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Nathy Peluso: “Soy nómada y me fascina no sentirme de ningún lado, el hogar está en una misma”

La artista argentina afincada en España ha presentado en Barcelona un nuevo coche eléctrico. Aprovechando el evento, reflexiona con EL PAÍS sobre su música, sus inseguridades y sus aspiraciones. “Las mujeres somos luchadoras empedernidas. No vamos a permitir que nos pasen por encima”, avisa

Nathy Peluso durante su concierto en el Movistar Arena de Madrid, el 17 de febrero de 2026.Aldara Zarraoa (Redferns)

Aparece anónima en el restaurante de la cita, vestida cómoda de manera que se mimetiza en el ambiente, sin apenas diferenciarse de las asistentes que la acompañan. Parece lo que es, una mujer joven y bien parecida cuyas pequeñas gafas ovaladas y falta de maquillaje alejan de la furia en la que se convierte sobre los escenarios. Está en Barcelona, donde, al igual que Guitarricadelafuente en Madrid y otros artistas en cuatro ciudades europeas más, ha participado en el lanzamiento del Cupra que toma el nombre del Raval, allí donde palpita la leyenda del Watusi de Francisco Casavella. Es Nathy Peluso (Luján, Argentina, 31 años), una de las reinas de los sonidos de la calle contemporánea y de su latir rítmico.

Pregunta. ¿Por qué la música joven está redescubriendo la salsa, el merengue, la bachata o el bolero, que parecían música de mayores?

Respuesta. Pues gracias a artistas que hemos hecho mucho hincapié en traer y hacer sonar y amplificar estos estilos. Cuando empecé a hacer salsa hace muchos años recibía ese tipo de comentarios, que era música de gente mayor. Cuando necesitamos rescatarnos siempre acudimos a la raíz, al folklore, y allí encuentro la inspiración, es la cuna de la música, que viene de África. El folklore es todo para mí, hay que rendirle culto, respeto y mantenerlo vivo.

P. ¿Por qué el reguetón tiene tantos detractores?

R. Yo creo que es un ritmo vital que viene de la percusión más básica con la que hemos conectado los seres humanos. Me parece que es una música que transmite desenfreno, alegría, sexo, quizás por eso la gente más conservadora se horrorice. Soy muy fan del rap, que no deja de ser bombo y caja, percusión sencilla, y creo que ambos estilos tienen similitudes.

P. Últimamente las mujeres tienen mucho peso en la escena musical. ¿A qué cree que se debe?

R. Creo que la mujer tiene una sensibilidad para transmitir conexión con lo que la rodea, y va de la mano de lo que estamos hechas. Tiene que ver con un talento innato, una intuición que probablemente nos haga estar súper despiertas y conectadas con los tiempos en los que vivimos. Nos ayuda haber luchado y seguir luchando tantos años para ser escuchadas, para ser entendidas. Porque somos luchadoras empedernidas. No vamos a permitir que nos pasen por encima.

P. Usted tiene una presencia escénica muy poderosa, casi intimidante.

R. Claro, soy una mujer y a lo largo de mi vida he intimidado a mucha gente por mi seguridad. Al mismo tiempo, soy muy respetuosa y siempre me manejo con consideración, aunque no siempre con suavidad. Soy muy pasional y soy irreverente y fuerte, y eso se amplifica en escena, donde lo histrionizo en mi personaje. Estar ante 30.000 personas también es un momento de vulnerabilidad y creo que ahí recurrimos a nuestro instinto básico y el mío siempre ha sido mostrar todas mis actitudes.

P. ¿Y la inseguridad del artista?

R. Yo soy humana y por supuesto insegura, pero a la vez soy una persona muy segura en torno a mi intuición, a lo que quiero comunicar, a mis principios, a mis valores y a mi ética laboral. Tengo muy claro lo que yo quiero, pero a la misma vez tengo inseguridades y creo que son parte de la construcción de la seguridad. Si vos no dudás nunca de vos mismo no puedes afianzarte nuevamente en vos. Es parte de un equilibrio. Por ejemplo una vez terminado un disco lo rechacé, no por inseguridad, sino porque la inseguridad me hizo darme cuenta de muchas cosas. Y empecé de nuevo —fue el posterior a Calambre, álbum grabado y desechado del que sólo respetó unas pocas piezas para Grasa, su último trabajo—.

P. Dudar es necesario ¿no?

R. La duda y las inseguridades son buenas herramientas si la sabés manejar. Si dejás que la inseguridad te coma, te quita poder, pero si la moldeás para aprender de ella y para superarla, te hace más fuerte. Dudar es sano, yo creo que es sano y es humano.

P. ¿Qué les diría a los hombres que se sienten desubicados por la pérdida de su rol tradicional?

R. Que es su problema.

P. Usted nació en Argentina, vive en Barcelona, también en Madrid. ¿No aspira a asentarse?

R. La verdad es que no. Soy una persona nómada, soy inmigrante desde muy pequeña y me fascina no sentirme en ningún lado, volar. Creo que el hogar y la raíz de una misma está en una misma, y siento que tengo muchas casas, muchos lugares, no solo aquí, ¿eh?, en el mundo. Me siento muy agradecida por eso. Siempre tengo lugares a los que recurrir y sentirme en casa.

P. ¿Dónde están los límites de desarrollo de las llamadas músicas urbanas?

R. Yo creo que la música urbana tiene un espectro gigante. Yo he hecho música urbana, pero acabo de hacer un disco de salsa. Creo que un músico tiene que estar todo el tiempo en proceso de aprendizaje y retarse todo el tiempo a cruzar el estado de confort. Para mí es el camino natural de la evolución de cualquier género, porque si no, nos moriríamos de aburrimiento.

P. Su evolución musical la plantea racionalmente o desde la emoción.

R. Creo que sobre todo me arriesgo por la emoción, porque cuando te ponés demasiado racional pierdes un poquito de intuición. Siento que la manera de retarme es ponerme en escenarios en los que no sé qué hacer. Explorar nuevos géneros, estudiar nuevas culturas, nuevos sonidos, nuevos músicos. Estudiar. Por ejemplo, tardé muchísimos años en hacer salsa, esperé 10 años para estar preparada.

P. Y acabada la gira, ¿el Club Grasa —disco y fiesta con DJ’s de orientación electrónica de club— sería ese nuevo territorio a explorar?

R. El Club Grasa me parece muy interesante porque me da la opción de no tocar mis canciones, sino de poner canciones que a mí me encantan, las que pongo en fiestas o en mi casa a mis amigos. Así puedo disfrutar desde otro lugar, sin la responsabilidad de tener que hacer un megashow cantando y bailando todo el tiempo. Siento que es como una propuesta mucho más... libre, si lo quieres decir así, menos sujeta al formato concierto.

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