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‘La Marimorena’: una caseta en la Feria de Abril para la diversión y la reivindicación

Con 30 años de historia, este espacio gestionado por voluntarios continúa con su labor social y manifiestos en favor de la paz, la libertad y la democracia

Caseta 'La Marimorena', en la Feria de Abril de Sevilla este 22 de abril.PACO PUENTES

En las 1.059 casetas presentes en la Feria de Abril de Sevilla se bebe rebujito, manzanilla, cerveza, refrescos o agua; también se come jamón, gambas, tortilla, montaditos o platos mucho más elaborados. La música no falta y el cante y el baile están presentes de forma constante. En una de ellas de nombre La Marimorena, ubicada junto a la portada en la calle Manolo Vázquez número 31, además de todo lo narrado suceden otro tipo de cosas.

De sus paredes no cuelgan fotos de flamencas ni de toreros. Tampoco hay imágenes de los monumentos más importantes de la ciudad. En su lugar hay cuadros con dibujos y viñetas reivindicativas en los que aparecen textos como “La paz no nace, se hace”, “Nuestra mirada en Palestina”, “Solidaridad con Ucrania” o una ilustración ―que tiene como autor a Raúl Nieto Guridi― con el lema de 2026: “Menos bombas y más claveles”. Demandas que han estado presentes desde que se fundara la caseta hace 30 años de la mano de la ONG Acciónenred Andalucía.

“La caseta tiene que ver con su identidad, pone el acento en una transformación social hacia un horizonte de profundización de la democracia. En ese sentido se reivindican los derechos humanos, la libertad y la paz”, explica Belén González, de 46 años y actual coordinadora del equipo dedicado a feminismo en Acciónenred.

La particularidad más importante de La Marimorena es su calado solidario. Todo lo que se recauda durante la semana va destinado a proyectos de carácter social de la propia corporación, quien se encarga de gestionar y organizar el espacio, a través de voluntarios―entre 100 y 120― de la entidad, así como con personas que no tienen ningún tipo de vínculo con ella: profesores, sanitarios, economistas, ingenieros o estudiantes universitarios que colaboran sin ánimo de lucro.

“Tiene la virtud de ser un espacio que genera comunidad, con más de 100 personas voluntarias, sin ser profesionales de la hostelería, algo que no es fácil. Un lugar estimulante porque podemos ver cómo las personas, cooperando, somos capaces de hacer algo juntos, un sitio plural singular e inclusivo en un sentido amplio”, expone González.

Fran Fernández, 41 años, es geógrafo y en estos momentos, oposita a profesor de Secundaria. Es miembro de la organización y voluntario desde hace siete años y afirma que “siempre hacen falta manos para las acciones que se hacen”, realizando dos turnos de 12 horas durante la festividad. A Dolores Montaño, de 48 años, no le importa pedir un día de asuntos propios en su trabajo. Es auxiliar de enfermería y trabajadora en ayuda a domicilio; en la caseta se encarga de la venta de tickets desde una pequeña ventana. No es miembro de la ONG, pero participa como voluntaria desde hace ocho ediciones porque asegura que “es una experiencia enriquecedora ver que el trabajo aquí sirve para algo útil”.

No solo los voluntarios están concienciados con su labor solidaria, también los clientes que asisten al lugar como Eva Jiménez, 56 años. Se trata de la segunda feria consecutiva que su familia y ella acuden a La Marimorena. “Venimos, primero porque mi hija es vegana y aquí puede encontrar ese tipo de menú y segundo, y más importante, porque lo que gastamos aquí tiene un destino útil para labores sociales”, indica.

El espacio cuenta con un Punto Morado, iniciativa que, por un lado, sensibiliza, previene y promociona los buenos tratos en espacios de ocio y, por otro, atiende a personas que han sufrido posibles agresiones sexistas en este contexto. “Hacemos una asesoría inicial y en el caso de que se requiera, las derivamos a servicios profesionales de atención psicológica o médica, pero el punto no solo va dirigido a mujeres, también al resto de personas que puedan sufrir algún tipo de agresión sexista”, explica la coordinadora.

Lo recaudado en la Feria de Sevilla, sumado a lo que se obtiene en otra caseta en las fiestas de Granada, supone gran parte de la financiación anual de la ONG, afirma Belén González: “Se consigue financiar más del 60% de los proyectos que llevamos a cabo. Muchas entidades desaparecieron con los recortes sociales pero esto nos permite sostenernos en el tiempo”.

Proyectos destinados a programas de feminismo, de interculturalidad y migraciones ―con clases de apoyo escolar a jóvenes migrantes que facilitan la integración académica y convivencia― o a lo que denominan “justicia climática”, dedicados a la divulgación científica en Granada, con estudiantes universitarios, y en Sevilla, a través de actividades formativas en centros educativos realizadas por voluntarios adolescentes.

Cuando termine la edición de este año, los voluntarios serán los encargados del desmontaje de la caseta. El próximo estarán de nuevo en el Real de la Feria de Sevilla y volverán a ser reivindicativos con los acontecimientos venideros, manifestando su lema más icónico, aquel que crearon en el 2003 coincidiendo con la guerra en Irak: “Que no nos roben la primavera”.

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