Louis Garrel: “En mi familia no todo es cine de autor. Mi película favorita es ‘Arma Letal 3″
Fue el príncipe del cine francés, heredero de tres generaciones vinculadas a la pantalla. Pasados los 40, ya nadie cuestiona a este actor y director que el próximo mayo estrena ‘Couture’ junto a Angelina Jolie


Louis Garrel habla como una metralleta. Chasca los dedos, gesticula, mira con intensidad y luego se pierde mientras vapea. Entre citas de Godard y Lagerfeld, repite “extraño” y “encantador”, dos adjetivos que bien podrían definir su trayectoria. No suele ocurrir, pero el actor y director nacido hace 42 años en París empieza la entrevista invirtiendo los papeles y pregunta: “¿Sabes qué? Aún no he visto la película. ¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado?”. Atento, espera con los ojos entornados el veredicto sobre Couture, el largometraje donde interpreta al amante de la protagonista, Angelina Jolie, presentado en el último Festival de San Sebastián y que, tras varios retrasos, parece que se estrenará en las salas españolas en mayo. Garrel quiere una respuesta elaborada. Entender la reacción del público le parece fundamental. “El sueño, la misión, cuando hago películas como director, o como actor, es conseguir que viajen y se comprendan fuera”, explica.
Fuera es relativo, teniendo en cuenta la naturaleza políglota de sus proyectos. En inglés, ha rodado a las órdenes de Alice Winocour la mencionada Couture, un retrato coral de la semana de la moda de París atravesado por la tragedia. En italiano, se ha estrenado con el laureado realizador Nanni Moretti en Sucederá esta noche, prevista también para 2026. Y este año rodará, ya en su idioma natal, su quinto largometraje como director.
Pero retrocedamos al momento de la entrevista. Son las doce de la mañana. Parece cualquier domingo lluvioso de septiembre en San Sebastián, pero este día promete ser diferente: Angelina Jolie aterriza por primera vez en el festival de cine. A sus 50 años, protagoniza y produce Couture, la película que marca un antes y un después en una semana plagada de manifestaciones propalestinas. Los fans colapsan la entrada del Hotel Maria Cristina y en el interior el trajín habitual tiene aún más intensidad. Por los pasillos, las estrellas van de un lado para otro mareadas por las agendas inflexibles de sus equipos. Pero Garrel vibra en otra frecuencia: se mueve ágil en el caos. Está en su salsa. “Cuando presentas una película como director estás mucho más estresado. Sientes la responsabilidad por todo el equipo y ves la película con un ojo en los actores, esperando que les guste. Pero como intérprete tienes menos responsabilidad, vienes como un niño a ver una película”, explica.


La ciudad está paralizada esperando a Angelina, ¿intimida tanto como parece trabajar con una estrella de tal calibre? Me intimidó conocerla, pero después de eso, extrañamente, no. Las grandes estrellas solo te intimidan durante dos minutos. En realidad somos personas completamente distintas. ¡Ella es de Los Ángeles! Pero ambos queríamos compartir este proyecto y hablamos mucho de lo que nos unía. Es única, de verdad. Mucho más que interesante. Es fascinante, tiene dentro a muchas mujeres distintas. Es muy rebelde, pero también poderosa y con profundas convicciones políticas. Se dedica por completo a los demás. Cada mañana me alegraba mucho compartir el plató y hablar con ella. Creo que tenemos buena química, tiene que molar vernos. Es como presenciar a dos personas que están conociéndose en mitad un rodaje.
