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¿Por qué algunas personas llegan con extrema antelación a las citas o eventos? Explicaciones y algunos consejos

La puntualidad es positiva, pero otorgarle demasiada importancia a cumplir con el tiempo de espera puede esconder factores negativos, como ansiedad anticipatoria, autoexigencia o validación externa

Llegar demasiado temprano a una cita puede deberse a una ansiedad anticipatoria, es decir, cuando una persona tiene poca gestión de la incertidumbre.Willie B. Thomas (Getty Images)

Una persona se está preparando en su casa antes de una cita. Está un poco acelerada porque piensa que va a llegar tarde, y una mezcla de emociones negativas le inunda al imaginar los escenarios posibles. Sale de casa y, tras realizar el trayecto, llega a su punto de destino y se sienta en un banco. Mira el móvil y el reloj indica que todavía quedan 30 minutos para la hora a la que había quedado, pero ya está tranquila y solo queda esperar. Algunas personas llegan extremadamente pronto a los encuentros, pero, ¿por qué?

Que la antelación sea de importancia capital para estas personas “estaría muy asociado, entre otras cosas, con la ansiedad”, indica Miriam Panadero, psicóloga sanitaria. “No es lo mismo que una persona llegue cinco minutos antes, que puede ser por tradición, cultura o educación, a que llegue 20 minutos antes, o más. Esto es así porque prefiere esperar, aguantar y tener esa sensación de estar ahí y no saber qué hacer antes de tener la sensación de que llega tarde”, añade la experta. Explica que esto se debe a la ansiedad anticipatoria, a la que define como el momento en el que una persona tiene “muy poca gestión de la incertidumbre”. Como estas personas “no quieren que la vida les pille desprevenidas”, intentan “ponerse en ciertas situaciones que puedan pasar para tener el control y llevar a cabo unas medidas de seguridad”. Y esto les supone estar en un estado de alerta constante y les impide ser consecuentes con las circunstancias de la situación, según Panadero.

Otra de las causas de la antelación extrema es la sobreestimación de que en el trayecto vaya a suceder un imprevisto. “La persona anticipa que puedan surgir una serie de problemas a lo largo del transcurso, como un problema en el coche o algo de tráfico. Esto suele influir en que tienda a salir con mucha más antelación de casa o que trate de llegar antes”, desarrolla la psicóloga sanitaria Daiana Rob.

Rob enumera otras causas que pueden influir, como la necesidad de control, que repercute en menos tolerancia a la incertidumbre porque ir “con tiempo de sobra le va a dar cierta seguridad”. También el aprendizaje, por lo que haya vivido de sus experiencias pasadas o lo que le hayan enseñado sus padres; o el perfeccionismo y la autoexigencia de algunas personas, a las que cometer el mínimo error que les pueda impedir llegar a tiempo “seguramente les provoque bastante malestar”.

Uno de los mayores problemas de querer hacer todo sin errores es que se puede volver en contra de uno mismo. Aunque ser perfeccionista o demasiado exigente “pueden ser valores adecuados en su justa medida, cuando es demasiado nos empezamos a convertir en nuestros propios enemigos y aparecen otros pensamientos de autocrítica”, alerta Rob. Otras de las emociones que indica la psicóloga que surgen en estas personas por haber llegado tarde, o incluso justos de tiempo, son la crítica hacia uno mismo, frustración, rabia, tristeza o vergüenza.

Según un estudio publicado en la revista Journal of Anxiety Disorders en 2025, el miedo a la evaluación negativa por parte de los demás, junto con su consecuencia asociada a la ansiedad social, parece ser evolutivamente adaptativo y es un factor central en la forma en que las personas anticipan y gestionan situaciones sociales. “Los seres humanos somos seres sociales. Eso lo tenemos metido en nuestro ADN, nuestra genética y nuestra forma de comportarnos”, explica Panadero. Y añade: “Hay personas que les importa lo que piensen de ellas y se lo toman muy a pecho; personas que casi ni conocen o que no tienen un papel interesante en su vida, incluso aquellas que ni siquiera les caen bien. Eso también guía mucho nuestro comportamiento. El problema del pensamiento siempre es que guía al comportamiento”. Rob, por su parte, cree que el foco “no es tanto la evaluación social, sino más bien su propia autocrítica”, relacionando la propia ansia de perfeccionismo o la necesidad de control con la importancia que le otorgan a la opinión del resto.

¿Y dónde se ubica el límite entre ser puntual por seguridad y serlo por inseguridad? Rob le otorga el protagonismo al tiempo: “La línea puede estar en el tiempo de antelación con el que llegue, pero también en el malestar o la ansiedad que le produzca a la persona todo ese trayecto y la antelación con la que llega”. Panadero coincide parcialmente: le da más énfasis a que, si llegar excesivamente pronto supone suprimir tiempo propio y genera ansiedad, esto se convierte en un problema mayor. También le da importancia a la necesidad de mostrarse fiable hacia los demás por llegar muy pronto.

Para las personas que llegan excesivamente pronto a las citas o eventos, y cuyas razones para hacerlo incluyen ansiedad, miedo a la evaluación social, necesidad de control o evitar emociones negativas, ambas expertas ofrecen una serie de consejos para reducir ese malestar psicológico. “Ver qué probabilidad real hay de que llegue tarde, qué pasaría si llegase con media hora de antelación en vez de dos horas… No dejarse llevar tanto por esos pensamientos tan catastróficos o terribles que puedan tener. Salir cada vez un poco más tarde de casa e ir reduciendo ese margen para que vea que no pasa nada, que aun así llegan con tiempo. Y trabajar técnicas de relajación y respiración antes de salir de casa para aprender a tolerar un poco esa incertidumbre y regular sus emociones lo mejor posible”, expone Rob.

Panadero aconseja que la gente discuta sus propios pensamientos: “Los argumentos a favor los encontramos muy sencillos. Pero lo difícil es parar y mirar argumentos en contra; simplemente con hacer esa reflexión baja nuestro nivel de ansiedad, porque nos damos cuenta de que las consecuencias que podemos tener no son tan sumamente graves como nosotros creemos”.

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