición formada tras la ofensiva de EE UU e Israel que reúne a seis grupos armados kurdoiraníes, asegura Alyar. El PAK habla de independencia, Jabat de una autonomía dentro de Irán y de elecciones, mientras que Komala habla de un sistema federal iraní. Ya han sido testigos del cambio de régimen en Siria; con el derrocamiento de Bachar el Asad, y en Irak; con el de Sadam Husein, así como de los escenarios diferentes para las regiones kurdas y sus expectativas de autodeterminación en esos países.

Movidos en el exilio por ese mismo objetivo de un Kurdistán iraní, consideran que es ahora cuando tienen que unirse y posicionarse para poder ocupar el espacio que deje un posible colapso del régimen en Irán. Israel es un aliado “porque persigue también el cambio de régimen en Teherán y es un poder de facto en la región”, puntualiza el líder del PAK. Tampoco descartan que, tras oponerse al shah, al ayatolá Ali Jameneí y ahora a Mojtaba Jameneí, su hijo y sucesor, también puedan volver a ver al hijo del shah sentado en el trono de Teherán-. Este ya ha descartado públicamente toda concesión a las aspiraciones lingüísticas, culturales, políticas o sociales de una autonomía kurda.

“No hay ninguna alternativa seria y carismática en el horizonte”, concluye la voz diplomática, para quien las llamadas de Israel y Estados Unidos a que “el pueblo iraní se levante contra el régimen” no son realistas en un país de 90 millones de personas donde los civiles están desarmados y el régimen iraní puede empezar “a perpetrar masacres brutales contra ellos”, si se ve realmente acorralado.

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