Medicinas falsas, otro negocio para el crimen organizado
Los fármacos oncológicos, caros, de pequeño formato y fácil adulteración, son perfectos para el lavado de dinero


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En Estados Unidos es peligrosamente habitual comprar analgésicos o ansiolíticos en el mercado negro. Algo para aliviar el dolor que en muchos casos termina por llevarse la vida entera. Músicos famosos como Prince o Mac Miller creyeron conseguir medicinas para su malestar, del cuerpo o del alma, y acabaron muertos porque estaban adulteradas con el demonio del fentanilo. Los narcotraficantes cortan los medicamentos con el potente opioide como una fórmula de captación de clientes, para que lo necesiten más, pero la frontera de la dosis letal es tan mínima que acaba convirtiéndose en una ruleta rusa. En México, no hay registros de que el siniestro fenómeno haya penetrado a fondo, aunque en la frontera sí existen indicios de un mercado negro de analgésicos cortados con fentanilo.
El negocio en México está más centrado en los medicamentos oncológicos y suelen tener tres variantes: la piratería clásica, el contrabando de productos fabricados en otro lugar con pocas normas sanitarias; la adulteración, un producto original, pero que ya ha caducado —o está a punto—, y cambian en la caja la fecha de caducidad y lo venden en el mercado; y la falsificación completa, tanto de los envases como de los medicamentos en sí. El ejemplo más evidente es el del fármaco Keytruda, en el que se centra la investigación global La medicina del millón, coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), en la que ha participado EL PAÍS.
La investigación concluye que existe un ecosistema criminal que importa, fabrica y distribuye medicinas falsas y que, de acuerdo con las denuncias y alertas presentadas por las autoridades, se ha multiplicado por cinco desde 2018 en paralelo a los problemas de desabastecimiento del sector salud que empeoraron durante el sexenio pasado. El reportaje constata cómo los medicamentos falsos llegan incluso a insertarse en el suministro legal del sistema sanitario. Además de la existencia de un nutrido mercado negro en ciudades como Guadalajara y Ciudad de México.
Mi compañero Carlos Carabaña estuvo reporteando en el barrio de El Santuario, en la capital de Jalisco. El lugar es el epicentro del comercio ilegal de medicamentos robados, falsificados y adulterados. Ha sido definido por la Oficina de la Presidencia de Estados Unidos como un gran mercado ilegal de medicinas a cielo abierto “sin que las autoridades aparentemente hagan nada”. En vez de boticarios de bata blanca, se ven a hombres jóvenes de entre 15 y 30 años con gorra y cangurera.
Mi compañero fue a preguntar por el famoso Keytruda al dependiente de una de las tiendas, un tipo corpulento con un par de lágrimas tatuadas al costado del ojo derecho. Le dijo que tenía la medicina disponible por unos 30.000 pesos mexicanos. El vial básico de Keytruda en una farmacia legal se vende al público por unos 100.000 pesos. El ahorro es considerable, más todavía para pacientes graves desesperados por una solución. Pero no hay seguridad sobre su calidad ni que no sea una falsificación. “En ocasiones, la adulteración es con agua y cal”, me cuenta mi compañero.
El verano pasado, un operativo de la Marina y la Fiscalía especializada en delincuencia organizada y la Secretaría de Marina detuvo Josué N, alias Tacho, en un barrio de Guadalajara. Al supuesto líder de una célula criminal se le decomisaron varias armas de fuego, drogas y 12.500 dosis de medicamentos falsificados, principalmente Keytruda. En una foto del operativo se ven decenas de envases de este medicamento. Las autoridades dieron con el criminal tras la denuncia de varios pacientes con cáncer que presentaron reacciones adversas al ser tratados con estos oncológicos falsificados.
Uno de los expertos en seguridad de la industria farmacéutica consultados por el reportaje explica que estos medicamentos oncológicos, caros y de pequeño formato, son perfectos para el lavado de dinero. “Todo lo que son cardiovasculares, todo lo que tiene que ver con cáncer, todo lo que tiene que ver con insulinas... Son unidades muy pequeñas que tienen un precio de mercado muy alto, por eso el nivel de tecnificación en estas empresas es muy alto”. Sobre la pericia técnica necesaria para fabricar medicamentos falsos, los asesores consultados le restan complejidad: basta con tener una pequeña máquina en un garaje y usar una solución salina para los líquidos y cal para las pastillas o similares.
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