El líder de la guerrilla kurda, Abdullah Öcalan, pide reformas democráticas para consolidar el proceso de paz con Turquía
En el aniversario de su llamamiento al desarme y disolución del PKK, el fundador del grupo armado incide en la necesidad de una “integración democrática” kurda


El líder ideológico y fundador de la guerrilla kurda, Abdullah Öcalan, ha hecho un llamamiento a la democratización de Turquía como modo de afianzar el proceso de paz y pasar a una nueva “fase constructiva”. El mensaje del líder kurdo, encarcelado a perpetuidad en la isla-prisión turca de Imrali, fue leído por una política kurda en Ankara este viernes, cuando se cumple un año de que Öcalan diese la orden de disolución y desarme del grupo armado PKK, una organización considerada terrorista por la propia Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea.
“Los turcos no pueden existir sin los kurdos, ni los kurdos sin los turcos. La dialéctica de esta relación es históricamente única”, afirma Öcalan en su mensaje, recordando que los textos fundacionales de la República de Turquía (1923) —tras la Guerra de Liberación en la que ambos pueblos lucharon juntos contra los ejércitos invasores de Gran Bretaña, Francia y Grecia— incidían precisamente en esa hermandad.
Para recuperarla, dice el fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), es indispensable un proceso de “integración democrática” en el que la ciudadanía turca no se base en la adscripción a una identidad nacional, lingüística o religiosa, sino en la relación con un Estado democrático, dejando atrás toda política basada en la asimilación, la fuerza y la violencia, tanto por parte del Estado turco como de los militantes kurdos.
“La causa de muchos problemas y crisis que experimentamos hoy es la ausencia de un Estado de derecho democrático. [Por ello] basamos nuestra estrategia en una solución legal dentro de la política democrática. Necesitamos un enfoque que dé espacio a la sociedad democrática y establezca fuertes garantías legales”, pide Öcalan.
En su mensaje no se hacen demandas concretas y está redactado de una forma cuidadosamente ambigua para no enfadar al presidente, Recep Tayyip Erdogan —que es quien tiene la última palabra en todo lo que se hace en Turquía y al que Öcalan dedica palabras de agradecimiento—, ni alienar al nacionalismo turco, que domina el discurso público del país. Si bien los principales partidos del Parlamento turco apoyan el proceso de paz, algunas formaciones nacionalistas han comenzado a explotar la oposición de algunos sectores a lo que consideran una “negociación con terroristas”.
En la comparecencia previa a la lectura del mensaje de Öcalan, Tülay Hatimogullari, copresidenta de DEM (el principal partido kurdo legal en Turquía), subrayó que el PKK ha cumplido su parte, con la aprobación de su disolución en mayo y el inicio de su desarme en julio, y ahora le toca el turno a Turquía. “La responsabilidad recae ahora en el Estado y el Gobierno. Se deben formular políticas sin demora, se debe determinar una hoja de ruta y se deben dar pasos concretos y que generen confianza”, afirmó.
Entre las medidas que exigió se hallan reconocer la identidad kurda y la de otras minorías de Turquía, así como sus derechos culturales y lingüísticos; garantizar la libertad religiosa y de culto; reforzar los gobiernos municipales; garantizar la separación de poderes (ante la concentración de poderes en el presidente que se ha vivido en la última década) y garantizar las libertades políticas y de asociación.
Con todo, su partido votó este mes a favor del informe hecho por una comisión parlamentaria que durante el último año ha debatido las propuestas sobre el proceso de paz, y en el que no se incluye ninguna recomendación sobre la lengua kurda, la búsqueda de las personas desaparecidas durante el conflicto kurdo (que ha provocado más de 40.000 muertes desde la década de 1980) ni sobre la liberación de los presos políticos, si bien en este punto se ha dejado una puerta abierta con la inclusión de la petición de respetar las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).
En su último discurso parlamentario esta semana, Devlet Bahçeli, socio de Erdogan y líder del partido ultraderechista MHP, pidió reformar el sistema de intervención de ayuntamientos que ha llevado al Ministerio de Interior a deponer a numerosos alcaldes kurdos bajo acusaciones de cooperar con el terrorismo y también pidió revisar la situación de Öcalan (sus seguidores esperan que se ofrezca cuanto menos mejoras en su situación carcelaria o incluso un horizonte de excarcelación sobre la base de la doctrina del TEDH del “derecho a la esperanza” de los condenados a cadena perpetua).
Bahçeli, que pese a sus ideas ultranacionalistas turcas ha sido el impulsor de este nuevo proceso de paz, también ha hecho llamamientos a la liberación de líderes políticos kurdos como Selahattin Demirtas, encarcelado desde hace una década pese a las sentencias a su favor del TEDH.
Uno de los principales obstáculos de la negociación entre Turquía y el PKK era la existencia de un protoestado kurdo basado en las ideas de Öcalan -popularmente conocido como Rojava- en el norte de Siria y fronterizo con territorio turco. Pero la reciente ofensiva del Gobierno sirio y el acuerdo para la integración de las milicias kurdo-sirias YPG (orgánicamente vinculadas al PKK) han significado su desmantelamiento en la práctica, lo que podría favorecer el avance en las negociaciones.
Sin embargo, esto también ha provocado mucho malestar entre las bases de simpatizantes del nacionalismo kurdo y, especialmente desde la diáspora kurda en Europa y EE UU, se acusa a Öcalan -antaño una figura casi sagrada- de haberse vendido al Estado turco a cambio de prácticamente nada.
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