Jesús Vázquez: “Soy feliz delante de las cámaras, pero me gusta más mi vida cuando se apagan”
El presentador con un Récord Guinness, embajador de Acnur y referente del colectivo LGTBIQ+ reflexiona sobre los baches de su vida y el inicio de una nueva etapa en RTVE gracias al Benidorm Fest: “Me hubiera gustado irme de Mediaset un poco mejor, con un abrazo”, afirma


Su agenda está cargada de entrevistas y preparaciones de guion, pero Jesús Vázquez (Ferrol, 60 años) ha sacado un hueco para visitar la redacción de EL PAÍS en Madrid antes de su viaje a Benidorm, con el que, dice, dará comienzo a una de las etapas más ilusionantes de su carrera. Llega acompañado de su marido y representante, Roberto Cortés, su “patria, su bandera y su escudo”, como él mismo le define. El presentador se encuentra en un buen momento, como hace notar desde el mismo momento en el que se baja del coche, saludando a todo aquel que se cruza en su camino y haciéndose fotos con quien se lo pide.
Después de más de 20 años en Mediaset, decidió en 2025 dejar la cadena privada y dar el salto a RTVE: será uno de los presentadores del Benidorm Fest —junto a Javi Ambrossi, Inés Hernand y Lalachus—, que comienza el próximo martes 10 de febrero. “Estoy nervioso. Después de tantos años de trabajo a la espalda... Es como si fuera la primera vez, porque el cambio ha sido muy grande, todo es nuevo para mí. En Telecinco yo me movía como por mi casa”, explica. Y añade: “Estoy muy contento y con la responsabilidad de hacer algo que no he hecho nunca. Es un doble desafío”.
Llega a la cadena pública con un perfil bajo, sin alardear de una dilatada carrera profesional que le valió en 2025 un Récord Guinness por ser el presentador con más formatos dirigidos de la historia en lengua hispana: con el Benidorm Fest serán 47, una cifra que continuará creciendo en los próximos meses. “No me siento más que nadie. He trabajado y he aprendido mucho, lo que me ha dado unas herramientas para defenderme. Soy una persona que voy muy a lo mío. No tengo envidia de nadie. No estoy pendiente de lo que hacen los demás y me alegro de los éxitos de todo el mundo. Lamento que a los compañeros no les vaya bien, porque yo también sé lo que es poner en marcha un proyecto con ilusión y que no funcione”, añade.

Su salida de la que ha sido su casa en las últimas décadas no ha sido como esperaba: “Me hubiera gustado irme un poco mejor, con un abrazo. A veces las cosas no pueden ser, las empresas privadas tienen sus prioridades. No quiero entrar ni a criticar ni a juzgar. No me voy con rencor ni con malas palabras, simplemente cierro esa etapa y abro otra nueva. He vuelto a sentir ilusión, alegría, motivación y ganas... emociones que estaban aletargadas. Estaba decidiendo incluso si retirarme ya definitivamente”. Ese momento de cambios —y de incertidumbre— llegó cuando cumplió los 60: “Tuve una especie de crisis, en el sentido positivo: de pararte a pensar, de decir qué haces con tu vida, hacia dónde quieres ir...”. La solución no tardaría en llegar después de reunirse con Sergio Calderón, director de TVE, con quien ya había trabajado en Mediaset. “La crisis de los 40 no fue nada, un resfriado; en la de los 50 le empecé a ver las orejas al lobo; y la de los 60 ha sido especialmente complicada”, apunta.
El trabajo es importante para él, pero no su prioridad: “Soy feliz delante de las cámaras, pero me gusta más mi vida cuando estas se apagan. He tenido una vida maravillosa, tengo una pareja a la que amo desde hace 26 años, he trabajado muchísimo y eso nos permite tener una vida en la que nos desenvolvemos cómodamente. Mi vida se va a enfocar en aceptar proyectos que me ilusionen, y cuando no los haya, viviré la vida”. Quiere recorrer el mundo junto a su marido y vivir experiencias, pero también ha aprendido, gracias a su psicólogo, a saborear el aburrimiento. “Todos necesitamos que nos echen una mano y más en este mundo tan loco. Nos han enseñado erróneamente que tenemos que producir siempre, que tenemos que estar haciendo algo y que si no, estás perdiendo el tiempo”, subraya sobre la necesidad de acudir a un profesional de la salud.
Él perdió incluso el rumbo de su vida: “Estaba demasiado obsesionado con el trabajo y no estaba feliz. Roberto me decía: ‘Si no estás cómodo, cambiamos de rumbo, pero no estés obsesionado con que no estás bien, con que qué haces, con que lo dejas...”. Llegar hasta el punto en el que se encuentra hoy no ha sido fácil, pero se define como “un corcho” que sale a flote con cada obstáculo, ya desde la infancia. “Me fui pronto de casa porque mi familia era muy conservadora, no entendían mucho ni mi cambio de rumbo ni homosexualidad. Me eché un novio y se lo dije: ‘Mira, soy gay, tengo novio, he ganado dinero como modelo y me voy de casa”. Y añade: “Sé lo que es llegar apretado a fin de mes. Que ahora me vayan bien las cosas después de 40 años trabajando no hace que me olvide de que la vida es dura”.