Su papel recuerda al que interpretó en Mujercitas (2019): secundarios que apoyan a mujeres fuertes. Antes solía ser al revés. ¡Es completamente cierto! No lo había pensado así. Las dos películas están dirigidas por mujeres empoderadas y la verdad es que me atraen mucho esas figuras. Me puse muy contento cuando Greta [Gerwig] me pidió interpretar a ese chico tímido enamorado de una escritora en Mujercitas. Me enorgullece interpretar a estos tipos. No soy nada viril, no tengo mucha testosterona y por eso me rodeo siempre de mujeres fuertes. Mi mejor amiga es Rebecca Zlotowski. Me encantaría que la mencionaras y así le puedo mandar el artículo. Es la directora de Vida Privada, con Jodie Foster, y es muchísimo más inteligente que yo. La llamo constantemente para pedirle consejo en el trabajo, pero además para preguntarle por grandes cuestiones de la vida. También me pasa con Anne Berest, que es otra escritora francesa. Valoro mucho a las mujeres, así que me sale natural interpretar estos papeles.

Con Jolie comparte una intensa escena de sexo. Da la impresión de que actualmente son menos habituales. ¿Es porque son complicadas de rodar? No creo que ahora se tenga más miedo, lo que pasa es que muchas veces el sexo en las películas es muy aburrido y por eso muchos no se arriesgan a rodarlas. Cuando no funciona se ven todas las trampas: que se grabó un día cualquiera por la mañana, que los actores no se entendían… Pero cuando funciona, consigue generar la sensación de estar espiando a través de una cerradura, te conviertes en un niño pequeño intentando cazar a una pareja haciendo el amor. Lo más difícil es eso, captar la atención del espectador y convertirlo en un pequeño voyeur. Me acuerdo de una película de Antonioni [Identificación de una mujer] con una escena de sexo muy intensa. La luz es muy brillante y mientras hacen el amor la mujer se mira al espejo y empieza a hacer gestos raros. Es muy particular. Cuando se ejecutan bien, estas escenas son increíbles, pero recuerdo miles que son malas y aburridas. Lo más normal es verlas y que te dé vergüenza. La línea entre unas y otras es muy delgada.
¿Ha cambiado su manera de enfrentarse a las escenas de sexo? Claro, cuando era joven desnudarme era un juego de niños, pero mi cuerpo ha ido cambiando, me veo todos los días en el espejo y ya no estoy tan cómodo. También ahora pregunto más en las reuniones con los directores cómo va a ser su aproximación al sexo. Depende mucho de cada uno, pero ahora soy más tímido.


Volviendo a Couture, en la película se hacen dos preguntas que me gustaría plantearle. La primera: ¿puede definir la moda con dos palabras? Creo que utilizaría las mismas que dice Angelina: innecesaria, pero esencial. Cuando vas a un país en el que no se respeta la moda, sientes que falta algo. La moda nos moldea. Los diseñadores transforman nuestra concepción de la masculinidad y la feminidad y eso es maravilloso. De joven era muy esnob y miraba a ese mundo por encima del hombro. Me interesaba, pero no me atrevía a decirlo. Así que ahora digo que salí del armario de la moda cuando trabajé con Bertrand Bonello hace unos 10 años [en Saint Laurent, Garrel interpreta a Jacques de Bascher, amante del diseñador]. Me permitió escudarme en mi trabajo para reconocer que me gustaba. Y me encanta ir a los desfiles. Siempre he sido un gran fan de Maria Grazia Chiuri. Porque, como decía Karl Lagerfeld, cuando ves un vestido bien hecho, ves a una mujer bella, no un bonito vestido. Ahora incluso me interesa la moda masculina y me gusta mucho Jonathan Anderson. Estuve en su último desfile para Dior. ¡Menudos colores! Había algo encantador, con mucha clase pero también muy fluido. Me encantó, quería comprarme cada prenda, cada pantalón.
La segunda: ¿somos de verdad responsables de lo que nos pasa en la vida? Extrañamente, sí, pero solo al 50%. Somos responsables de nuestra vida, pero la vida también juega con nosotros. El inconsciente juega con nosotros. Casi nunca sabemos de dónde vienen la mayoría de nuestras acciones. Hay una fuerza, llámala inconsciente o subconsciente, que nos conduce. Así que sí, somos responsables, pero no tenemos la culpa de todo lo que nos pasa.
