“Insertamos una vivienda sin modificar apenas nada”: así es la casa semienterrada en una pendiente de 12 metros
El estudio Twobo Arquitectura firma la vivienda Sota la Mola, en Matadepera, un proyecto de dos cubos unidos de forma singular que se integran en la naturaleza por su perfil y su color, igual al de las rocas cercanas


Tras 15 años en Australia y con dos hijos, quisieron volver a los orígenes. Uno de los miembros de la pareja vivió su infancia en Tarrasa y pasaba los veranos en Matadepera rodeado de naturaleza. Los recuerdos familiares de aquellos años fueron decisivos para que buscaran una parcela en la localidad barcelonesa y, desde el pasado, construir su futuro. La encontraron. Y encomendaron el proyecto de su futura vivienda bajo dos premisas: que tuviera una sola planta y que se adaptara a la finca. “No queríamos diseñar una casa y colocarla ahí. Buscábamos que perteneciese a ese terreno, que solo funcionase en ese lugar”, relatan los propietarios. Así nació Sota la Mola, proyecto que se integra en el paisaje hasta fundirse con él gracias a la sencillez de sus líneas, su tonalidad bermeja y sus volúmenes semienterrados entre encinas y robles, que apenas se dejan ver desde la calle. El resultado “dona molt caliu”, subrayan sus residentes desde hace un año. Es decir, que además de bonita es muy acogedora.

El proyecto nació en 2021. Aquel año, un antiguo compañero de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès llamó al equipo de Twose Arquitectura, con base en Barcelona, para que se encargara de materializar su idea. Los clientes les explicaron que habían elegido un terreno singular, amplio pero con una pendiente de doce metros de un lado a otro. Cuando fueron a verlo, los arquitectos encontraron allí un pequeño bosque, heridas en la tierra por las que bajaba el agua de la lluvia y una montaña cercana de roca y tierra rojiza. Uno de los espacios más complejos con los que el estudio se había encontrado hasta la fecha. “Era un sitio tan natural que decidimos intentar insertar ahí una vivienda sin modificar apenas nada”, recuerda Pablo Twose, uno de los arquitectos responsables del proyecto.

Más allá, los propietarios tenían pocas exigencias. Buscaban una casa con una zona de día —cocina y salón comedor— y otra de noche, con dos habitaciones para sus hijos, otra para ellos y una más para invitados, además de un pequeño estudio polivalente para sus reuniones de trabajo. También solicitaron curvas que dieran un aire más sensual a la edificación y que esta se abriera a su entorno sin perder intimidad. Y mantenían la base general de que el edificio estuviese bien relacionado con la naturaleza y tuviese una sola planta, todo un reto en una superficie con tanta inclinación.

Ahora, a simple vista, el edificio está conformado por dos cubos separados, pero en realidad están unidos a través de una galería bajo unas escaleras que permite atravesar de norte a sur el terreno. Parece fácil, pero llegar hasta esta composición supuso un buen número de bocetos, croquis y dibujos que se desarrollaron durante casi un año hasta mediados de 2022 por el equipo del estudio, formado por María Pancorbo y los primos Alberto y Pablo Twose. En esos primeros pasos había elementos a respetar, como un pequeño bosque en la zona oeste y otros grupos arbolados. Las líneas sobre papel se fueron también adaptando a la topografía hasta generar tres zonas: una sombría, otra más alta con sol y vistas y un área más despejada que daba a la montaña de La Mola. “El terreno nos fue guiando”, explican quienes se esforzaron entonces en insertar la casa con los elementos preexistentes.

