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Starmer cierra la vía para que el alcalde de Mánchester pueda disputarle el liderazgo del Partido Laborista

El Comité Ejecutivo Nacional de la formación, controlado por el primer ministro, prohíbe a Andy Burnham intentar recuperar el escaño

Keir Starmer fue abogado y fiscal antes que político, y sabe que cualquier resorte legal es bueno para alcanzar un objetivo, aunque tenga algo de juego sucio. El primer ministro ha utilizado el Comité Ejecutivo Nacional (NEC, en sus siglas en inglés) del Partido Laborista para bloquear el intento del popular alcalde de Mánchester, Andy Burnham, de disputarle el liderazgo de la formación. Ochos de los diez miembros del NEC, el único órgano que podía dar permiso al alcalde para dar el salto como diputado a la Cámara de los Comunes, han votado en contra de esta posibilidad, entre ellos Starmer.

La presidenta del organismo, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, se ha abstenido, aunque públicamente había expresado su rechazo a las pretensiones del alcalde. Solo Lucy Powell, vicepresidenta del partido y contrapeso ideológico a Starmer, ha dado su respaldo a Burnham.

El primer ministro sabía que su decisión iba a ser duramente criticada por diputados laboristas, sindicatos y hasta miembros de su propio Gobierno, pero ha optado por cortar de raíz la construcción de una alternativa amenazadora a su liderazgo. Si las elecciones municipales de mayo, que en Escocia y Gales serán autonómicas, resultan ser la debacle que todos los sondeos vaticinan para el partido del Gobierno, el suelo que pisa Starmer corre serio riesgo de resquebrajarse. Decenas de diputados respaldarían la idea de forzar unas primarias para cambiar de líder (y de primer ministro) antes de las próximas elecciones generales, previstas para 2029.

La amenaza de la ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, que ocupa desde hace más de un año la primera posición en todos los sondeos que miden las preferencias de los votantes, ha puesto en guardia a la izquierda británica. La tibieza y ambigüedad de Starmer, o su moderación en el mejor de los casos, no convencen a muchos de sus correligionarios.

Burnham, apodado el “rey del norte”, cuenta con numerosos apoyos entre los afiliados, sindicalistas y votantes del laborismo. El sábado despejó las dudas de todos al anunciar su intención de disputar el escaño vacante en la circunscripción de Gordon y Denton, dentro de la región de la Gran Mánchester.

El diputado laborista que la representaba, Andrew Gwynne, ha anunciado su intención de dimitir por motivos de salud. Se trata en realidad de una excusa negociada para que el político laborista, de 51 años, pueda recibir una indemnización compensatoria y asegure una pensión de invalidez. Fue expulsado del grupo parlamentario del Gobierno y sigue bajo investigación por unos exabruptos desafortunados contra los votantes en un grupo de Whatsapp.

En el Reino Unido, la dimisión de un diputado genera una elección parcial, en la que los partidos vuelven a competir —y los electores a votar— para elegir un nuevo representante de esa circunscripción. Este tipo de competición limitada suele ser un termómetro útil del estado de ánimo de los ciudadanos. Pero en este caso, podría ser el pistoletazo de salida para una batalla interna en la izquierda británica.

El alcalde ha querido dejar claro que su voluntad de incorporarse a la Cámara de los Comunes (en el caso de que hubiera logrado el escaño) no tendría otro propósito que “contribuir al impulso del Gobierno”. Así se lo habría explicado a Starmer en una conversación telefónica previa a su anuncio. Pero el primer ministro no ha mordido el aparente anzuelo. El ruido de rebelión interna dentro del laborismo es cada vez más intenso y, junto a otros nombres como el del ministro de Sanidad, Wes Streeting, o la exprimera ministra, Angela Rayner (la favorita de los sindicatos), la hipotética candidatura del “rey del norte” cobraba cada vez más fuerza.

De hecho, Burnham ya disparó todas las alarmas en Downing Street el pasado septiembre, cuando reveló los mensajes de ánimo que había recibido de compañeros del partido.

“¿Le han pedido ya algunos diputados que se presente contra Starmer?”, le preguntó entonces el periodista de The Daily Telegraph. “Sí, la gente ha contactado conmigo a lo largo de este verano; no puedo negar que ha ocurrido. Pero esa decisión depende más de ellos que de mí. Aunque ya me presenté dos veces para liderar el partido. Creo que eso lo dice todo, ¿no?”, respondió el alcalde.

La decisión del NEC

En su condición de alcalde de un municipio muy importante, Burnham, que ya fue diputado entre 2001 y 2017, debía pedir permiso al NEC para presentarse a la elección parcial de Gordon y Denton. En el caso de que hubiera obtenido el visto bueno, habría tenido que abandonar la alcaldía, y unas nuevas elecciones municipales se habrían puesto en marcha.

Pero en el hipotético caso de que se abriera un proceso de sustitución del liderazgo de Stamer después de los comicios de mayo, solo los que tuvieran un puesto de diputados podrían aspirar a reemplazarle. Por eso la jugada de Burnham era tan claramente amenazante para los aliados del primer ministro.

Fuentes del partido laborista aseguran que las dos principales razones esgrimidas por el NEC para rechazar las aspiraciones de Burnham eran, en primer lugar, lo costoso que sería para la formación una nueva campaña para retener la alcaldía de Mánchester. Y en segundo, lo delicado y perjudicial que sería un proceso de guerra interna similar a los que sufrieron los conservadores en los últimos años, en un momento geopolítico y económico muy complejo.

Pero el equipo de Starmer también sabe que ha abierto la caja de los truenos. Muchos laboristas, incluidos los ministros Streeting y Miliband, habían expresado ya su repulsa ante la idea de que se bloqueara una hipotética maniobra del alcalde de Mánchester. El movimiento de Starmer es arriesgado, porque muchos de sus críticos lo ven como poco democrático, con mucho de juego sucio y de escasa inteligencia. Si el laborismo acabara perdiendo el escaño de Gordon y Denton al ser derrotado por la ultraderecha, como ya ha ocurrido en circunscripciones como la de Runcorn, por no haber colocado al candidato con más posibilidades, el ruido interno contra el primer ministro aumentaría considerablemente de decibelios.

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