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Críticas de cine
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Nouvelle Vague’: correcto homenaje al discutible Godard

Casi nunca capté su magia, pero a cambio sufrí infinitas horas de aburrimiento e irritación en una filmografía lamentablemente muy extensa

Zoey Deutch y Guillaume Marbeck, en 'Nouvelle Vague'.

Directores de todo tipo, aunque la tendencia de la mayoría de ellos se acerque a las vanguardias, el experimentalismo, el cine independiente, la ruptura con todo lo que huela a tradicional, citan como el dios que revolucionó las pantallas y la forma de crear arte, abrió múltiples e inexplorados caminos a los jóvenes que pretendían contar historias con la cámara, a un individuo llamado Jean-Luc Godard. Yo casi nunca capté su magia, pero a cambio sufrí infinitas horas de aburrimiento e irritación en una filmografía lamentablemente muy extensa.

Él definía la última parte de su obra no con esa definición tan vulgar de “películas”, sino que afirmaba realizar “ensayos fílmicos”. Bastantes de ellas lógicamente ni llegaban a estrenarse comercialmente. Solo se paseaban para regocijo de sus fans incondicionales en los festivales de cine. Menos mal que el público, esa cosa tan menospreciada por tanta bobería con complejo de ilustrada, no tenía la desgracia de sufrirlas.

Sin embargo, el arranque en el cine de este sobrevalorado señor (antes escribió con inteligencia y sentimiento del cine de los demás en Cahiers du cinéma) mediante Al final de la escapada tuvo su encanto. Volví a verla hace unos años y resistía bien, aunque ya no percibí el encanto de su ópera prima. Al final de Nouvelle Vague un cartelito en la pantalla asegura que “esta película ha sido la más trascendente en la historia del cine”. Se han pasado. Pero los tópicos prestigiosos siempre funcionan.

Richard Linklater, director experto en sentimentales amaneceres y atardeceres y también firmante de la extraordinaria Boyhood, rinde tributo a Godard en Nouvelle Vague reinventándose el rodaje de Al final de la escapada. También a la generación de directores franceses que le acompañaron. Y a otros creadores excepcionales que no pertenecieron a ese movimiento, como Bresson y Melville. Y al gran Roberto Rossellini, del que se sentían deudores. Busca el parecido físico con los actores que interpretan a esa gente. Lo consigue solo a medias. Pero es creíble el entusiasmo de aquella gente, tan diversa, aunque todos dotados de amor al cine, que pretendían narrar historias de forma personal. Y como en las familias, hubo de todo. Y algunas de aquellas películas resisten bien el paso del tiempo. Y otras se desmoronan. O fueron tan pretenciosas como insípidas desde su promocionado nacimiento.

Y cuentan que el rodaje de Al final de la escapada desconcertó a casi todos sus integrantes porque Godard hacía cosas muy raras, que aparentemente no tenían sentido o que no se habían hecho nunca. Aunque algunos no protestaban nunca en lo que parecía un caos, como el magnífico y arriesgado cámara Raoul Coutard. Y otros, como Jean-Paul Belmondo, se sentía bien interpretando al fulano disparatado y existencial que le pedía Godard. Pero el productor estaba frecuentemente desesperado ante los caprichos y la aparente anarquía que desprendía ese señor con permanentes gafas negras llamado Godard que se saltaba con olímpico desprecio tantas normas sagradas y tradicionales para hacer cine.

Linklater utiliza un blanco y negro de época, ambientado en los años sesenta, para retratar el nacimiento de aquella película que alborotó a tanta gente y que marcó nuevos caminos para muchos jóvenes que aspiraban a dirigir películas. Su convicción de que Godard poseía algo genial no la comparto. El tipo que retrata me cae mal. También en su película. Cuestión de gustos. Pero Nouvelle Vague se ve y se escucha bien. A secas.

Nouvelle Vague

Dirección: Richard Linklater.

Intérpretes: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Adrien Rouyard, Antoine Besson.

Género: drama. Francia, 2025.

Duración: 106 minutos.

Estreno: 9 de enero.

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Carlos Boyero
Crítico de cine y columnista en EL PAÍS.
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