La investigación que nació muerta por el poder de Los Pancetas en el PP de Ayuso
Ana Millán, vicesecretaria del partido en Madrid, recibió el encargo de corroborar una denuncia de acoso sexual y laboral contra el alcalde de Móstoles a pesar de tratarse de un amigo personal

Ana Millán tiene una hoja de Excel que divide en dos columnas. En una coloca las noticias sobre los escándalos del PSOE. En la otra, las que afectan a su partido. La vicesecretaria del PP de Madrid cree que puede demostrar empíricamente que cada vez que se publica una información incómoda sobre el presidente Pedro Sánchez solo se necesitan unos cuantos días para que algunos periódicos traten de ocultarla con un ataque al partido de Génova. Los que la han tratado de cerca aseguran que Millán cree en esa hoja de cálculo como los católicos devotos en las apariciones marianas.
Sobre ella recayó el año pasado el encargo de investigar una denuncia de acoso sexual y laboral contra el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista. Una concejala afiliada al PP desde 2010 la interpuso en los canales oficiales del partido en Madrid, desbordada por la situación que sufría. La mujer había sido la número 2 de ese Ayuntamiento por voluntad expresa del alcalde, pero en cuestión de semanas pasó al ostracismo, justo después de que él le propusiera tener relaciones sexuales —Bautista nunca lo ha negado— y ella lo rechazara. La situación se volvió tan insoportable que renunció a su cargo y se puso en tratamiento psicológico. Nunca quiso hacerlo público, solo que quería que intermediara gente como Isabel Díaz Ayuso, a la que admiraba.
En principio, de investigar debía ocuparse el secretario general, Alfonso Serrano, pero Millán fue quien tomó la iniciativa. Era obvio el conflicto de interés en el que incurría por su relación de estrecha amistad y compadrazgo político con Bautista, al que ha promocionado dentro del partido. La propia Millán así lo verbalizó en la primera reunión que mantuvo con la mujer, el 11 de marzo de 2024. Sin embargo, no se apartó y siguió controlando el caso. “No solo Millán le daba veracidad a este tema, sino todos los de alrededor. Solo que el partido está por encima de todo. Nada ni nadie puede hacerle daño al PP y menos desde dentro”, cuenta alguien que presenció de cerca el desarrollo de esa investigación que acabó archivada. En unas grabaciones que reveló EL PAÍS, Millán le llega a decir a la víctima que está convencida de que lo que cuenta supone un caso de acoso “de manual”, pero que no beneficia a nadie que vaya a la justicia. Sobre todo a ella misma.
El caso nació muerto de origen, según otras dos fuentes del partido. (Ahora, un juzgado de violencia sobre la mujer ha admitido la querella por acoso de la exedil de Móstoles contra el alcalde y el partido). Millán lidera una de las facciones más poderosas dentro del PP de Madrid, la de Los Pancetas, como se hacen llamar los que coincidieron con Isabel Díaz Ayuso en los tiempos en los que la presidenta era estratega de comunicación de Esperanza Aguirre. Desde entonces le son leales y ella les corresponde la fidelidad: los ha colocado a casi todos en puestos de mucha responsabilidad. Aunque no tanto como ellos quisieran. Cuando la presidenta tomó el control del partido, en mayo de 2022, Los Pancetas deseaban que Millán ocupara la secretaría general, pero la presidenta eligió a Serrano, un movimiento que no sorprende a quienes la conocen bien. Hábil, muy conocedora de cómo funciona el partido, Ayuso está convencida de que nadie debe concentrar demasiado poder.
Para compensar a sus compañeros, puso a Millán de número tres. Le dijo en privado que en la práctica ejercería el mismo rol que Serrano, era una bicefalia. De hecho, la presidenta despacha con ambos, como si estuvieran en el mismo escalafón. (Hay algo de espejismo en eso, pues Serrano tiene más capacidad de ordeno y mando, en parte por tratarse de alguien que trabaja las 24 horas del día). En cualquier caso, el caso Móstoles cayó en manos de Los Pancetas y ese fue el error de base. “Lo iban a cerrar sí o sí. Para Millán, el partido es todo. No quiere que nadie le haga daño. Es de una lealtad ciega”, cuentan desde dentro.
