Antonio Carmona: “Soy viejo, me quedará un 20% de pila, pero miro atrás y qué buena vida he tenido”
El cantante celebra 20 años de carrera en solitario con una gira y nuevo álbum, ‘Baro Drom (Éxodo)’, un reconocimiento al pueblo gitano y un homenaje a todos los amigos que ha hecho en su camino musical. “Me gustaría terminar como mi padre, cantando con mi guitarra y haciendo que la gente se una”, asegura


“¿Quieres ver mis notas?”, pregunta divertido Antonio Carmona (Granada, 60 años) frente a un cuadro donde se exponen su partida de nacimiento, su foto de la comunión y sus calificaciones del curso académico de 1979/1980, cuando tenía 14 años. Hay poco de lo que presumir: insuficiente en Lenguaje, Ciencias Sociales, Idioma, Dibujo, Matemáticas, Educación Física, Ciencias Naturales y Religión. Insuficiente en todo menos en Pretecnología. “Su actitud ha sido muy negativa durante todo el curso”, advertía la tutora en una nota al margen, justo debajo de la firma resignada de la madre del cantante, Matilde Amaya. “Los profesores eran tan crueles que te decían por la cara: ‘Yo que usted no lo traería más al colegio’. Si me los encontrase ahora, les diría: ‘¡Mira dónde ha llegado el que no estudiaba!”, comenta riéndose el artista.
De estar incluida la asignatura de Música, puede que esa sí la hubiese aprobado, o puede que no, porque lo que ha llevado al exvocalista de Ketama a recorrer escenarios de todo el mundo, vender millones de discos y recoger todo tipo de premios —el último este marzo, el premio Dial a la trayectoria— no se aprende en las aulas. “Yo no estudié nada, estudié en la universidad de la calle y me espabilé rápido”, asegura. La parte de abajo de la UMusic Shop de Madrid se ha convertido temporalmente en una exposición que repasa todo ese aprendizaje de la vida Carmona, desde su infancia cantando en las fiestas familiares hasta el lanzamiento este 20 de marzo de su último disco, Baro Drom (Éxodo). “En la lengua nuestra, gitana, significa gran camino. Es un reconocimiento al pueblo gitano y a mi éxodo musical, que ha sido muy importante para mí en el sentido de poder trabajar en tantos estudios, con tantos productores y tanta gente que se ha sentado conmigo cada noche a componer, a intentar hacer canciones que quedaran como un traje a medida”, explica.
El nuevo álbum, que incluye experimentos tan originales y característicos de Carmona como un flamenco fusión con el colombiano Chabuco o un rap con los franceses Bigflo & Oli, coincide con el 20º aniversario del inicio de su carrera en solitario, dos años después de la disolución de Ketama en 2004. Lo celebrará con una gira de conciertos que arranca el 10 de abril en Valencia y termina el 15 de diciembre en Madrid, tras pasar por Sevilla, Salamanca, Bilbao, Barcelona, Murcia, San Sebastián, Granada, Mérida, Badajoz y Valladolid. “Va a estar muy bonito porque viene Sole Giménez, viene José Manuel, de Seguridad Social... y también voy a hacer alguna colaboración con algún músico de Berklee [el campus valenciano del prestigioso Berklee College of Music de Boston]. Creo que es bueno y me interesa mucho sacar a la gente que está allí estudiando”, anticipa sobre lo que podrá verse en la primera parada.

Carmona tiene fama de expansivo, fiestero, nocturno. Son conocidas sus anécdotas como anfitrión de Lenny Kravitz en Miami o de Tom Cruise en Madrid, como prueba otra foto colgada en la pared en la que posa junto al actor y Penélope Cruz a principios de los dos mil —cuando eran pareja—. El archivo fotográfico del gaditano no tiene límites. Está retratado con toda la familia Flores, con Pedro Almodóvar, con Gustavo Santaolalla, con Celia Cruz... Tiene una interminable cartera de amistades fruto de innumerables veladas que a veces ha compartido y otras se ha guardado para sí. Cuanta noche eterna se llama una de las canciones de su nuevo disco, pero reconoce que no siempre las ha disfrutado. “Me he criado y me he hecho tocando en la noche, en tablaos flamencos, aguantando a borrachos hasta las cinco de la mañana y a veces ni te pagaban. Prefiero muchísimo más trabajar por la mañana. La noche es muy dura, la noche no trae nada bueno”, asegura.
Ahora es más bien diurno. “Intento mantener mi dinámica de salir a andar, hacer deporte, ir a ver a mi tío Pepe Habichuela para que me cuente historias que nunca me ha contado de mi padre, sentarnos al sol, tomarnos una tapa, charlar. Soy muy familiar, y ahora lo que me vuelve loco es mi nieto [Ismael, hijo de su hija Lucía], que tiene dos añitos y es con el que más me divierto”, asegura. Hijo del legendario guitarrista Juan Habichuela, Antonio Carmona creció en un ambiente que siempre lo predispuso a explotar su vena artística. El próximo 30 de junio se cumple una década de la muerte de su padre, pero él aún lo tiene presente en todo lo que hace. “Me encantaría terminar como terminó él. En su última etapa, tocaba boleros y todos se los dedicaba a mi madre”, recuerda con un creciente temblor en la voz. “De repente, con 80 años, se aprendía un bolero cada día y ejercitaba la cabeza, la mantenía activa. Me gustaría terminar así, cantando con mi guitarra y haciendo que la gente se abrace y pueda tenerles conmigo. Intentar que la gente se una y que haya romanticismo”, anhela.