Lo ha sido todo: actor, presentador, cantante... y hasta estudió para veterinario. “Tuve la suerte de poder hacer ese cambio, aunque me costó una crisis familiar”, apunta. Su infancia y adolescencia marcaría para siempre su vida: “Fui un niño muy tímido y nunca di la lata. Sufrí bullying, como muchísima gente, porque era un poco gordito, tenía gafas, un poco de pluma, acento gallego... Fueron años muy duros de la gente riéndose de mí, llamándome vaca gallega, gordo de mierda, esperándome a la salida para seguirme hasta la parada del bus y dándome collejas”. Y continúa: “El bullying te deja huella para siempre, destruye la autoestima de un niño y le afecta emocionalmente para siempre. En el fondo, te quedas siempre con ese niño al que maltrataban. Luego sales adelante. Yo salí, triunfé, hice programas... todo lo que quieras. Pero ese niño sigue vivo en mí, ese niño al que trataron tan mal”, afirma antes de emocionarse.
Otro de los capítulos más difíciles de su vida lo vivió en 1995, cuando Vázquez, junto a otras 31 personas, fue acusado en el caso Arny, una investigación sobre la prostitución de menores en Sevilla, de la que fue absuelto años más tarde. “El proceso fue doloroso, largo y muy injusto. Perdí el trabajo, perdí la vida social y lo perdí todo”, recuerda. “Cuando estás ahí no sabes ni lo que te va a pasar. Tuve la desgracia añadida de que por el camino perdí a mi madre y perdí a mi pareja, fallecieron los dos. El juicio y esas dos muertes de las dos personas más cercanas a mí fueron devastadores y no sabía cómo salir. Me hundí y curiosamente me salvó la tele. Nunca sabremos quién urdió esa trama infame”.
Casi a continuación, el presentador se convirtió en un referente del colectivo LGTBIQ+. “Fue consecuencia de lo de Sevilla. Dije: se acabó el paripé, se acabaron las medias verdades, se acabó estar escondiéndose. Me hicieron pasar ese infierno por ser gay. Salí del armario sin pensarlo, era mucho más joven y fue la mejor decisión que tomé en la vida”, afirma orgulloso. “No sabes la de correos que recibía cada día. Me levantaba con ilusión y se me saltaban las lágrimas y todo. Es muy duro y muy injusto el tener que enfrentarte a ese momento, tener que pasar ese trago de si te aceptan, te rechazan... ¿Por qué tenemos que pasar ese sufrimiento?”. Aunque reconoce que en los últimos años la sociedad ha avanzado en ese aspecto, teme que se produzca un retroceso por los movimientos ultras: “Los de siempre están intentando dar marcha atrás. Lo que se conquistó con mucho esfuerzo se puede perder muy rápido. Están empezando a quitar derechos y libertades a la gente. Hay que seguir disfrutando de la libertad, pero sin olvidar que hay que luchar para mantenerla”.
Aunque es uno de los presentadores más conocidos —y probablemente más queridos— le cuesta interiorizar aquellos comentarios positivos que le llegan: “Mi psicólogo me dice: ‘Tienes que aprender a sostener el elogio. Si la gente te dice algo bonito es porque les apetece decírtelo. No le quites importancia’. No he hecho nada especial y no enfoqué mi carrera buscando que todo el mundo me quisiera”. Tampoco lee los negativos que le llegan por redes sociales: “No quiero intoxicarme”, asegura. En su perfil de Instagram, en el que acumula un millón de seguidores, se muestra siempre natural: “No pasa nada si pierdes un fan por mostrar cómo eres de verdad”.
Si algo ha hecho el presentador estas décadas es utilizar el altavoz que le da su presencia pública para impulsar y visibilizar causas sociales. Desde 2008 es Embajador de Buena Voluntad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur): “Ser conocido me ha dado una serie de privilegios para hacer según qué cosas. Descubrí que podía ser un altavoz a causas de gente que lo estaba pasando mal. He hecho con ellos muchas misiones, que es una de las partes más enriquecedoras. La fama en sí misma para mí no tiene ningún mérito, pero he podido utilizarla para algo maravilloso que es llevar esperanza a la gente que lo ha perdido todo”. Defiende que ayudar es importante porque supone la diferencia entre “seguir vivo o morirte al día siguiente”: “Estamos al otro lado de las fronteras esperando para recibir a los refugiados, darles comida, instalarlos, darles cobertura legal...”.
En los próximos meses llegarán nuevos proyectos, aunque de momento no quiere desvelar más. El primero de esta nueva etapa está a punto de comenzar y tiene claro qué es lo que quiere: “Intentamos demostrarle a la gente que el Benidorm Fest tiene entidad por sí misma. La gente tiene que ver el festival por el placer de disfrutar de un evento espectacular”. Después de la decisión de España de renunciar a participar en Eurovisión tras mantener a Israel entre los participantes, Vázquez se muestra claro: “Es lo lógico y cae de cajón. Se ha cometido un genocidio y un país ha invadido a otro. Rusia invadió Ucrania y no pudo participar. Israel invade Gaza, produce un genocidio, mata a cientos de miles y sí que participa... Hay que dar los datos y cada uno que saque una conclusión o que me dé una razón de por qué tiene que ir Israel y no Rusia”.
Después de tantos años, tiene claro qué es lo que le ha enseñado la televisión: “La vida es dura cuando quiere y hay que apechugar con lo que te venga. La felicidad es efímera y lo que viene puede ser malo, hay que pasarlo y gestionarlo. No todo puede ser bueno. A mi edad voy buscando lo bueno, pero si me toca pasar un bache, pues lo paso”.
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