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Las fuerzas kurdas pactan con el Gobierno de Siria su integración administrativa y militar en el Estado

El acuerdo otorga a Damasco pleno control sobre el territorio, las fronteras y los recursos del noreste, en manos kurdas durante la mayor parte de la guerra

Miembros de las Fuerzas Democráticas de Siria

Las fuerzas kurdas han anunciado este viernes un acuerdo con el Gobierno de Siria que amplía el alto el fuego entre ambas partes a todo el país e implica la integración gradual en el Estado de las instituciones civiles y militares del hasta ahora proyecto autónomo del norte y este. El pacto, que el Ejecutivo central ha confirmado mediante la televisión nacional, otorga a Damasco el control del territorio, de las fronteras y de los recursos del conjunto del país, mientras que las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) ―el brazo armado de la administración liderada por los kurdos― ha indicado que sus efectivos integrarán cuatro brigadas del ejército sirio y que el acuerdo respeta “los derechos civiles y educativos de pueblo kurdo”.

En un comunicado, las FDS han señalado que el entendimiento “incluye la integración de las instituciones de la Administración Autónoma [del Norte y el Este de Siria, AANES] en las instituciones estatales sirias”, y ha defendido que el movimiento tiene como objetivo “unificar el territorio sirio”, conseguir “la plena integración” y cooperar para reconstruir el país.

En el corto plazo, el nuevo entendimiento estipula la retirada de las fuerzas militares “de los puntos de contacto”, lo que supone en la práctica la ampliación total del alto el fuego y permite a las fuerzas del Ministerio del Interior desplegarse en los centros urbanos de Hasakah y Qamishli (ambas en el noreste), denegados durante años a las fuerzas estatales.

Si se cumple, el nuevo acuerdo otorgará al poder central el control sobre regiones al margen durante años de su control directo, consolidando el mayor cambio que el mapa político de Siria ha registrado desde la caída de Bachar el Asad y extendiendo su dominio ―virtualmente― al conjunto del país. El lenguaje del acuerdo parece entregar incluso al Estado el control de enclaves que las FDS habían logrado retener durante la ofensiva, como el paso fronterizo con Irak de Semalka. Al mismo tiempo, la integración deja muy tocado el proyecto político liderado por los kurdos en el norte de Siria, una parte del Kurdistán (que se extiende también a zonas de Turquía, Irak e Irán) donde habían establecido durante la guerra un confederalismo democrático que unía poblaciones kurdas, árabes o asirias.

La dilución de la administración kurda en el nuevo Estado ―que sigue en formación tras la caída del régimen de El Asad en diciembre de 2024, en una ofensiva relámpago― llega después de que las fuerzas sirias, encabezadas por el presidente interino, Ahmed al Shara, lanzasen este enero otra ofensiva, en la que se han apoderado de buena parte del territorio de esa autonomía rica en petróleo.

Un pacto sin aplicar

La primera opción de Al Sharaa, tras heredar el control de un país dividido y arruinado, fue la negociación con el FDS, pese a que Turquía apretaba por un enfoque más duro. En marzo, el Ejecutivo y las fuerzas kurdas ya alcanzaron un acuerdo de integración, pero dejaron pendiente concretar los detalles de su aplicación antes de que acabase el año. En medio de una creciente desconfianza y con diferentes estructuras de decisión, unos y otros acabaron el año entre acusaciones cruzadas sobre el motivo de la parálisis.

El pasado día 6, en medio de informaciones sobre los malos resultados de las negociaciones de esa integración, el ejército sirio y las fuerzas lideradas por los kurdos se enfrascaron en combates en Alepo, la ciudad norteña con dos barrios controlados por las FDS. Pese a acuerdos de tregua temporales, los combates persistieron y el Gobierno central los extendió a buena parte del norte del país, incluyendo las gobernaciones de Deir ez Zor y Raqa, que durante la mayor parte de la guerra (2011-2024) estuvieron en manos de los kurdos.

La campaña militar forma parte de los esfuerzos de Damasco por extender su dominio sobre los territorios que durante la guerra civil cayeron en manos de fuerzas distintas a las gubernamentales. Cuenta con amplio apoyo entre la mayoría de la población y entre las principales cancillerías. Estados Unidos, principal sostén de las fuerzas kurdas durante los últimos años y ahora aliado del Ejecutivo en Damasco, ha celebrado el acuerdo como algo “histórico”.

Más allá del cese a corto plazo de las hostilidades, el acuerdo estipula la formación de una división militar en el ejército sirio integrada por tres brigadas de las FDS, así como de una nueva brigada. Se quedará en Kobane (municipio integrante de la administración autónoma y símbolo de la resistencia kurda en la región), pero afiliada a la estructura militar de la Gobernación de Alepo.

Aunque el comunicado no lo detalla, fuentes gubernamentales han indicado a la televisión siria Al Ijbaria que la integración de esos uniformados se llevará a cabo a título individual. No habrá pues unidades que puedan distinguirse como originarias de las FDS, un asunto central en las negociaciones en el que los kurdos (en medio de una creciente pérdida de territorio) han tenido que ceder. Las instituciones que han constituido la AANES pasarán a integrar la estructura estatal manteniendo los mismos empleados.

Cambio de ciclo

EE UU, que ha tenido en las fuerzas kurdas su mayor aliado sobre el terreno en la lucha contra Estado Islámico (ISIS) ―cuyo califato transfronterizo con Irak fue derrocado en 2019― ha reconocido recientemente que un Gobierno sirio alineado con Washington y su adhesión el pasado noviembre a la Coalición Internacional contra el ISIS traslada la responsabilidad de la lucha contra el extremismo ―y los beneficios de esa alianza― hacia las nuevas autoridades en Damasco.

El enviado especial de la Casa Blanca en Siria, Tom Barrack, ha considerado este viernes el nuevo acuerdo “un hito en el camino hacia la reconstrucción nacional y la unidad duradera”, y ha envuelto de honor lo que para los kurdos, “quienes han hecho extraordinarios sacrificios” en la defensa de Siria “contra el extremismo”, sabe a derrota. “Ambos lados toman pasos valientes”, ha dicho en X: “El Gobierno sirio extiende de manera significativa la inclusión y los derechos, y las comunidades kurdas abrazan un marco unificado que honra sus contribuciones”.

A nivel doméstico, el cambio de ciclo se empezó a fraguar desde antes de la ofensiva del ejército sirio. Jihad Isa al-Sheij, un antiguo integrante, como Shara, de la facción local de Al Qaeda en Siria que ahora asiste al presidente en asuntos de tribus y clanes, recorrió el país para encontrarse con líderes árabes en unas reuniones, según informaciones, que prepararon el terreno para lo que vino después. Cuando el ejército sirio lanzó el reciente ataque al este de río Éufrates sobre las gobernaciones de Deir ez Zor y Raqa, tradicionalmente árabes y tribales, las deserciones entre esas comunidades ―que se sentían agraviadas por la administración kurda, que las decía tratar con igualdad― fueron clave en el rápido avance de las fuerzas gubernamentales.

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