A Garrel casi le salieron los dientes en festivales de cine. Con 19 años, presentó en San Sebastián Soñadores, de Bernardo Bertolucci: un triángulo sentimental que protagonizaba junto a Michael Pitt y Eva Green y el primero de sus papeles de joven irresistible y atormentado. Debutó como director de largometrajes en 2015 con Los dos amigos, nominada en Cannes al premio Caméra d’Or a la Mejor Ópera Prima. Y en Donosti también ha triunfado como realizador con peculiares comedias como Un hombre fiel, donde a su vez se introduce como actor a lo Woody Allen. Para rizar el rizo, el estadounidense lo dirigió en El festival de Rifkin, una sátira sobre el Festival de San Sebastián rodada en la ciudad vasca donde el francés descubrió un registro que le ha dado muchas alegrías: reservados y apacibles roles secundarios que apoyan el desarrollo de personajes femeninos con más peso.


En casa de los Garrel llevan tres generaciones dedicándose al cine: Louis fue una especie de principito del cine de autor. Maurice Garrel, su abuelo, fue un reconocido actor de teatro y cine en los años sesenta y trabajó con François Truffaut, Claude Chabrol y Jacques Rivette, mitos fundadores de la nouvelle vague. Inspirado por la experimentación de Godard y la obsesión autobiográfica de Truffaut, el padre de Louis, Philippe, llegó a ser uno de los directores más prestigiosos de los años setenta. Su madre, Brigitte Sy, fue una de las musas de Philippe, que dirigió en 1989 una película protagonizada por ellos tres, Les baisers de secours. “Pero solo tenía cinco años”, advierte el heredero de la saga.
Familia, vida y cine siguen siendo inseparables para Louis Garrel, que todavía colabora con su padre, ha trabajado con su hermana Esther, también actriz, y con sus parejas, la directora Valeria Bruni-Tedeschi y la modelo e intérprete Laetitia Casta, en todas las combinaciones imaginables.
¿En su familia no se aburren de hablar de cine? Sí, puede pasar. Hay veces que es preferible hablar de comida china.
Imagino que no todo serán películas de autor. Por supuesto que no. Mi película favorita es Arma Letal 3.
¿Y cómo gestiona los estrenos de sus películas? ¿Organiza grandes visionados para todos? Suelo dividirlos, no se las enseño a todos juntos. ¡Eso puede ser muy fuerte! Con El inocente, la historia se basaba en la vida de mi madre [una mujer que imparte talleres de teatro en una prisión y se enamora de uno de los reclusos]. Esperé hasta Cannes para enseñársela junto a otras 2000 personas. Estaba sentada detrás de mí y sentía cómo la veía. Pero, aparte de eso, depende mucho. Me gusta preguntarles dudas técnicas, pero cuando te rodeas de tanta gente del mismo mundo, no quieres compartir siempre lo mismo.

Su padre le introdujo en el cine, ¿le gustaría hacer lo mismo con alguno de sus dos hijos? Mi hija ya apareció en Un pequeño plan… como salvar el planeta [dirigida por él en 2021] y antes había salido en otra película de su madre, Valeria. Pero estoy contento porque no está interesada en convertirse en actriz profesional. Me gustaría que fuese diplomática, que lidiase con conflictos internacionales. Ella es muy diplomática en su propia vida y podría dedicarse a ello profesionalmente. Hace dos años me dijo que le encantaría trabajar para la ONU y me pareció un sueño precioso. ¡Esperemos que así sea!
Me gustaría saber su opinión sobre Nouvelle vague, la nueva película de Richard Linklater, en la que rinde tributo a Godard inventándose el rodaje de Al final de la escapada. Es raro, porque yo a los 15 años ya estaba obsesionado por la nouvelle vague y nunca he dejado de estarlo. Linklater ha tenido una muy buena idea al recrear el rodaje de Al final de la escapada y retratar a Éric Rohmer, Jacques Rivette, Godard… La verdad es que me da bastante envidia y creo que esto también le pasa a muchos otros directores franceses. Nadie se atrevía a tocar una pieza tan importante de nuestra historia y de repente llega un americano y lo hace. ¡Qué ganas de verla!