En Baro Drom (Éxodo) hay un par de canciones románticas, incluido un bolero, Sin Pensarlo, que compuso con su amiga Lolita.
—¿También se las dedica a su mujer [Mariola Orellana]?
—Bueno, no lo sé.
Pero la duda se disipa rápidamente. “Con El punto sobre la i [en la que el estribillo dice: ‘Y luego estás tú, que eres mi agua de mayo, mi punto sobre la i. Mi corazón a caballo, mi sal y mi perejil...’] sí que la desperté y le dije: ‘Mira qué cosa más bonita me ha salido con la letra de Benjamín Prado’. La desperté y, de repente, la letra también tenía algo que ver con ella. De alguna manera, es como que huele a mi mujer”, confiesa Carmona. Orellana también ocupa un lugar privilegiado en la exposición sobre la vida del cantante. Hay expuestas fotos de su boda en 1993 en Gibraltar —donde se casaron John Lennon y Yoko Ono—, sin ningún Habichuela presente porque entonces todavía no aceptaban a una paya en la familia.
Debajo del certificado de matrimonio y de la imagen de ellos cortando el pastel de bodas, hay otra de Carmona riendo con sus dos hijas, Marina (33 años) y Lucía (29), de niñas. Como no podía ser de otra manera, ellas también han iniciado su andadura como cantantes. “Ahora es muy difícil dedicarse a la música, sobre todo para la gente joven”, reconoce Carmona. “Yo viví los noventa, que son los mejores que se pueden vivir en la música. Hacía dos años de gira y luego me pegaba un año componiendo con lo que había generado de la Sociedad General de Autores. Eso ya es imposible. La única manera ahora mismo de subsistir en la música es a través de los shows. Mis hijas son unas músicas muy interesantes porque tienen el sello Carmona, pero son diferentes. Ojalá que tengan suerte y puedan vivir de esto, que me parece un milagro”, señala. A veces, las lleva de gira. “Vienen mis hijas, viene mi primo Carlitos, que es el nieto del Pescaílla y por otra parte es Habichuela. Me encanta rodearme de ellos, que agarremos en Despeñaperros y digamos: ‘Oye, vamos a sentarnos aquí a mirar el paisaje y vamos a comernos unos huevos fritos con papas’. Creo que eso hace que las familias se unan, nos apoyamos una generación y otra”, considera.

Después de más de 20 años formando parte de Ketama junto a su hermano Juan y su primo Josemi, sabe de sobra lo que es mezclar lo profesional con lo personal. “Éramos como un clan, nos divertíamos muchísimo. Tuvimos la oportunidad de ponernos a hacer discos con africanos, fuimos número uno en la revista New Musical Express por delante de Prince [de quien fueron teloneros en su gira por España]... cosas que yo en mi vida hubiese soñado”, recuerda. El éxito de Ketama y de himnos como No Estamos Lokos (Kalikeño), Se Dejaba Llevar Por Ti o Vente Pá Madrid llevó el flamenco fusionado con otros géneros a todas las partes del mundo décadas antes de que Rosalía sacase El mal querer. “Pero claro, es muy difícil tener un negocio familiar y no tener tus diferencias”, apunta el más popular del trío familiar. Ketama se separó en 2004. Sin embargo, a diferencia de recientes rupturas de grupos que no han acabado precisamente bien —recordemos la pésima salida de Leire de la Oreja de Van Gogh o la enemistad que impera ahora entre Andy y Lucas—, los Carmona cortaron a tiempo para que la relación no se resintiera. “El secreto fue la honestidad. Cada uno teníamos una corriente musical: Juan quería hacer una cosa más flamenca, yo prefería hacer cosas más latinas, Josemi era más jazzístico... Creo que hablando, como éramos familia, decidimos lo mejor para los tres”, opina.

El grupo regresó en una puntual gira de conciertos en 2019, pero Antonio Carmona duda que vaya a haber más reencuentros: “Creo que no va a dar tiempo”. Uno de los motivos de aquella gira para nostálgicos fue celebrar la vida, después de que en 2017 el cantante sufriera una grave infección por la que estuvo en coma inducido durante varios días. “Unos mueren y yo resucité”, dice pasando de la risa a la seriedad. “Fue uno de los momentos más duros de mi vida, sobre todo para mi familia. Pero bueno, lo superamos todos. Queda alguna secuela que otra, pero he aprendido a vivir con ello”, reconoce.
—¿Le da miedo envejecer?
—Ya soy viejo. Tengo 60 años, no sé cuánto más me queda de pila, me quedará un 20%. Evidentemente, cada vez tengo la muerte más cerca. Pero miro hacia atrás y digo: “Joe, qué buena vida he tenido”. Ha habido momentos duros, lamentos y gente que he perdido, que eso es lo peor en esta vida para mí. La música es mi manera de expresar mi rabia, mi dolor y, sobre todo, mi alegría.
No echa de menos los noventa, pero sí a los amigos que se han quedado por el camino. Menciona a Enrique Morente, Antonio Vega, Antonio Flores. “Eran ese tipo de músicos con los que te sentabas y pasabas una noche hablando, componiendo o poniendo vías de un Scalextric. Echo de menos ese tipo de personajes ahora en la música”, asegura inusualmente serio. La guasa vuelve cuando se plantea si se arrepiente de algo de estos 60 años de vida. “¡Me arrepiento de haber estado cinco años en América y no haber aprendido inglés!”, suelta a carcajadas. “No, me arrepiento de no haber estudiado más”, insiste. A lo mejor Antonio Carmona no ha estudiado mucho, pero aprender, desde luego, ha aprendido un montón.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































