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La petrolera Lukoil acuerda la venta de sus activos extranjeros al fondo estadounidense Carlyle

El gigante ruso fue sancionado por la Administración Trump con las negociaciones sobre Ucrania de fondo

Estados Unidos la sancionó y Estados Unidos está a un paso de hacer negocio con ella. La petrolera rusa Lukoil ha llegado a un acuerdo para vender la mayoría de sus activos en el extranjero al fondo de inversión estadounidense Carlyle. La compañía había sido sancionada en octubre por el Departamento del Tesoro norteamericano con el pretexto de la invasión rusa de Ucrania, lo que ha hundido el precio del petróleo ruso en los mercados estos meses. Sin embargo, esta venta cuenta al mismo tiempo con la bendición del Kremlin y la Administración de Donald Trump ha redoblado sus presiones sobre Kiev para que ceda ante Moscú y firme un acuerdo de paz.

Lukoil recalca a través de un comunicado que la operación precisa de la aprobación de las autoridades regulatorias, y cita expresamente al Departamento del Tesoro estadounidense. De hecho, se trata del segundo intento de la petrolera rusa para vender su activos. En noviembre, la firma suiza Gunvor, especializada en el comercio de materias primas, fue rechazada por Washington con la excusa de que la empresa europea tenía vínculos con Rusia. La compañía suiza calificó aquel pretexto de falso.

Pese al acuerdo anunciado este jueves, todavía continúa la subasta de la petrolera rusa. “Lukoil mantiene negociaciones con otros posibles compradores. Carlyle no se pronuncia sobre el acuerdo”, recoge su comunicado.

El pacto prevé la venta de todo el patrimonio de Lukoil en el extranjero salvo sus proyectos en Kazajistán. Estos incluyen una participación en Tengiz, el operador del mayor yacimiento de petróleo y gas del país centroasiático, así como en el Consorcio del Oleoducto del Caspio, que exporta el 80% del petróleo de Kazajistán.

Los estados contables de Lukoil International estimaban el valor de sus activos en unos 19.000 millones de euros en el 2023. Estos incluyen varias refinerías en países europeos, en concreto en Bulgaria y Rumania además de participaciones en otros proyectos en Países Bajos, más miles de gasolineras repartidas por todo el mundo y explotaciones en Azerbaiyán, Uzbekistán, Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak.

Carlyle, por su parte, es uno de los mayores fondos del mundo al gestionar casi medio billón de dólares en activos. Algunos de sus negocios incluyen la compra a Trump en 2005 de varios terrenos y tres edificios en Manhattan por 1.800 millones de dólares. Según la publicación The Atlantic, su dueño, David Rubenstein, es amigo del presidente estadounidense. “Cuando David llama, digo que sí”, afirmó Trump sobre el empresario en 2014.

La partición de Lukoil tiene como telón de fondo las negociaciones de Washington y el Kremlin sobre Ucrania en las que participan muy activamente dos empresarios muy cercanos a Putin y Trump, Kirill Dmítriev y Steve Witkoff, respectivamente.

Las sanciones estadounidenses a Rosneft y Lukoil, las mayores petroleras de Moscú, hundieron el precio del barril de crudo ruso el pasado año. Para sortear las sanciones, las compañías ofrecen un descuento a los países que se atreven a asumir los riesgos. Según la consultora Argus, este recorte se elevó a finales de 2025 de 15 a 24 dólares por barril, lo que situó el precio del barril ruso de los Urales en torno a los 39 dólares por unidad. Sin embargo, la presión para vender crudo es enorme y, según el diario Financial Times, las firmas rusas han llegado a exportar barriles a la India a 25 dólares para cubrir solamente los costes.

No obstante, este golpe temporal a la exportación de petróleo ruso se ha producido paradójicamente con un clima amistoso durante las negociaciones entre los dos enviados especiales de Moscú y Washington, Dmítriev y Witkoff, quienes han resaltado los avances logrados en torno a los negocios entre ambas partes. El último encuentro tuvo lugar justo el fin de semana pasado en Emiratos Árabes Unidos mientras las delegaciones de Ucrania y Rusia abordaban una salida al conflicto.

El Departamento del Tesoro sancionó a Lukoil y Rosneft en octubre, dos meses después de la cumbre de Putin y Trump en Alaska de agosto. Ninguna de las partes publicó lo hablado entonces, y desde aquel momento continuaron unas conversaciones a tres bandas entre Moscú, Washington y Kiev -con el respaldo de la Unión Europea- que hasta ahora no han dado resultado.

Por un lado, Rusia exige la entrega de todo Donbás, congelar el conflicto en los frentes de Jersón y Zaporiyia y la desmilitarización de Ucrania antes de hablar de paz. Por otro, Ucrania propone la desmilitarización de Donbás por ambos bandos y exige garantías de seguridad reales a Estados Unidos para que no se repita lo sucedido con el Memorando de Budapest en 1994, acuerdo por el que Kiev se deshizo de sus cabezas nucleares soviéticas a cambio de una protección que nunca llegó cuando Moscú se anexionó ilegalmente Crimea y lanzó sus tropas sobre el resto del país.

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