Bad Gyal se confiesa con Rosalía un viernes cualquiera en Barcelona
La catalana se despide con su cuarto y último concierto esta noche en su ciudad, Barcelona


Cientos, miles de personas, en una noche de viernes, de esas que se nota que es viernes porque te lo dice el cuerpo, en el Palau Sant Jordi. Y entonces sucede lo inimaginable. Esas cientos, miles de personas no recurren al móvil, no lo necesitan, porque lo de Rosalía es mucho más fuerte. El Lux Tour abre el debate: ¿qué es más importante sacar los mejores vídeos para las redes o disfrutar del momento? Un groupie de los 80 ni se lo plantearía, pero muchos de los que fueron anoche al concierto de la catalana sí tenían esa opción, pero en la mayoría de ocasiones prefirieron ver y escuchar antes que grabar. Si en misa no se usa el teléfono, en el concierto de Rosalía tampoco.
La Barcelona que por la mañana recibió a Lula da Silva (Brasil) y a Gustavo Petro (Colombia) y que por la noche cantó la llegada de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, la Barcelona del tenis en el Godó y también la de los desfiles en la 080, todo en la misma semana, se ha entregado sin dudarlo a Rosalía. Lo hizo el lunes y lo hizo el miércoles. Este viernes, en su tercer concierto, la de Sant Esteve Sesrovires se mostró emocionada, porque de nuevo jugaba en casa, porque estaba entre el público su madre y su hermana y porque se presentaron las nuevas canciones que completan su álbum.
Rosalía es una diosa, pese a que no deja entrar a los fotógrafos (y eso no se le perdona). Y solo existe una incógnita en un show milimétricamente calculado, el confesionario. Pese a todos los rumores, no le tocó el turno ni a Shakira, ni a Belén Esteban, ni siquiera a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, que hacía noche en Barcelona. La llamada a confesarse fue Bad Gyal. “Me dijo que si no había pensado en ponerme tetas”, explicó sobre un hombre con el que tuvo una relación que no funcionó desde el principio. “No utilizaba mucho el cerebro, era del tamaño de una nuez”, prosiguió Bad Gyal. Risas y mucha buena vibra. Acabó Rosalía tirando Magnolias y después, seguramente, se fue por ahí por Barcelona.
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