El rápido avance del ejército frente a los kurdos cambia el mapa político de Siria
Los combates se suceden pese al alto el fuego del domingo. El ejército llega hasta las afueras de Hasaka mientras recaptura a presos huidos del ISIS


A un ritmo trepidante, casi como el de la ofensiva relámpago que derrocó al dictador, Bachar El Asad, el ejército sirio sigue ganando terreno en el noreste del país a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por las milicias kurdas. Las fuerzas gubernamentales han alcanzado este martes las afueras de la ciudad de Hasaka, mientras los combates se suceden, pese al alto el fuego firmado dos días antes, con sabor a rendición honrosa de las autoridades kurdas, debilitadas interna e internacionalmente. Es la transformación más relevante del mapa político del país desde que el actual presidente, Ahmed al Shara, tomó el poder hace 13 meses, con potenciales ramificaciones para países como Irak o Turquía.
La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (el Gobierno controlado por los kurdos que llegó a extenderse sobre un cuarto del país, tanto localidades de mayoría kurda como árabes) parece afrontar sus últimos días, por las buenas o por las malas. Ya firmó su progresiva disolución en las instituciones centrales, a cambio de integrar algunos mandos en las Fuerzas Armadas. Un decreto presidencial acaba de dar la ciudadanía a los kurdos y declarar “nacionales” su lengua y su festividad de año nuevo, Nowruz.
El control de Hasaka fue justamente un asunto relevante en la reunión que mantuvieron en la víspera el comandante de las FDS, Mazlum Abdi, y el presidente sirio, según la cadena Al Jazeera. Duró cinco horas y concluyó sin declaraciones ni comunicados. Abdi pidió dejar Hasaka bajo control total de sus fuerzas. El presidente sirio se negó y amenazó con tomarla por la fuerza, algo que parece haber iniciado este martes. En un comunicado, las FDS han llamado a los kurdos en el resto del Kurdistán (que se extiende a partes de Turquía, Irán e Irak), e incluso en Europa, a unirse a la “resistencia”. Ya ha habido manifestaciones en Diyarbakir (Turquía), Beirut o Berlín.

Los combates han llegado hasta las prisiones que albergan miembros del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). El Ministerio del Interior ha anunciado este martes la fuga (de la que cada parte culpa a la otra) de cerca de 120 de la cárcel de Shaddadi. El ministerio señala que fuerzas regulares y especiales entraron en la prisión tras la fuga y han recapturado a 81 de los escapados en operaciones de búsqueda y registros en los alrededores. En declaraciones al sitio web kurdo Rudaw, un portavoz de las Fuerzas Democráticas Sirias, Farhad Shami, eleva a unos 1.500 los miembros del Estado Islámico fugados.
El Gobierno de Damasco acusa a las milicias kurdas de liberarlos a propósito para que su aliado tradicional, Estados Unidos, frene la ofensiva. Las FDS defienden, en cambio, que perdieron a decenas de combatientes en los últimos días tratando de evitar sin éxito “una grave catástrofe de seguridad”. Además, lamentan que pidieron repetidamente ayuda a las tropas de la Coalición Internacional contra el ISIS, pero rehusaron intervenir, pese a hallarse a apenas dos kilómetros de la prisión. Por la tarde, han anunciado su retirada del campamento de Al Hol, que alberga a miles de civiles (sobre todo mujeres y niños de miembros) vinculados al ISIS.
Aliado prescindible
Las milicias kurdas fueron clave en la derrota del Califato Islámico del ISIS, en la década pasada. Y han sido equipadas y entrenadas durante más de una década por EE UU, que aún mantiene 900 soldados en la zona. Pero se han convertido en un aliado cada vez más prescindible en la denominada nueva Siria, ya sin El Asad. No pueden competir con la buena sintonía del presidente, Donald Trump, con Al Shara y con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que negocia una paz con el grupo armado kurdo PKK cuyos avances se ven influidos por la situación al otro lado de la frontera. Damasco ingresó además el pasado noviembre en la alianza internacional contra el ISIS. Trump y Al Shara, que se reunieron ese mismo mes (en la primera visita a la Casa Blanca de un presidente sirio en la historia del país), hablaron de hecho este lunes por teléfono sobre el asunto kurdo, según la presidencia siria.
Tras el viaje a EE UU, y en vista de sus últimas declaraciones, Al Shara cuenta con cada vez más apoyo interno y externo para unificar toda Siria bajo una misma autoridad civil y militar, aunque sea por la fuerza. Selló en marzo un acuerdo al respecto con las FDS, pero encalló en los detalles para implementarlo antes de terminar 2025, el plazo previsto.
Acabado el plazo, ordenó la toma de dos barrios de Alepo en manos de las FDS, Ashrafiye y Sheij Maksud. Concluyó el pasado día 12 y fue seguida de la actual ofensiva en el noreste, en la que los militares conquistaron Raqa ―el antiguo bastión del Estado Islámico que las fuerzas kurdas capturaron en 2017― y asestaron un duro golpe económico a las arcas de las FDS, al hacerse con los principales yacimientos de petróleo y gas de la provincia de Deir al Zor.

El rápido avance forzó el pasado domingo el acuerdo de alto el fuego, en el que las autoridades civiles y militares kurdas admiten “la transferencia administrativa y militar inmediata y completa de las gobernaciones de Deir al Zor y Raqa al Gobierno sirio” y la “integración de todas las instituciones civiles de la gobernación de Hasaka en las instituciones y estructuras administrativas del Estado sirio”. Asimismo, se comprometen a ceder el control de todos los cruces fronterizos y de los yacimientos de petróleo y gas, “cuya protección garantizarán fuerzas regulares para garantizar el retorno de los recursos al Estado sirio”.
Las tropas han ido acumulando allí victorias gracias en parte al apoyo de fuerzas tribales que integraban las SDF. Era en teoría una conjunción de milicias kurdo-árabes, pero la relación estaba muy deteriorada. Últimamente, los segundos parecían esperar su momento, tras años de resentimiento por el reclutamiento forzoso y sentimiento de marginación en el reparto de los beneficios del petróleo. El Gobierno de Al Shara asegura que cientos han seguido en los últimos días su llamamiento a desertar y han cambiado de bando.
La determinación de Al Shara puede verse en la entrevista que concedió el pasado día 13 a un canal kurdo (lo eligió para pasar su mensaje), Shams TV. Arreciaban entonces los combates en Alepo y el tono del presidente fue tan firme que el canal decidió finalmente no difundirla, por temor a que inflamase las tensiones entre las partes. Molesto, el Ministerio de Información la acabó emitiendo en el canal estatal.
En la entrevista, el presidente reprocha a las FDS no haberse sumado a la ofensiva que tumbó a El Asad y critica que controlen la frontera con Irak y recursos como el petróleo y el algodón, antes de lanzar la frase: “Siria no se quedará quieta mirando esta situación”. “¿Es una amenaza?”, pregunta entonces el entrevistador. “No. Soy un hombre que ha pasado en guerra casi la mitad de su vida. No amenazo. Las amenazas son para los débiles. Solo explico realidades, hago recomendaciones y explico contextos. Y ni la situación política, ni militar, ni de seguridad, está a favor de las FDS”, responde el presidente.
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