Ir al contenido
_
_
_
_

Irak se afianza como escenario paralelo de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán

La caída de un avión militar estadounidense en suelo iraquí es el último de una larga lista de incidentes bélicos

Imagen del ayatolá Ali Jameneí en un funeral de miembros de las Unidades de Movilización Popular, que murieron en un ataque aéreo en la ciudad de Al Qaim, el jueves.Stringer (REUTERS)

Un avión cisterna de combustible KC-135 Stratotanker de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se estrelló el jueves por la noche en el oeste de Irak. Ese avión gasolinera, un modelo vetusto de más de 60 años, no tiene asientos eyectables, y Washington ha confirmado este viernes la muerte de sus seis tripulantes. Según un comunicado del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), se trató de un accidente, no producto de “fuego hostil ni amigo”: el avión se desplomó tras chocar con otra aeronave estadounidense que “aterrizó sin contratiempos”. Fotografías difundidas luego en redes sociales muestran a otro KC-135, con el estabilizador de la cola arrancado, estacionado en el aeropuerto David Ben Gurion de Tel Aviv.

Esa versión del accidente choca con la de la Resistencia Islámica, la denominación que engloba a varias milicias iraquíes respaldadas por Irán, que ha asegurado haber derribado la aeronave con un misil de defensa aérea de tecnología iraní, una reivindicación que luego ha secundado Teherán. Cualquiera que haya sido la causa, el siniestro de ese avión suma otro incidente bélico a una lista ya larga en los últimos días y que apunta a que Irak se está convirtiendo en un escenario paralelo de la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por el otro.

Un ataque con drones ha alcanzado este mismo viernes la refinería de Lanaz, en Erbil, en el Kurdistán iraquí. De madrugada, un militar francés había muerto y otros seis resultaron heridos en otra arremetida con esos aparatos no tripulados en la misma localidad kurdoiraquí, según ha confirmado el presidente francés, Emmanuel Macron. La víspera, Irak se vio forzado a detener la actividad del puerto de Basora después de que un ataque atribuido a Irán alcanzara a un petrolero de propiedad estadounidense. Y, en la noche del martes al miércoles, un proyectil causó daños leves en la base militar italiana de Erbil, como informó el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto.

La ilegal invasión de Irak por parte de EE UU en 2003 y el derrocamiento del régimen de Sadam Hussein, que servía de contrapeso regional a Irán, dejó tras de sí un país fracturado en el que alrededor del 60% de la población profesa el chiísmo, la religión de Estado en Irán. Desde entonces, la República Islámica ha convertido a su vecino iraquí en uno de los principales tableros en los que proyecta su poder regional como estrategia de disuasión frente a Israel, a través del apoyo a milicias proiraníes.

Esos grupos forman parte del llamado Eje de Resistencia, la red de alianzas y patronazgo de Irán con actores no estatales en diferentes países de Oriente Próximo: Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y diferentes grupos, armados y entrenados por Teherán, en Irak.

El escenario en Irak es complejo: por un lado, el país alberga a esas milicias proiraníes; por otro, da cobijo también a grupos de la oposición kurdoiraní exiliados en el Kurdistán iraquí, una entidad federal autónoma con su propio Gobierno, Parlamento y fuerzas de seguridad, que escapa en gran parte al control del Gobierno central de Irak.

En la primera semana de la guerra, que comenzó el 28 de febrero, se conoció que el Gobierno de Estados Unidos estaba presionando a varias de esas facciones kurdas opuestas a la República Islámica para que efectuaran incursiones terrestres en Irán, según publicó la prensa estadounidense. Ese proyecto no cuajó o fue después aparcado.

Mientras Israel y Estados Unidos castigaban con bombardeos aéreos la provincias kurdoiraníes fronterizas con Irak, tanto Irán como sus milicias aliadas iraquíes atacaban con drones y misiles las bases de los grupos opositores kurdoiraníes en la región autónoma del Kurdistán iraquí.

Caos “contagioso”

“Irán ya advirtió de que el caos era contagioso, e Irak se ha convertido en un escenario más de una guerra que ya es regional”, subraya por teléfono Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). La extensión del conflicto al país árabe era “previsible”, lamenta este experto en Oriente Próximo, dada la “historia reciente de Irak”. Lo que está sucediendo en Irak es, concluye, “una reverberación del desastre que fue la invasión estadounidense ilegal de 2003″.

Un Irak fracturado y convertido por Washington en un Estado fallido fue “entregado entonces en bandeja de plata a Irán”, explica este especialista. La consecuencia es que la República Islámica vio así eliminado a su contrapoder regional, tras el derrocamiento de Sadam Hussein y el desmantelamiento del aparato militar y de seguridad iraquí. Washington acabó, por tanto, con el equilibrio de poder entre Irán e Irak que había permitido mantener “cierta estabilidad en Oriente Próximo y en el Golfo”, tras el final de la guerra entre Irán e Irak en 1988, prosigue el director ejecutivo del CEARC.

