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La fotovoltaica se convierte por primera vez en la energía que más crece en el mundo

Esta tecnología renovable supuso en 2025 el 25% del aumento del suministro energético global. Los centros de datos y el coche eléctrico impulsan la demanda de electricidad

Planta fotovoltaica en Mengíbar (Jaén). Ángel Díaz (Europa Press)

El mundo asiste a un shock energético por el suministro de combustibles fósiles desde el golfo Pérsico pero las energías alternativas se están abriendo paso de forma rotunda como respuesta al aumento de la demanda energética. Por primera vez en la historia una tecnología renovable, la solar fotovoltaica, fue la que más aportó para cubrir el incremento de la demanda de energía en el mundo. Fue en 2025 cuando las plantas de paneles solares cubrieron más de un 25% de la subida de la demanda, que fue del 1,3%, por debajo del 2% del año anterior. La demanda de electricidad creció en cambio 3%, más del doble que la demanda energética global, por el auge del coche eléctrico y los centros de datos.

“La demanda mundial de energía siguió aumentando en 2025 en un contexto económico y geopolítico complejo, con una tendencia inequívoca: la creciente electrificación de las economías”, afirmó el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol. La energía solar fotovoltaica está creciendo más que cualquier otra fuente de energía, representando una cuarta parte del crecimiento total de la demanda energética mundial. “En el panorama actual, en rápida evolución, los países que den prioridad a la resiliencia y la diversificación estarán en mejor posición para gestionar la volatilidad y proporcionar energía segura y asequible en los próximos años”, añade Birol en el informe anual que hoy publica la AIE sobre las tendencias generales del sector. Por primera vez, la fotovoltaica desbancó en la primera posición al gas natural, que representó un 17% de ese aumento de la demanda de energía, sobre todo por el papel que mantiene en muchos países para la generación de electricidad.

En términos relativos, el consumo de gas creció un 1% en un contexto de altos precios en la primera parte del año, frente al 2,8% que se había registrado en 2024, y esa subida modesta fue aun así superior a la de otros combustibles fósiles.

En el caso del petróleo, mantuvo su crecimiento pero muy debilitado, prueba del proceso imparable de reducción de los combustibles fósiles en el mix energético global. El incremento del petróleo como fuente de energía a nivel global fue inferior al del ejercicio precedente no solo en porcentaje, sino también en volumen (650.000 barriles diarios adicionales, frente a 750.000 en 2024) y está muy por debajo de la media anual (de 1,4 millones de barriles diarios suplementarios) que se había constatado entre 2010 y 2019, hasta el estallido de la crisis de la covid.

Esa significativa ralentización del apetito por el petróleo tiene que ver de forma muy particular con su sustitución como energía de propulsión en el transporte con el tirón del 20% en 2025 de las ventas de coches eléctricos, que fueron uno de cada cuatro de los matriculados en el mundo. Para 2026, la AIE ya prevé una caída en la demanda de petróleo, pro primera vez desde la pandemia, a causa del alza de precios que está provocando el cierre del estrecho de Ormuz. Estima que la demanda global descenderá en 80.000 barriles de crudo al día.

Por lo que respecta al carbón, su demanda avanzó en 2025 un todavía más tímido 0,4%, lo que resume tendencias en algunos casos contrapuestas entre las grandes economías mundiales. Aun así, su contribución al aumento del consumo fue del 9%, equivalente al de la energía eólica. China redujo el uso de carbón, reemplazado para la generación de electricidad por renovables y también hizo lo mismo India por razones un poco diferentes (el monzón fue más temprano y más fuerte de lo habitual), mientras Estados Unidos lo elevó para responder a la fuerte subida del consumo de electricidad y utilizarlo más para su generación en lugar de gas, que tenía precios elevados.

Una de las consecuencias de la ralentización del ritmo de crecimiento de los combustibles fósiles fue que las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) del sector de la electricidad tuvieron un alza de alrededor del 0,4%. Pero con un aspecto importante, que China, el primer país contaminante, redujo las suyas por el rápido desarrollo de las renovables, completado con el aumento de capacidades de la energía nuclear. Mientras que Estados Unidos emitió más CO2 al recurrir de forma más intensiva para generar electricidad al carbón y algo menos al gas.

Las que se consideran fuentes de bajas emisiones (renovables, biocombustibles y nuclear, esencialmente) representaron un 60% del incremento de la demanda global de energía. No obstante, el pasado año se alcanzó un nuevo récord de las emisiones causantes del calentamiento global, con más de 38.000 millones de toneladas.

Creciente peso de la electricidad

Uno de los elementos sobresalientes del escenario energético es el creciente peso de la electricidad, con un crecimiento en 2025 del 3% (más del doble que el conjunto del sector), que es menor que el 4,4% del ejercicio anterior por razones en parte no estructurales (como que las olas de calor en países que utilizan mucho aire acondicionado fueron menos prolongadas).

China, donde el incremento de la demanda eléctrica subió un 5% (tras el 7% en 2024), significó más de la mitad de ese incremento, y eso en particular para cubrir necesidades de refrigeración.

Dos factores determinantes del crecimiento a nivel global de esa demanda fueron los centros de datos, con un ascenso del 17% el pasado año, que fue particularmente marcado en Estados Unidos, y la alimentación de los vehículos eléctricos, con un alza del 38%.

El pasado año se instalaron nuevas capacidades de producción de electricidad con energía solar fotovoltaica por 600 teravatios hora (TWh) hasta un total de 2.700 TWh, que representaron un 8 % del total de la generación

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