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Bravo Murillo, la calle de Madrid construida como un experimento social con una acera pobre y otra rica… que salta a la vista

En la zona de los menos pudientes hay menos farolas, aceras más estrechas, menos zonas verdes, más suciedad, hace más calor en verano, 18 casas de apuestas y una esperanza de vida tres años menor

El Madrid rico y el Madrid pobre están separados por apenas una calle: Bravo Murillo.Álvaro García

La calle Bravo Murillo nació como una frontera social. Son cuatro kilómetros, un paseo de 45 minutos desde Quevedo hasta Plaza de Castilla. A un lado iban a estar los pobres y al otro los pudientes. Así se decidió tras la Guerra Civil, pero casi 90 años después se respeta ese diseño y ningún alcalde en Madrid ha trabajado para alterarlo.

El lado pobre tiene menos árboles, menos zonas verdes, aceras más estrechas, sufre temperaturas más altas en verano, es más sucio porque la recogida de basuras es menos intensa, y conviven con 18 casas de apuestas, algunas de ellas muy próximas a colegios.

Las diferencias entre un lado y otro se pueden apreciar también en elementos casi tan insignificantes como la cantidad de bancos para que quien quiera pueda sentarse un rato. En verano, las temperaturas en parques infantiles varían un mínimo de tres grados de diferencia entre un lado y otro, según el sensor térmico de dos satélites de la NASA. Por ejemplo, en el parque en la calle Marqués de Viana se registra una temperatura de 43,2, mientras que al otro lado, una media de 39,4 en la calle Orense, en el barrio de Castillejos.

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Es un barrio que separa dos mundos. El Madrid rico y el Madrid pobre están divididos por la calle Bravo Murillo, la segunda arteria comercial más transitada de España, según TC Group Solutions, solo superada por la Gran Vía. Estar en un lado o en el otro del mismo código postal significa percibir el doble de renta mediana. Así, mientras que al oeste de la calle se concentran zonas con rentas anuales medianas de menos de 20.000 euros, en este, cerca ya del Paseo de la Castellana, los habitantes pueden llegar a percibir, dependiendo de la zona, más de 40.000 euros al año, según los datos del INE de la renta anual mediana de 2023, último año disponible. “La renta condiciona casi todo: el nivel educativo, la calidad y el tamaño de la vivienda y, al final, las oportunidades. El lugar donde naces y el entorno social en el que creces pesan mucho en tu trayectoria”, asegura el sociólogo urbano José Ariza, que explica que Bravo Murillo es una frontera simbólica. “La diferencia no es tanto un corte brusco de un lado a otro de la calle como un aumento progresivo de la renta según te acercas a la Castellana”, explica.

La calle atraviesa el distrito de Tetuán, donde viven 158.000 personas, la zona de Madrid con mayor densidad de población, según datos del Ayuntamiento, que se convierte en una magnífica réplica a escala de las desigualdades que vive toda la ciudad. “Zonas como esta eran borde de la ciudad o de recepción de población migrante que han acabado consolidándose como líneas de división social dentro del tejido urbano”, detalla Diego Fariñas, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. Y no solo se trata de dinero. Javier Segura del Pozo, médico salubrista y vicepresidente de la Asociación Madrileña de Salud Pública, asegura que todo esto se traduce en una cruda realidad: la esperanza de vida baja tres años de un lado al otro de la frontera invisible.

Si uno se detiene en la mitad de la calle, puede ver a un lado árboles, grandes manzanas de edificios con algunos de los mejores restaurantes de la capital, como ese Txistu frecuentado en otro tiempo por la plantilla del Real Madrid galáctico, y hogares situados en el 1% más rico de España. También abundan los parques infantiles.

La imagen es muy distinta al oeste de Infanta Mercedes: casas viejas de colores de una o dos plantas. Las calles están llenas de basura y cuesta encontrar un banco o un árbol en un paseo de más de 20 minutos. A este lado, el menú del día no pasa de 15 euros. “La acera más ancha de este lado del distrito tiene 90 centímetros cuando la ley dice que debe tener 1,50”, asegura un vecino de la asociación durante el recorrido que ha realizado este periódico.

Estas realidades se ven reflejadas en los datos: el 78% de lo gastado en la limpieza de Tetuán se destina a las zonas más privilegiadas del distrito. En 2024, el grupo municipal Más Madrid elaboró un informe para poner de manifiesto las desigualdades que hay entre distritos en lo relacionado a la recogida de basura. El estudio analizaba los tipos de limpieza aplicados en los 21 distritos de la capital. Es especialmente paradigmático el caso de Tetuán, que siempre aparece como una de las zonas donde más se invierte y donde más se limpia, pero que en realidad incluye dos realidades bien diferenciadas dentro de sus propios límites.

“Si observamos el mapa de Tetuán, podemos apreciar que prácticamente el 60% de la superficie del distrito se limpia en niveles 1 y 2 [es decir, cinco veces a la semana de forma intensiva], además de realizar todos los días un barrido de mantenimiento. En estas zonas se invierten 14,2 millones de euros. Sin embargo, en el 40% de la superficie restante, que se concentra toda al oeste de la Calle Bravo Murillo, las calles se limpian con una intensidad 3 [barrido manual en días alternos y barrido mixto 1 vez a la semana] y apenas se invierten cuatro millones de euros”, recoge el estudio.

Una desigualdad de origen histórico

La Asociación de Vecinos Cuatro Caminos Tetuán explica que esta frontera invisible creada en la calle Infanta Mercedes es el resultado de un experimento social planificado, orquestado y ejecutado desde el poder, y que este tiene nombre y apellidos: Pedro Bidagor. “El problema no es solo que se ejecutara, sino que estamos en pleno siglo XXI y ese plan de segregación continúa y se refuerza en vez de matizarse y llevarse a menos”, dice desde la plataforma vecinal.

Bidagor fue un arquitecto y urbanista español que, tras la Guerra Civil, elaboró el primer Plan General de Ordenación Urbana de Madrid. Para hacer una ciudad más grande, proponía la anexión de doce municipios cercanos como Vicálvaro, Villa de Vallecas, Hortaleza, Chamartín de la Rosa, Fuencarral, entre otros. Dicho y hecho, su idea se ejecutó entre 1948 y 1954. Desde la Asociación de Vecinos explican que Bidador pensó que los herederos de la victoria nacional no podían estar en contacto con una barriada popular. Por eso, entre medias, metió un barrio de viviendas para militares y funcionarios, una clase media que sirviera de colchón para proteger a los ricos de los pobres. “Tetuán era un barrio de uno de los pueblos que se anexionó, Chamartín de la Rosa. Estaba formado por casitas bajas, muchas levantadas por los propios obreros que trabajaban en la construcción en barrios pudientes a ambos lados de la carretera a Irún”.

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