Francia vive un momento político muy agitado, ¿teme que afecte al cine? No, ten en cuenta que el sistema francés está muy bien construido. Pero nunca hay que dejar de reforzar la resistencia contra esa gente, los populistas que intentan destruir el modelo criticando la cantidad de dinero que el Estado se gasta en el cine. ¡Es absurdo! Pura demagogia. Tenemos que seguir confiando en una clase política inteligente que defienda este sistema cultural y artístico que ha hecho de Francia un gran país para esta industria.
¿Y el conflicto palestino? ¿Cómo lo vive como actor? Para ser sincero, es muy doloroso. Lo hablo con muchos amigos en París. Está claro que el gobierno israelí está formado por radicales de extrema derecha y cada vez parece más difícil que se vayan a ir. Creo que también es necesario entender que los israelíes no son todos como Netanyahu. Ya empieza a haber señales, incluso desde el ejército. ¿Cuántas vidas van a perderse para que acabe? No tiene sentido, no podemos hacer otra cosa más que seguir impactados día a día por la tragedia.
Lleva viniendo al festival de San Sebastián desde muy joven. Siento debilidad por este festival y no creo que sea solo porque vine por primera vez con 19 años. Lo hablo mucho con mis compañeros del cine, les digo que tienen que venir porque es el mejor del mundo. Es pequeño, pero también internacional. Ayer conocí a Renate, una actriz con un apellido que no sé deletrear [Renate Reinsve, nominada al Oscar por Valor Sentimental], y estuvimos en el bar del hotel. Aquí todo es muy natural, no sientes esa histeria, esa falsedad, que muchas veces destroza este tipo de relaciones.
Precisamente acaba de rodar aquí con Nanni Moretti. Siempre le cita como un referente. ¿Qué le hace tan particular? Hace dos días teníamos una escena en una iglesia y yo no estaba nada satisfecho. Le pedí una toma más y él me dijo que probablemente fuera el primer actor en hacerlo: normalmente todos acaban hartos después de 30 o 40 tomas. No tenía ni idea, llamé al ayudante de dirección y le pregunté si esto era verdad. Me contestó: ‘No, lo normal suele ser hacer 50 o 60’. No me sorprende que sea tan obsesivo y tenga un nivel tan alto de precisión cuando trabaja con los actores. Nanni lo ve todo. Hay veces que piensas que no se va a fijar en algo, pero está pendiente de todo.
Ha trabajado con grandes autores europeos. Como director, ¿siente la presión de convertirse en el relevo generacional? Claro que sí, pero más que por el tema de las generaciones, la presión viene por conseguir, como ellos, que las películas se entiendan en todo el mundo. Y esto es lo más difícil de conseguir. Muchas veces consigues pasar la frontera de tu país, pero la película no termina de funcionar porque trabaja con referencias muy concretas. Yo sueño con hacer películas que viajen mucho y se entiendan bien fuera de Francia.
Su última película, El inocente, fue todo un éxito ¿Tiene algún nuevo guion entre manos? La recepción del público fue muy cariñosa. Muchos me decían que les había ayudado. No sé. La película tenía algo muy difícil de encontrar, algo que no se decide, una combinación de muchos ingredientes: tenía encanto. Así que ahora estoy seguro que la siguiente va a decepcionar, al público y a mí mismo. ¡Joder! Estoy seguro de que a tí también te va a decepcionar.
No parece un mal punto de partida. ¿Sabes qué? Hace tiempo le escuché en una entrevista algo muy interesante a Godard, que era todo un maestro. Fue cuando presentó El Soldadito en un festival, después del éxito de Al final de la escapada. Un periodista le preguntó cuál era su intención con esa nueva película y él respondió que quería decepcionar al público. ¿Por qué? Porque así podría hacer otra película más después. Una película decepciona, la siguiente no, una sí, otra no. Es una idea brillante.
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