El incidente del avión gasolinera siniestrado el jueves por la noche, sea por accidente o derribado por las milicias proiraníes en Irak, recuerda que el espacio aéreo iraquí está siendo utilizado ahora por Estados Unidos e Israel para atacar Irán.

La muerte de Jameneí

Cuando el 28 de febrero Israel y/o Estados Unidos mataron al líder supremo iraní, Ali Jameneí, acabaron también con el jefe de Estado chií que proyectaba su autoridad religiosa a otras comunidades de fieles de esa rama minoritaria del islam en varios países de Oriente Próximo. En Irak, los grupos que conforman la Resistencia Islámica juraron vengar su muerte. Las más importantes de esas milicias son Harakat Hezbollah Al Nujaba, Kataib Hezbollah y Kataib Sayyid Al Shuhada.

Un hecho posterior afianzó el surgimiento de Irak “como un campo de batalla clave”, sostenía el jueves el medio regional Amwaj: la muerte, cuatro días después del bombardeo que mató a Jameneí, del líder de Abu Hassan Al Fariji, líder de Kataib Hezbolá en la gobernación iraquí de Babilonia. Nadie se atribuyó su muerte, pero “observadores” citados por ese medio la atribuyen a Israel o Estados Unidos.

Al día siguiente, fuentes oficiales iraquíes informaron a los medios del grupo de comunicación Rudaw de que fuerzas especiales estadounidenses habían aterrizado “en zonas desérticas de las provincias iraquíes de Anbar, Nayaf y Karbala”. Ese supuesto aterrizaje “dio lugar a enfrentamientos con las fuerzas iraquíes que se saldaron con un soldado muerto y otros dos heridos”, detallan estos medios. Estados Unidos nunca confirmó ese presunto enfrentamiento.

Para acabar de completar el rompecabezas, y aunque pueda resultar paradójico, las milicias de la Resistencia Islámica, proiraníes, están formalmente integradas en el aparato de seguridad del Estado iraquí. Forman parte de las llamadas Unidades de Movilización Popular (UMP), una coalición de milicias mayoritariamente chiíes que se crearon en 2014 para combatir al Estado Islámico o ISIS, la brutal organización que también nació de los rescoldos de la invasión estadounidense de Irak de 2003.

Aunque teóricamente bajo la autoridad del Ministerio del Interior iraquí, esas facciones son una poderosa fuerza militar y un prominente actor con gran influencia en la política del país. El respaldo de Irán las convierte en una quinta columna, una especie de fuerza alineada con los intereses de Teherán dentro de las instituciones iraquíes, desde las que han ejercido una resistencia constante a la influencia y la presencia de militares de Estados Unidos en el país. Desde enero, esa presencia militar se limita a 2.500 soldados estadounidenses en la base aérea de Harir, en la provincia de Erbil. Esas instalaciones han sido atacadas varias veces con drones desde el inicio de la guerra en Irán.

La financiación, el entrenamiento y el suministro de armas por parte de Irán a estas milicias se canaliza a través de la fuerza Qods de la Guardia Revolucionaria, que toma las decisiones militares en la guerra. Esa fuerza es una división de ese poderoso ejército paralelo iraní, encargada de sus operaciones extraterritoriales. Su especialidad es la guerra asimétrica y las operaciones clandestinas.

En 2020, en su primer mandato presidencial, una de las primeras andanadas de Donald Trump contra Irán fue ordenar el asesinato del comandante en jefe de la fuerza Qods, el general Qasem Soleimaní, un halcón del ala dura del régimen islámico, muy cercano al líder supremo Alí Jameneí. Washington lo mató con un ataque con drones y misiles en el aeropuerto de Bagdad. Todas las manifestaciones de seguidores de la República Islámica de Irán las preside desde entonces el retrato de Soleimaní, junto con los de los líderes supremos del país.

Irán ha tratado de imponer su influencia en Irak, pero Donald Trump también. En enero, cuando se anunció que el ex primer ministro iraquí Nuri al Maliki tenía apoyos suficientes para regresar a ese cargo, el presidente de Estados Unidos amenazó con retirar su ayuda a Irak acusando a Al Maliki de permitir la ingerencia iraní.

“Diferentes partes del panorama político y de seguridad iraquí están alineadas con potencias externas en competencia: algunas facciones mantienen estrechos vínculos con Irán, mientras que otras están más estrechamente conectadas con Estados Unidos”, asegura en declaraciones a Al Jazeera Renad Mansour, director de la Iniciativa Irak en el grupo de expertos Chatham House, con sede en el Reino Unido. Irak está en medio de esos dos países, Estados Unidos e Irán, ahora en guerra.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_