Entre las muchas posibilidades trabajadas, el equipo comprobó que había líneas que, al superponer las distintas propuestas planteadas en capas, coincidían. Esos puntos se convirtieron en el mapa para guiar hasta la ubicación ideal de la casa, que desplegaron en dos cubos: uno que se abría más al sol de la tarde, con una terraza con vistas y otro que miraba hacia la montaña y ganaba privacidad. Para su diseño, los arquitectos tiraron de referencias que plantearon a los clientes en un completo documento. Ahí estaba la relación con la naturaleza de la casa de Bernard Rudofsky en Frigiliana (Málaga), la fragmentación experimentada por Alvar Aalto en su propia residencia de Muuratsalo (Finlandia), la mimetización que consiguió Josep Lluis Sert en su proyecto en Ibiza o las curvas de La Ricarda, de Antoni Bonet, en El Prat de Llobregat. También ejemplos de muros anchos (“nada de pladur”) para subrayar su valor fundamental en la construcción.
La obra arrancó en noviembre de 2023 y acabó en febrero de 2025. El resultado final son esos dos cubos que se acoplan al terreno y su entorno, semienterrados y siempre con el color rojizo inspirado en el existente en la zona. Suman unos 250 metros cuadrados. “Desde fuera parecen totalmente independientes y están separados por unas escaleras que cruzan la parcela, atravesándolos. Pero en realidad están conectados por una galería, señala Twoso, que señala que apenas se apostó por talar algunos pinos porque no son una especie autóctona.

Vegetación enmarcada
A un lado se despliegan las funciones de día: cocina y salón. Son de hormigón pigmentado —para suelos, estructura y techos, ofreciendo una sensación de contundencia, como si las rocas de fuera se hubieran colado dentro— y están repletos de grandes ventanales que invitan permanentemente a salir al exterior. El comedor cuenta con uno de sus muros —el norte— prácticamente enterrado, pero una franja estrecha y alargada deja entrar la luz. El otro, ubicado al sur, es puro vidrio. “Hay días que no necesitamos ni salir: estamos viendo vegetación todo el rato sin estar expuestos porque también hay mucho muro”, señalan los dueños. De hecho, este cuenta con un hueco para un sofá de obra que permite saborear la panorámica, bajo la idea de Adolf Loos de que la planta debe estar vacía y las paredes han de absorber el mobiliario.

Su cubierta está inspirada en la volta catalana, solo que aquí va cruda, con curvas que responden a la petición de los clientes y sin rasillas internas (aunque sí las cubren en las terrazas exteriores). El espacio cuenta con una chimenea y pocos muebles —los de las fotografías son de diseño del estudio Twobo, elaboradas con baldosas recuperadas del ensanche barcelonés y colocadas para la sesión— y se completa con un porche exterior y una especie de plaza cuadrada convertida en otro motivo para disfrutar la vida al aire libre (elemento que enlaza con la futura piscina, proyectada pero de momento no ejecutada).

Al otro lado, el cubo de la vida privada. Para llegar a él hay que atravesar una galería en curva que permite la entrada de la luz de patio —excavado en el terreno— al comedor y, a la vez, evitar miradas indiscretas en las habitaciones. Dicho pasillo ejerce también de zona polivalente de trabajo para evitar que sea un mero lugar de paso. Es un área más opaca donde hay cuatro dormitorios, el principal con vestidor. También baño propio —y dividido en dos— que, como los otros dos de la vivienda, cuentan con toques de color gracias a los azulejos manufacturados por Cerámica Ferrés, los mismos que el estudio ha utilizado en otros trabajos, como Casa Tres Patis o la Casa Balaguer Juliá. Los que envuelven la salida de la chimenea también los firma la misma fábrica, eso sí, diseñados también por el estudio de arquitectos, que han ideado una especie de celosía formada por arcos diminutos. Para la climatización existe un sistema Sate, es decir, aislamiento térmico al que se añade un mortero de cal pigmentado. También hay placas solares que alimentan a un proceso de aerotermia y suelo radiante, además de aire acondicionado que, eso sí, pasa totalmente desapercibido porque sus rejillas y extractores están integrados en el diseño de una vivienda que lleva el camuflaje a cada detalle.
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