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conciertos
Crítica

Ya Vagabonds, la lluvia fina del folk irlandés contemporáneo

El grupo de Carlow ofreció en el Blues & Ritmes de Badalona su único concierto en España

Concierto de Ya Vagabonds, en el teatro Margarida Xirgu de Badalona.Albert Garcia

Como caracoles que van cambiando de caparazón y por ello se sienten distintos. Como aquel que con un coche nuevo cree variar algo sustancial en su vida. Muchas veces nos engañamos, no digamos ya con la tecnología, a la que atribuimos capacidad para cambiar nuestras vidas, cuando en realidad sólo nos cambia el caparazón. La música suele demostrarnos que pese a los muchos cambios, lo que vive dentro del caparazón no varía tanto, y nos vemos sujetos a pasiones y angustias que desde antiguo van dominando nuestro acontecer. El cantante y compositor Ferran Palau suele afirmarlo al decir que en el principio estaba el folk y esta música, sencilla y popular, es nuestra bitácora, y puede contar con vigencia historias centenarias e historias contemporáneas. El Festival Blues & Ritmes, 37 ediciones ya, tuvo la vista de traer a Ya Vagabonds, un grupo irlandés de folk que, tras su cuarto álbum, All Tied Togheter, está en la rampa de despegue, y en Badalona ofrecieron su único concierto en España y último de la gira europea. Fue una agridulce crónica sonora de lo que somos.

El corazón del grupo son dos hermanos, Diarmuid y Brían Mac Gloinn, a las voces y cuerdas como mandolinas y guitarras. En Badalona se acompañaron de otros tres músicos encargados de armonio, concertina y violín. Con estos mimbres y hablando de folk se podía esperar una fiesta de palmas y baile, pero el folk de Ya Vagabonds tiene un hondo carácter melancólico, anclajes baladísticos y una pasión social que le otorga un tono levemente solemne, aunque sin aspavientos. Total, que palmas, y pocas, sólo en The Humours Of Glin, una pieza instrumental que sonó penúltima en el repertorio, la única que evocó fiesta. El resto fue contención y emoción enarboladas por la cálida y serena voz de Brían, secundado en ocasiones también como solista por su hermano Diarmuid, encargado mayormente de hacer la segunda voz. Un trenzado de cestería vocal.

¿Los temas? Los de siempre. El primero, The Harest Lament, un tema popular que habló de la caza desde el punto de vista de la pieza, mientras que el segundo, Lowland Of Holland, también popular, narró las desventuras de las levas forzosas, que hoy asoman en el horizonte de algunos países europeos como en la Europa del XVII y XVIII. El hogar, su pérdida y la nostalgia en On Sitric Road; la crisis de la vivienda en el Dublín actual en The Flood; la lucha por tener un techo expuesta en frases esperanzadoras en Four Walls como “encontraremos nuestro camino/hacia nuestras cuatro propias paredes”; la nostalgia por el paso del tiempo que nos aleja del joven que fuimos de Young Again; o ese canto a las tormentas en el quicio entre la primavera y el verano de la preciosa Cuckoo Storm cuyo final quiso la fortuna fuese apostillado por el gemido de una criatura que reforzó la trama humana del concierto. Canciones hermosas y sencillas, hondas y melancólicas, llovidas algunas por los siglos, sin apunte de ritmo, en ocasiones etéreas, como la introspectiva Gravity o las dos cantadas en gaélico, Máire Bhán y la citada instrumental The Humours Of Glin.

Y como ocurre en conciertos así, la separación entre los que es nuevo y lo que viene del tiempo apenas era distinguible. Las canciones populares y las nuevas mezcladas en un río de vida de una música que cuando nació, igual que toda la música popular, era nuestro reflejo, un espejo de nuestros miedos e ilusiones, de nuestra propia pequeñez, como cantaron Ya Vagabonds en Mayfly, nombre inglés de la efímera, insecto acuático cuya vida adulta apenas alcanza las 24 horas. Voces perfectamente empastadas, hermosas armonías, delicados punteos de mandolina, el respirar del armonio y grandes canciones, como ese Long Grass que nos cantó que en la hierba alta encontraremos el refugio que precisemos. En la cercanía de un teatro, en ese festival que en su día trajo a Randy Newman y que se cerrará con otro concierto único en España, el de la leyenda tejana Rodney Crowell el próximo día 25. Más música para decirnos que básicamente somos como fueron nuestros ancestros. Aunque la inteligencia sea artificial y nos compremos un coche más grande.

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