El riesgo económico de no proteger la naturaleza
La protección de los hábitats marinos como corales, manglares, pastos marinos y humedales costeros reducen las pérdidas económicas derivadas de fenómenos relacionados con el cambio climático

El Gobierno del presidente José Antonio Kast retiró 43 decretos en materia medioambiental de la Contraloría General de la República antes de que entraran en vigor, varios de los cuales creaban áreas protegidas. “Ayer vimos el efecto positivo que puede tener una máquina excavadora para construir futuro, y el futuro se construye en base a seguridad y empleo”, dijo el Presidente.
Pero, ¿es cierto que para lograr mayor empleo es necesario desproteger el medioambiente?
En 2020, más de 100 economistas y científicos publicaron el ‘Informe Waldron’, que concluyó que la economía mundial se beneficiaría del establecimiento de muchas más áreas protegidas en tierra y mar de las que existen en la actualidad. El mismo análisis global reveló que proteger el 30% de la tierra y los océanos generaría un rendimiento económico cinco veces superior a su costo.
El Informe sobre Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial alerta sobre amenazas futuras en materias como la economía mundial y señala que, en 2036, los tres primeros puestos de una lista de diez riesgos los ocuparán problemas ambientales: fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas, y cambios críticos en los sistemas naturales del planeta.
Dos decretos retirados ampliaban los parques marinos alrededor del Archipiélago de Juan Fernández y las Islas Desventuradas en más de 300 mil kilómetros cuadrados.
La evidencia demuestra que la protección del océano fortalece las economía en vez de perjudicarla.
Las áreas totalmente protegidas pueden beneficiar a la pesca comercial. Los parques marinos, que prohiben la actividad pesquera, permiten que las poblaciones de peces se recuperen y luego se pueda pescar más que antes fuera de los límites del parque, lo que se conoce como efecto spill-over o derrame.
Un estudio que examinó más de 50 áreas marinas protegidas en más de 30 países reveló que, en todos los casos, se incrementó la pesca o el turismo, a veces ambos, y que los beneficios alcanzaron los miles de millones de dólares en algunos casos.
La biomasa de peces en el parque marino Cabo Pulmo en México aumentó un 463 % en diez años desde su creación. Otro estudio de 2023 sobre el parque marino Revillagigedo, también en México, reveló que su establecimiento no afectó negativamente a las capturas de la industria atunera mexicana. Los resultados refutaron el argumento de la industria de que el parque provocaría una pérdida significativa de capturas de atún.
La protección de los hábitats marinos como corales, manglares, pastos marinos y humedales costeros reducen las pérdidas económicas derivadas de fenómenos relacionados con el cambio climático, como los huracanes e inundaciones, protegiendo a millones de personas y evitando pérdidas económicas catastróficas.
Seguir creciendo económicamente en base a actividades que degradan el medioambiente es un mal negocio futuro, conllevará la pérdida de empleos y aumentará la incertidumbre económica.
Chile tiene todas las condiciones para impulsar una economía moderna, que genere empleo y basada en la conservación su principal capital que es la naturaleza. La mejor decisión que el presidente Kast puede tomar para la prosperidad de Chile es reponer los decretos que crean estas áreas protegidas.
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