No existe el carnet de panceta, pero si lo hubiera no sería fácil de conseguir. Se trata de un grupo muy cerrado de amigos que se defienden unos a otros en un entorno tan hostil como la política. Cualquier elemento externo lo observan con absoluta desconfianza. El ascenso de uno favorece a todos, ya que desde ese nuevo lugar conquistado se puede aupar a los demás. Resulta evidente que Bautista era uno de los suyos y su caída por un escándalo supondría una mancha para este clan. Eso no iba a pasar en ese momento, ni ahora. En Sol se ha implantado la tesis de Los Pancetas: Bautista es un tipo simpático que cometió una torpeza al querer enrollarse con una compañera. No más que eso.
Millán dilató el proceso que implicaba a su amigo, según pudieron comprobar los de su alrededor. La víctima lo elevó al Comité de Derechos y Garantías del PP nacional, sin mejores resultados. Esa distinción entre una estructura y otra es muy difusa en la sede de Génova, donde las dos organizaciones, la nacional y la local, trabajan en el mismo edificio, separadas por una sola planta. Aunque en el hall tienen accesos diferentes, arriba las puertas se conectan. La investigación, de acuerdo a tres fuentes consultadas, tenía algo de farsa. El concepto de lo que está bien y mal queda tamizado por la lealtad al PP en casos como el de Millán. El mismo escepticismo que Millán le guarda al periodismo lo tiene con la justicia. Este año se ha archivado una causa suya por corrupción que arrastraba desde hace 10 años. Durante todo este tiempo creyó que esa investigación seguía abierta por haber caído en manos de una jueza “muy roja”.
Los Pancetas representan el nuevo PP de Madrid que ha enterrado al anterior, que se vio salpicado por escándalos de corrupción durante las épocas de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Cuando se conformaron las últimas listas, se llevó a cabo una remodelación profunda en su grupo parlamentario en la Asamblea. Ayuso comprobó de primera mano, cuando era diputada, que muchos de los viejos diputados eran parte del decorado y renovaban su cargo de una legislatura a otra sin aportar nada. A casi todos ellos los echó. Millán le pidió que cortase aún más cabezas, pero la presidenta tampoco quiso pasarse de frenada. Además de gente de su confianza del partido, Ayuso quiso incluir como diputados a gente de fuera, jóvenes que conocía y tenía en buena estima. Los que aceptaron llegar a la Asamblea se encontraron un panorama en el que Los Pancetas tienen el control absoluto. Es su régimen. La presidenta se ocupa de los grandes asuntos de su Gobierno y no pone la lupa en la bancada de la Asamblea. De eso ya se ocupan Los Pancetas.
Hay otro personaje que hace de pegamento entre Bautista y Millán, los dos protagonistas de esta historia: el director de Alcaldía y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Móstoles, Jorge Leal. En la práctica, funge de número dos de Bautista. En todas las organizaciones hay alguien como él, un amo de llaves, un defensor de la causa hasta la inmolación. Sin estudios universitarios, ha ostentado también otros cuatro cargos en la Comunidad de Madrid. La misma lealtad que le profesa a Bautista la extiende a Millán, su valedora, de la que depende su futuro político. Leal no lo esconde en su cuenta de Instagram. Ella fue a su cumpleaños en 2024 y juntos aparecen en un collage de imágenes en las que él sostiene una tarta. Por si alguien tenía alguna duda, Leal es alguien con contactos en el partido al más alto nivel.
En marzo de este año, subió otra foto con Millán y escribió: “Siempre es siempre”. Le colocó de fondo la canción La suerte de mi vida, de Dani Martín. Una canción de amor. Bautista, Leal y Millán formaban y forman un triángulo de amistad e intereses cruzados. Pedir que uno de ellos supervisara las conductas de otro era enterrar cualquier investigación desde el primer momento. El caso Móstoles nunca existió dentro del PP de Madrid.
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