Hatim da una nueva vida al Poble-sec: “No puede ser que muchos solo vengan al barrio a dormir”
El ganador del Premio Princesa de Girona, fundador de ‘Joves Units del Poble-Sec’, transforma espacios en equipamientos deportivos y de apoyo comunitario

Hatim Azahri (Marruecos, 27 años) recuerda con claridad el día en que una redada policial multó a 15 adolescentes que habían saltado el muro de una escuela para disfrutar de un partido de fútbol sala. “Fue la gota de indignación que faltaba ante la ausencia de equipamiento y de espacios para practicar deporte de manera gratuita”, afirma. Desde que llegó a Barcelona con dos años, el barrio de Poble-sec fue su mundo, la vida transcurría entre la Escola Mossèn Jacint Verdaguer y su casa. Pero en la adolescencia empezó a salir del barrio y conoció equipamientos juveniles como el Palau Alós, en el Gòtic, o el Espai Jove La Fontana, en Gràcia, “edificios enteros dedicados al ocio y al acompañamiento juvenil”. Fue entonces cuando entendió que algo faltaba en Poble-sec. Incomodado con la situación, Hatim se juntó con tres amigos del barrio y construyó la asociación Joves Units del Poble-Sec. Desde hace siete años, reactiva espacios públicos abandonados y los transforma en infraestructuras deportivas y comunitarias al servicio del barrio. El proyecto valió la concesión en 2026 del Premio Princesa de Girona.
En 2019, en un barrio con cerca de 7.000 jóvenes de entre 17 y 29 años, Hatim y tres amigos comenzaron a buscar asesoramiento laboral y académico, apoyo psicológico y espacios deportivos municipales para jóvenes. No encontraron nada en el barrio. “Ahí me di cuenta de que el Ayuntamiento no conocía la realidad del territorio y que teníamos que hacer algo”, recuerda. A través del Centro de Recursos para entidades juveniles de Barcelona comprendieron que la herramienta jurídica para exigir servicios de calidad era constituirse como asociación. Hasta los 16 años, explica, existen recursos municipales para adolescentes, pero al cumplir 17 la red desaparece. “Los jóvenes necesitan espacios de convivencia. No puede ser que muchos solo vengan a dormir al barrio y no hagan vida comunitaria”, sostiene.
El primer espacio reclamado fue un equipamiento juvenil municipal con servicios de asesoramiento laboral, académico y atención psicológica. Poco después reivindicaron una instalación al aire libre. “Para algunos son solo unos palos, pero para muchos es el espacio de ocio que necesitan”. Hatim entendió pronto que la reivindicación de un espacio público debía apoyarse en la negociación con los distintos actores del barrio y las administraciones: “Las necesidades del barrio y el lenguaje técnico de las administraciones no son compatibles. Es increíble”. Su papel, explica, consistía en traducir esas necesidades en propuestas con datos y evidencias y con empresas recomendadas. “Literalmente dábamos a los técnicos del Ayuntamiento algo que solo debía ser aprobado”. Antes, sin embargo, había campañas, recogidas de firmas, participación en consejos de barrio y reuniones con entidades vecinales y deportivas para construir el proyecto.

En 2022, con mayor ambición, el foco se trasladó a los Jardines de las Tres Chimeneas, una zona amplia e infrautilizada al inicio de la avenida del Paral·lel. “Había muros y bancos, pero nada que fomentara la interacción”, recuerda. Tras la presentación de un proyecto elaborado en coordinación con las entidades locales, el Ayuntamiento invirtió 380.000 euros en su mejora: se construyó una pista de baloncesto, una zona de calistenia y se instalaron mesas de pimpón que hoy utilizan familias y jóvenes.
Hatim había encontrado una fórmula: escuchar las necesidades del barrio y presionar a la administración para ampliar los espacios de convivencia. Al año siguiente, la reivindicación se trasladó al Pavelló Italià, un espacio municipal prácticamente en desuso frente a la Fuente Mágica de Montjuïc. “Se usaba para eventos muy puntuales, como ferias de coches; la mayor parte del tiempo estaba cerrado”, explica. En un barrio con un polideportivo que no lograba atender a toda la demanda deportiva del territorio, el lugar parecía idóneo para la práctica deportiva.
Antes de reunirse con el regidor, la asociación consensuó el proyecto con asociaciones vecinales y cuatro entidades deportivas. El resultado fue una inversión municipal de 40.000 euros para rehabilitar el espacio con suelo adecuado y equipamiento deportivo. Hoy funciona como centro de entrenamiento para distintas modalidades y edades. David Russell, inglés de 59 años, acude todos los martes y jueves. “Esto no se encuentra en ningún otro lugar, es mucho más que un gimnasio”, afirma.
Jazz Gab, de 32 años, llega desde Sant Andreu para practicar deporte en el pabellón. “Siento que aquí puedo integrarme, conocer personas y socializar más”, dice. Más allá de la infraestructura, la entidad impulsa encuentros deportivos gratuitos de fútbol sala, baloncesto, voleibol, bádminton y proyectos culturales, además de coordinar calendarios entre entidades bajo fórmulas de autogestión. “Lograr que las entidades deportivas se posicionen políticamente es muy difícil”, admite Hatim
El éxito del Pabellón Italia dará origen al futuro polideportivo municipal previsto en el espacio que ocupa el pabellón 2 de Fira de Barcelona, con una primera fase anunciada para finales de 2026. Para la asociación, el proyecto demuestra que la organización vecinal puede transformar demandas dispersas en políticas concretas. “Todos los barrios tienen sus necesidades, pero no podemos aceptar la normalización de la desigualdad y la precariedad”, afirma Hatim, que concluye: “Tenemos muy buena relación con todas las administraciones, pero sabemos que debemos tensionar cuando es necesario. Es hacer política de barrio.”
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































