Y Vinicius volvió a bailar con el Benfica para que el Madrid pase a octavos
El brasileño completó la remontada iniciada por el gol de Tchouameni tras un mal comienzo del equipo de Arbeloa, que se medirá ahora al Manchester City o al Sporting de Portugal


Vinicius bailó en Da Luz. Vinicius bailó en el Bernabéu. También le marcó al Benfica en la vuelta del playoff, un gol que completó la paz que tras un inicio inquietante había comenzado a instalar el de Tchouameni, otra vez extraordinario en su control del centro del campo. Los tantos del francés y del brasileño, con las paradas de siempre de Courtois permitieron al Real Madrid superar el trance ante un sólido Benfica que consiguió adelantarse después de un mal comienzo del equipo de Arbeloa. Sin demasiada holgura, pero el Madrid estará el viernes en el sorteo de los octavos de la Champions, que le volverá a llevar a Lisboa, contra el Sporting de Portugal, o un año más a Mánchester, a medirse al City de Guardiola.
No resultó sencillo. La atmósfera se había ido cargando desde el minuto 50 del encuentro en Lisboa, cuando Vinicius denunció un insulto racista de Prestianni. Cuando el playoff aterrizó en Madrid, el voltaje era altísimo, con el argentino castigado y Mourinho jugando al escondite en su regreso a un estadio donde había ejercido como jefe total. No salió del parking. Ni se le vio. Y pese a ese ambiente tan electrizado, el Madrid se presentó con las pulsaciones por los suelos. Se le atragantó la convicción del Benfica, incluso sin su entrenador.
El equipo de su discípulo Arbeloa no acertaba a salir, sobre todo cuando lo intentaba a través de Raúl Asencio, desacertado (lo sacaron del campo en camilla en el segundo tiempo tras un aparatoso choque Camavinga, con dolor en las cervicales y collarín). No encontraban su lugar en el campo. El escenario lo dominaba el Benfica, cuando defendía y cuando miraba hacia delante. Como a finales de enero en Lisboa, en el último partido la liguilla, se aplicó a castigar las bandas, a la espalda de Trent por un lado y de Carreras al otro. Y por allí sacó premio. Una pared dejó solo a Pavlidis. El griego centró la pelota a esa franja letal que se abre entre los defensas y el portero. Asencio trató de desactivar la amenaza deslizándose hacia su portería, pero le salió un remate. Courtois respondió con reflejos de iluminado: alargó la pierna izquierda y despejó, pero el balón le cayó a Rafa Silva, que marcó.
Sin haber dejado apenas rastro, al Madrid se le esfumó todo lo bueno que mostró en Lisboa. O lo que le quedaba, que era el resultado, porque el juego y la solvencia ya los había perdido el fin de semana en Pamplona, cuando la derrota contra Osasuna le privó también del liderato en la Liga. Después de todo lo que construyeron en la ida en Da Luz, la eliminatoria volvía a estar igualada en el marcador, y algo peor para el Madrid de acuerdo a las sensaciones. Como tantas veces, despertó cuando le mostraron el precipicio.











Al Madrid lo sostenían una noche más Courtois y Tchouameni, señor del centro del campo, donde no permitía nada al Benfica. Su lectura y control del espacio resulta cada vez más notable. No quedan ni las migajas cuando se pone a barrer la zona. En una de sus rondas, se quedó con un mal pase de los portugueses y abrió a la derecha, donde ligaron Güler y Valverde. Gonzalo y Vinicius atacaron el área, y eso hundió al Benfica y despejó la frontal, ocupada solo por Tchouameni. El uruguayo se la dio y el francés soltó un remate que pareció sacado del molde de Kroos. El tiro de interior supuso el empate.
El Madrid encontró el gol y se encontró también un poco a sí mismo. Hilaba algo mejor, sufría algo menos a la espalda de los laterales y, sobre todo, Vinicius empezaba a descifrar al pegajoso Dedic en su tercera noche juntos en menos de un mes. El defensa bosnio es tenaz en su vigilancia, pero no tanto como el brasileño en la búsqueda de trucos para burlarla. Vinicius acostumbrándose a pisar más el área y Gonzalo se relamía. La ocasión del mordisco definitivo no llegaba, pero el Benfica se había desinflado después del apabullante despliegue inicial con el que había conseguido desorientar al Real, mucho más asentado.
El equipo de Mourinho caía, pero sin llegar a perder pie. Volvió a encontrar a Pavlidis arriba y a partir de ahí volvió coger aire sin necesidad de introducir cambios. Volvió a asustar e incomodar al Madrid, de nuevo poco fluido, apenas con intermitencias, desconectado por la firmeza del Benfica, amenazado por su insistencia.

Hasta que Valverde puso a correr a Vinicius desde el centro del campo, acompañado solo por un defensa. Alcanzó el área y batió con precisión y delicadeza por abajo a Trubin. Y volvió a bailar.Como en Lisboa. Esta vez rumbo al sorteo del viernes para el cruce de octavos.
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